Sociedad

¿qué Tal Has Vivido?



¿qué Tal Has Vivido? - Sociedad

En este artículo les quiero recomendar un libro que me ha ayudado a ver más claramente el sentido de mi vida, su nombre es: El santo, el surfista y el ejecutivo de Robin Sharma. En el se nos ayuda a contestar tres preguntas importantes que todos podríamos hacernos para replantearnos el tipo de vida que hemos llevado, aquí les comparto las preguntas con mis respuestas, deseando que les sean de gran utilidad:

¿He vivido sabiamente?

Si analizo los primeros 24 años de mi vida, puedo encontrar muy poca sabiduría, desperdicié muchos años en nada y en esos años que debía sembrar, lo único que hice fue hacer mal uso de mi vida, introduciendo en ella alcohol, drogas, holgazanería, relaciones destructivas, entre otras cosas.

Aunque hoy sé que no nací así y que mi personalidad se fue deformando a causa de muchos hechos de mi infancia y adolescencia, también soy consciente que me conformé y dejé que las circunstancias de mi vida ganaran sin hacerles frente.

Después de los 24, he tenido una lucha constante conmigo mismo para ser cada día mejor persona, pero muchas veces al intentar realizar el cambio he utilizado el juicio en mi persona; la culpa, el miedo y la autoconmiseración han continuado apareciendo constantemente. Claro que, entre más pasa el tiempo, detecto con mayor rapidez mis errores y ahora cuento con más argumentos para poderlos trascender; sin embargo, los rasgos negativos que aún quedan parecen los más difíciles de erradicar, sé que para lograrlo se necesita aplicar aún más sabiduría.

Afortunadamente, gracias a estos repetidos tropiezos personales he entendido que necesito ser instruido en el arte de vivir, que hay muchos mentores dispuestos a brindarme ayuda; además, no solo está la gente que me rodea, también cuento con libros, videos, audios y consejeros personales; estas son las herramientas que la Fuente Divina me ha brindado para superar mis incapacidades y depende de mí aprender a aplicar eficazmente todo el conocimiento adquirido a lo largo de mi vida, esta sería la verdadera sabiduría, la que se transforma en fe que obra.

¿He amado bien?

Definitivamente no, porque una de mis limitantes más intensas ha sido la contención de mis sentimientos, observo a la gente que me rodea y muchas veces me lleno de alegría por el simple hecho de estar con ellos, nacen deseos dentro de mí por decirles cuánto los admiro, respeto y amo, pero creo tontamente que ya saben lo que siento por ellos. He creído que al aconsejarlos y darles algo de ánimo les he demostrado todo lo que representan para mí, sin embargo, muchas veces esto no ha sido más que decirles lo que según yo deberían hacer, es decir, juzgar en lugar de continuamente destacar sus virtudes que además son muchas, lo peor es que esta actitud la he tenido especialmente con las dos personas que amo mucho: mi madre y mi esposa.

Ya me había dado cuenta vagamente de las consecuencias de estos actos, pero no fue sino hasta mi más reciente platica con uno de mis consejeros espirituales, que comprendí el poco amor que le demuestro a las personas y cómo físicamente me ha afectado la contención de mis sentimientos, así que, aunque no he amado bien, a partir de hoy intentaré hacerlo sin reservas de ninguna especie, fácil no creo que sea, pero imposible tampoco, además, no arriesgo nada, más riesgo sería permanecer como hasta ahora lo he hecho.

¿He sido de gran utilidad?

Puede ser que en esta pregunta es donde salga con menos raspones, ya que desde que llegué aun grupo de ayuda mutua hace más de diecinueve años, me he dedicado a servir a los demás; primero por gratitud a lo que me habían dado, después por necesidad, en ocasiones por obligación y en otras incluso por culpa o miedo, pero conforme pasa el tiempo voy llegando a la libertad de dar sin esperar nada a cambio. Puedo decir que es un hecho que le he servido más a otras personas que a mi propia familia y esto en ocasiones me ha llenado de carga innecesaria, pero también puedo asegurar que darme a los demás me ha dado enormes recompensas, como lo es la mucha gente que me estima y los grandes amigos.

El asunto a resolver aquí es: no servir por aprobación o por ser bueno, sino porque gracias al servicio hago a un lado el egoísmo que en ocasiones me aprisiona, ya no más sirvo por miedo a ser despreciado por Dios, pues hoy sé que Él desea que haga lo que yo elija hacer.

Así que, me dedicaré a ser un alumno de la vida y a su vez, un maestro de la misma; deseo entender plenamente que el servicio se hace por amor, dando sin esperar nada a cambio, por el simple placer de ayudar, y como premio, recibir día con día la liberación del egoísmo que, como sabemos, es lo único que nos desconecta de la Fuente Divina.

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Acerca del autor

Ernesto Rojano

1 comentario

  • Me da muchísimo gusto saber q una de tus pasiones la estés logrando con amor y la sabiduría q adiós te dio…..te deseo un éxito infinito.

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