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¿Qué pasa cuando morimos?



¿Qué pasa cuando morimos? - Sociedad

Creo que la mayoría de las personas se han planteado esta pregunta aunque sea una vez en la vida, usualmente cuando pasan de cierta edad o han sufrido enfermedades graves o accidentes y se han visto de cara con la señora de la guadaña.

Mientras casi todos nos preguntamos qué pasará con nosotros, otros han tratado de darnos respuestas al respecto, algunas coinciden pero otras son diametralmente diferentes, al punto que tenemos para escoger cual nos guste.

Para algunos vamos al cielo, para otros, al purgatorio o el infierno, todo depende de tu comportamiento. Otras teorías abrazan la idea del alma y el cuerpo separados y cuando el cuerpo muere el alma queda vagando con la posibilidad de reencarnar.

Pero la Biblia nos ofrece un punto de vista bien interesante al respecto y quizás pasado por alto por algunos filósofos, científicos y eruditos religiosos.

Vamos a partir del concepto de la Biblia sobre el estado de los muertos.

Respuesta que da la Biblia: “Los vivos tienen conciencia de que morirán; pero en cuanto a los muertos, ellos no tienen conciencia de nada en absoluto, ni tienen ya más salario, porque el recuerdo de ellos se ha olvidado. Todo lo que tu mano halle que hacer, hazlo con tu mismo poder, porque no hay trabajo ni formación de proyectos ni conocimiento ni sabiduría en el Seol, * el lugar adonde vas.” (Eclesiastés 9:5, 10.)

Al mencionar el Seol, la Biblia se refiere al sepulcro. Se trata de un lugar simbólico donde no hay consciencia ni actividad. Piense, por ejemplo, en lo que el fiel Job entendía cuando hablaba del sepulcro. En un solo día perdió a todos sus hijos y todas sus posesiones. Después se le llenó el cuerpo de úlceras dolorosas. Entonces le suplicó a Dios: “Oh que en el Seol [“infierno”, según La Sagrada Biblia, de Guillermo Jünemann] me ocultaras, que me mantuvieras secreto” (Job 1:13-19; 2:7; 14:13). Para Job, el sepulcro o infierno no era un lugar de fuego, donde sufriría aún más, sino un lugar de alivio, de descanso.

 

Otra manera de saber cuál es la condición de los muertos es leer relatos bíblicos acerca de personas que resucitaron y para esto les traigo 8 relatos de resurrecciones.

El hijo de una viuda El profeta Elías resucitó al hijo de una viuda de Sarepta, al norte de Israel (1 Reyes 17:17-24).

Un niño sunamita El profeta Eliseo, el sucesor de Elías, resucitó a un niño de la ciudad de Sunem, y después se lo entregó a sus padres (2 Reyes 4:32-37).

Un hombre en una sepultura El cuerpo de un hombre que acababa de morir fue arrojado a la sepultura en la que estaban los huesos de Eliseo. Cuando tocó los huesos del profeta, el hombre resucitó (2 Reyes 13:20, 21).

El hijo de una viuda de Naín Jesús interrumpió una procesión funeraria en Naín para resucitar al único hijo de una viuda (Lucas 7:11-15).

La hija de Jairo El presidente de una sinagoga, Jairo, le suplicó a Jesús que sanara a su única hija que estaba enferma. Aunque la niña murió antes de que llegaran, Jesús la resucitó (Lucas 8:41, 42, 49-56).

Lázaro, el amigo de Jesús Lazaro llevaba cuatro días muerto cuando Jesús lo resucitó delante de muchas personas (Juan 11:38-44).

Dorcas El apóstol Pedro resucitó a esta cristiana que era muy querida por su generosidad (Hechos 9:36-42).

Eutico El apóstol Pablo resucitó al joven Eutico, que murió al caer desde la ventana de la planta alta de una casa (Hechos 20:7-12).

Ninguna de aquellas personas mencionó haber estado ni en un lugar de dicha absoluta ni en un lugar de tormento. Si hubieran ido a algún lugar así, ¿no cree que lo habrían contado? ¿No piensa que habría quedado registrado en la Biblia para que se supiera adónde fueron? Sin embargo, las Escrituras no mencionan nada al respecto. Estas personas no contaron nada, porque no tenían nada que contar. Estuvieron inconscientes, como si estuvieran profundamente dormidas. De hecho, la Biblia usa en ocasiones el término “sueño” para referirse a la muerte. Por ejemplo, hablando del rey David, la Biblia dice que “se durmió en la muerte”, y lo mismo comenta del discípulo Esteban (Hechos 7:60; 13:36).

Entonces, ¿acaba todo con la muerte? ¿Se puede “despertar” de ese sueño profundo?

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Agape

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