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PSOE: Peligros salidos de Orwell en España

PSOE: Peligros salidos de Orwell en España - Política

millennika/31may18

Hoy, en la sesión parlamentaria de moción de censura, y como era previsible, hemos visto al Pedro Sánchez más demagogo, con ese arsenal de promesas buenistas que le han pasado, no sabemos si desde dentro o desde fuera (a juzgar por el uso de barbarismos como “remover“, en lugar de “borrar, retirar, eliminar“). Nótese que, si se mirara en el espejo, este señor debería llamarse “machista” a sí mismo, pues durante sus intervenciones no ha dudado en obviar alegremente ese “lenguaje no sexista” con el que tanto pretende su partido que comulgue la plebe. Pero parece que, cuando interesa e incumbe a uno mismo, la economización del lenguaje, y del valioso tiempo vital, sí que existen. Una vez más se delata que no hay principios en el PSOE, sólo marketing.

Desde una perspectiva de no casarnos con ningún partido, pues creemos en una democracia de personas, y no de “dragones” o grupos que, inevitablemente, tienden a convertirse en auténticas sectas políticas (busquen ‘ley de hierro de las oligarquías‘), consideramos urgente alertar especialmente sobre lo que representa el PSOE, un partido cimentado fundamentalmente, desde el fin del régimen anterior, en una táctica que, hasta ahora, le ha funcionado muy bien: la permanente mentira, constante actuación teatral (de eso saben mucho) y descarada tomadura de pelo al pueblo de cuya defensa tanto presume (y ya conocemos aquel viejo y certero refrán).

No descubrimos nada nuevo. Desde aquellos jóvenes “socialistas” que se camelaron a una generación entera con sus mangas de camisa en los mítines, o con aquel “OTAN, de entrada no”, que acabaría con un “socialista” como secretario general de dicha organización, la lista de hipocresías, engaños, manipulaciones, utilizaciones emocionales e intelectuales, e insultos al pueblo es casi inacabable.

No en vano, este partido “refundado” con dinero alemán, y recursos ingleses y estadounidenses, dentro de una estrategia diseñada en su momento para evitar el ascenso del comunismo en la Europa occidental de la Guerra Fría, este partido como decimos, no tuvo el más mínimo miramiento en destruir al PSOE histórico (el de los socialistas de la II República, exiliados en México ante el avance y posterior victoria de las tropas nacionales en la guerra civil), e incluso demandarlo por el uso del nombre, tras robárselo (por lo que el auténtico PSOE tuvo que pasar a llamarse PASOC, Partido de Acción Socialista, para acabar completamente disuelto y destruído ante la fuerza de un pseudo-PSOE diseñado y conducido desde el poder, en el sentido más global de este término).

Este partido es, también, el mismo de aquel Isidoro (alias de Felipe González en su presunta clandestinidad durante el franquismo). Ese Isidoro que, llegando a su Sevilla natal tras volver de Suresnes (Francia), fue salvado de ser detenido por un comisario (que pensaba estar ante la oportunidad de su vida), gracias a órdenes que éste recibió directamente procedentes de la cúpula franquista. Protagonistas de la Transición, como el silenciado y recientemente fallecido Antonio García Trevijano, lo han referido en múltiples ocasiones. ¡Es el PSOE del “atado, y bien atado”!

El PSOE es, en sí mismo, una traición al socialismo, un escupitajo sobre la sangre de tantos que cayeron defendiendo esos ideales, y una amenaza para aquellos que quieren avanzar hacia una democracia real, no hacia una distopía totalitaria. Eso es algo que nunca debería olvidarse.

Obviamente, la mentira es peligrosa. Antes o después, de una forma u otra, acaba saliendo a la luz. Por eso, a falta de Goebbels, el PSOE necesita el constante apoyo de lobbies y empresas de marketing político como Political Intelligence y otras. Toda variable detectada se estudia al detalle y, si es aprovechable, se explota para prolongar la mentira, relativizarla o desviar la atención mediante alguna estratagema eficiente que lleven en “la mochila”.

El estudio constante del cobaya-votante es fundamental, y da sus frutos: vaguedades, falsa empatía demagógica para aludir a las emociones de quienes escuchan, hipócritas alusiones a la “historia” del partido (o ese nombrarlo con voz fuerte por su nombre completo, y no por las siglas), planteamiento de medidas populistas en momentos estratégicos para hacer mirar el dedo, y no la luna, y un largo etcétera…

El PSOE de 2018 es uno de los grandes pilares del hipersensismo en España. Como en cualquiera de esos cutres anuncios “filosóficos” que la tele nos escupe a la cara cada día, cuando los anunciantes tienen poco que decir sobre el producto que venden, “el sentir” se pone por encima del pensar, e incluso de lo evidente, pues lo primario es fácilmente predecible y controlable. El PSOE conduce a gente que honestamente se dice de izquierdas por un camino que, como muy bien saben ahí, llevará a ver sus sinceras aspiraciones derrotadas, o sustituidas por políticas-anzuelo que distraigan, hagan a esa gente consumir su tiempo vital en asuntos poco prioritarios, y desenrrollen una alfombra roja por la que puedan avanzar con una mínima fricción los planes de las élites. ¡Puro marketing! El mejor “socialismo” que el dinero, la influencia, y los favores, pueden comprar.

También en 2018, hablamos de un partido que utiliza verdaderas legiones de bots y trolls, en las redes sociales, para señalar a grupos de ciudadanos de a pie. Ya sabemos cómo funciona “el juego”: el “hashdoctrinamiento” y el señalamiento son pasos previos a los escraches, presiones “populares” y coacciones masivas; la justificación del “todo vale” que, dada la sutil señal, la fecha abreviada “cool” que marque la agenda, o el más que retuiteado hashtag de turno, permitirá enviar a las turbas adoctrinadas a hacer el trabajo sucio, esto es, la aplicación de diversas formas de presión coactiva y violencia.

En la era de la Inteligencia Artificial aplicada a la manipulación de masas y votantes (busquen, ‘Cambridge Analytica‘, por poner el más reciente ejemplo), el PSOE, claramente, está dispuesto a usar cualquier medio que le permita avanzar hacia su fin. Y ese fin no es otro que el de hacer su papel y hacer avanzar la gran función de unas élites globalistas que desean que hablemos de cualquier cosa, salvo de ellas y sus propósitos.

El PSOE es el buque insignia de un neopuritanismo que no hace más que prohibir (por ejemplo, el compartir archivos y cultura, precisamente, por parte de los pobres que no pueden pagarla) y recortar ciertas libertades (de las otras ya se encargan otras piezas de la maquinaria sistémica); pretende sustituir viejas religiones por nuevos dogmas, y muestra un creciente desprecio por la libertad individual y los derechos más básicos de las personas. Pretende vendernos como soluciones la generación de nuevos problemas, y apoya la desigualdad de facto de la mitad de los ciudadanos (por supuesto, enarbolando la bandera de una igualdad que usa como anzuelo aborregante para avanzar justo en dirección opuesta). Es reponsable de apoya, a sabiendas, políticas discriminatorias que atentan contra derechos humanos fundamentales, y que dividen a los de abajo.

El PSOE es la “Pepsi del sistema” (aunque ahora el sistema tenga nuevas bebidas más “cool” para las nuevas generaciones, y para quienes están cansados de los mismos sabores de siempre). De hecho, ¡oh republicanos honestos!, el PSOE es la muleta de la monarquía, y el partido directamente responsable de que no llevemos años viviendo en una República.

Todo eso, y más lamentables cosas que darían para escribir libros, es este PSOE, que no es PSOE, sino, precisamente, su asesino y usurpador. Pero hoy, ante todo, es una verdadera amenaza para la gente de a pie, para su libertad, y para el futuro que habrán de heredar sus hijos, que semejante secta política acceda al poder, o se mantenga, allá donde esté, un día más en él.

Las alternativas electorales no son mucho mejores, cierto, y nunca hemos visto coherente pretender alcanzar algo nuevo alimentando lo viejo, o ser cómplices de un juego amañado. Pero, se tengan las ideas que se tengan, invitamos a estar muy alerta frente a esta amenaza, u otras similares que puedan atisbarse en el horizonte, y a actuar como ciudadanos responsables y con plena consciencia de sus derechos civiles para pararlas antes de que, a su paso, no sólo destruyan nuestra libertad, sino que además condenen a la distopía totalitaria a no sabemos cuántas generaciones que aún han de nacer.

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