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¿Qué pasa con la eutanasia?



¿Qué pasa con la eutanasia? - Política

España es uno de los muchos países europeos donde la eutanasia es ilegal y está penada con una sentencia de dos a diez años de cárcel, dependiendo de si el que realizara dicho acto lo hiciera bajo la expresa petición del interesado, encontrándose este afectado por una enfermedad grave irremediable o que causara serios problemas al enfermo. Según la RAE, la eutanasia es una «intervención deliberada para poner fin a la vida de un paciente sin perspectiva de cura». En España, hace unos pocos meses, se hizo muy famosa la noticia de Ángel Hernández, un hombre de 70 años que fue detenido por administrarle una sustancia venenosa a su mujer, María José Carrasco, para ayudarla a morir. Su mujer sufría de esclerosis múltiple desde hacía 30 años, y llevaba mucho tiempo pidiéndole a su marido que la ayudara a morir al fin.

El aborto es un tema muy complicado y que causa mucha controversia, pues sus defensores aclaman fervientemente que el derecho a la vida debería prevalecer por encima de todo. ¿Y qué pasa con el derecho a la muerte? ¿Qué derecho tiene alguien a obligar a una persona a vivir, cuando se ve aplacada por una enfermedad que bien la deja postrada en una cama de por vida, o bien, por ejemplo, es víctima de una enfermedad psicológica cuyos efectos le resultan insoportables?

Ojo, no estoy hablando de suicidio, no estoy hablando de la muerte de personas en buenas condiciones de salud. Eso es un tema aparte. De lo que estoy hablando es de la pasividad ante la máxima voluntad de una persona enferma, cuyo deseo es morir de una forma digna y escapar al fin de su dolor, y que sin embargo la ley de su país le impide conseguir el descanso que tanto anhela.

Por supuesto, la eutanasia, de ser aprobada, debería ser estudiada en profundidad y no ser posible a la mínima, sino que habría que estudiar el caso y regular la situación para que, realmente, se realizara tan solo con el expreso permiso de la víctima. Quizá mi visión difiere un poco en los casos de las personas inconscientes, en estado vegetativo, cuya voluntad no puede saberse. Igual, en este caso, creo que no debería tomarse ninguna medida, pues, aunque quizá esa persona no vuelva a despertarse nunca, no sufre. Y sí, sufren los familiares, de ahí que sea un tema tan complicado.

Impedirle a un enfermo acabar con su vida, si así lo desea, debería ir en contra de los derechos humanos. ¿No somos seres libres? ¿Por qué la ley ha de esclavizar a esas personas, entonces? ¿Por qué se defiende tanto la vida, pero tan poco la muerte voluntaria? Si es legal amparar a una persona y darle todas las posibilidades para vivir, también debería hacerse lo mismo para conseguir la deseada muerte de dicha persona.

Para todos aquellos que digan que es egoísta por parte de los que quieren acabar con sus vidas, yo les pregunto: ¿No es más egoísta permitir que una persona continúe viviendo en eterna agonía, tan solo por el deseo de sus más allegados de ver vivir un poco más a su ser querido?

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Wolfus

2 comentarios

  • No podría estar más de acuerdo contigo, que la ley te permita hacer algo no implica que estés obligado a hacerlo. Esperemos que, con la gran aceptación entre la población que tiene, se consiga legalizar.

    Te agradezco tu aportación.

    Saludos.

  • Al hablar de eutanasia quizás deberíamos remitirnos a su origen etimológico, buena muerte; una persona debería ser libre de solicitar su muerte para liberarse de un sufrimiento que es irreversible y que se hace intolerable. Creo que se está confundiendo la eutanasia con el homicidio y esto es absurdo en una sociedad avanzada, sería como confundir el amor con la violación. Una persona no decide morir por miedo al dolor o a cualquier otro aspecto que se pueda tratar con paliativos, sino porque considera que vivir así ya no tiene sentido. Cuando un 84% de la población está a favor de la eutanasia, no hay argumento que justifique su no regulación. Las creencias individuales de tipo religioso son por completo respetables, pero también lo son los derechos humanos de las personas. En una sociedad plural, todas las opciones son válidas y aceptables. Si uno no quiere no lo hace, no se divorcia, no aborta, no solicita la eutanasia, porque un derecho jamás exige la obligación de ejercerlo.

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