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Quevedo

Tenías razón, un amor mi querida para siempre, Madrid en lluvia que cae al oeste , barrios con lope, Quevedo y sus ilustre cervantina. Velázquez todos y a la vez ninguna , parques de invención en un verde Austria. Por callejas de banderas rotas y largos cincelados en lustre .Mi amiga en ladrillo, querías olvidar y no olvido , es un pasear por cafés de bolsillo y libros de postín , taburetes de sus barras, no hay espuma sin su rubia . Delicias y princesas, pirámides y tribunas , es tan largo el amante como extensa su calleja. Soy mas tu trovador, poeta exhausto , ceramista sin glorias y pasando por avenidas donde pincelar sus metáforas y alegrías . Tremendo es su caminar, largas piernas de obtuso figurar, de aquel grifo sus labios, de aquel suspiro ningún espasmo, tranquilidad y estrés entre bustos y fundida lumbre. Es su vida, es su gesto, de norte a sur con marqueses de inútil nombre, reacción atenta , perfección de galera, en un mar de cemento y fuel , en un campo de ruinas se disfruta como aquel.

Entre rotos casos en cerámica de lustros , perdidos ahora, antes lujos, extensa y con gran nombre , Madrid ilustre, paisana y pobre. Artesana y ruda, da brindis en grandes copas. Así de aquel vino estas gloria, arrebato de los justos y desencantos que estorban en bastardos de altas miras, de reflejos que distribuyen ira. Andan de madrilejo a asfalto y muerte en yeso. Tanto llanto entre cantos de Benlliure y rumbo de bronces de ala triste y confusión de viejas vírgenes. Tenias razón querida del mas inmenso clamor , era un telar de aceros sin afilar. Es casi amor de este gran deshonor que es el habitar sin pecar, sin motor. Tenia que ser la tremulosa ardiente, inconsciente con mirada pudiente, versos así sin gama, sin poder de letrado y poca fama, Quevedo en rama, como un dolor de espalda. Picatostes que rompe y rompe y ante un mar de cabelleras y lentes, me pierdo entre lo pobre y lo urgente. Así el deseo de un duelo ante grandes vías que descolocan mi alegría a veces que ves, a veces Quevedo respira y en sus rimas, se alimentan sus barrocas vidas.

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Acerca del autor

Jako Fernandez

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