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¿Realmente Tenemos Conciliación Familiar o Niños con Padres Ausentes?

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¿Realmente Tenemos Conciliación Familiar o Niños con Padres Ausentes? - Sociedad

 

A veces me pregunto que es lo que estamos construyendo con la sociedad que tenemos. Me preocupa sobre todo la generación de nuestros hijos, pero también la nuestra. Estamos inmersos en una vorágine de ocupaciones sin fin, que no nos deja tiempo para nosotros mismos ni para quienes nos importan.

España… ¿Donde está la conciliación laboral y familiar?

Los trabajos que tenemos son en muchos casos de poca calidad, con horarios que ocupan prácticamente todo el día y salarios que no cubren las facturas. Los empresarios, a la hora de ofrecer un trabajo, requieren en algunos casos hasta 3 años de experiencia, suficiente para no poder emplear al que no la tiene, por muchas ganas o necesidad que tenga de trabajar. La formación que necesitan es cada vez más exigente. Requisito indispensable para que la competencia sea cada vez mayor, aunque también es verdad, que si tienes un currículum demasiado extenso puede ser perjudicial, ya que, no es bueno que sepas más que tu propio jefe. También requieren disponibilidad plena, sin importar realmente si el trabajador tiene vida o no.

Los comercios abren cada vez más horas, y en algunos casos, ya están permanentemente abiertos las 24 horas del día. Eso es algo que da seguridad al comprador, ya que, a cualquier hora puede ir a comprar hasta lo más innecesario del mundo, evitando así, tener que organizarse para adaptarse a un horario. Siempre tiene algo abierto disponible, así que, no es necesario preocuparse de que te falte algo en la nevera o la despensa. El trabajador, sin embargo, se encuentra atrapado en un horario que muchas veces limita, no solo la vida social, sino también la vida personal y familiar.

Actualmente no se puede elegir trabajar menos horas para tener más vida, ya que, además de que los salarios han bajado considerablemente, ocurre que los trabajos que más se ofertan son los de jornada partida, en los que estás todo el día a disposición de la empresa, salvo dos o tres horas muertas a la hora de comer, que de poco o nada te sirven, por lo que tu horario de salida se retrasa considerablemente. Como mucho, se ofertan jornadas continuas de tarde o de noche, justo para que no puedas coincidir en ningún momento con tus hijos, algo que para el empresario, resulta absolutamente indiferente y secundario.

Mientras que otros países de la Unión Europea finalizan su jornada laboral antes de las 18.00 de la tarde, los españoles continúan trabajando hasta las 20.00 o 21.00 mínimo, con unos salarios muy por debajo de otros países europeos. Esto hace que la conciliación laboral y familiar sea prácticamente imposible, y que seamos menos productivos, ya que el tiempo de descanso entre el fin de la jornada y el comienzo de la siguiente es demasiado corto.

Organizaciones como la Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios en España (ARHOE), llevan luchando desde hace años para que haya unos horarios que se asemejen más a los de otros países, algo necesario para tener más descanso, que se traducirá en ser más productivos, y para que podamos tener una mejor conciliación laboral y familiar.

La Sociedad del Consumismo

Todos queremos tener “de todo”. Nos bombardean continuamente con publicidad invasiva de un sin fin de artículos que “necesitamos” para ser felices. La hipoteca nos costará pagarla en el mejor de los casos, prácticamente toda nuestra vida laboral. Nos llenamos de préstamos en el banco para pagar muebles, coches y viajes. Necesitamos tener varios coches que lleven wifi, GPS y un sin fin de comodidades, varias televisiones con pantalla panorámica y acceso a Internet. Por supuesto, no podemos olvidar los smartphones de última generación, esos aparatitos tan simpáticos de los que tanto dependemos, porque recordemos que ya los teléfonos móviles sirven para todo, y a veces hasta se nos olvida, que también sirven para llamar o recibir llamadas. No podemos ir con la misma ropa de un año para otro, por lo que llenamos nuestro armario y la mitad de lo que nos hemos comprado, la vamos acumulando año tras año o la tiramos al año siguiente sin haber sido utilizada.

Compramos un sin fin de artículos que luego no podremos disfrutar. También acostumbramos a nuestros pequeños a tenerlo todo. Necesitamos cubrir el vacío de nuestras ausencias llenando su habitación de juguetes a los que apenas prestarán atención, llevándoles a cumpleaños cada vez más sofisticados, y tratando de que tengan todo lo que sus amigos tienen para que no se sientan inferiores a ellos, aunque no podamos pagarlo.

Todo eso se consigue a base de dinero, el cual se gana en muchos casos trabajando de sol a sol, para luego no disfrutar de nada, porque, cuando acaba el día, no tenemos fuerzas nada más que para descansar. Así que, cada vez tenemos más objetos que realmente no podemos gozar, porque cada vez tenemos menos vida para dedicar a lo más importante, que es, a nosotros mismos y a los que queremos, como por ejemplo, nuestra familia, en la que se encuentra lo más valioso, nuestros hijos.

Nuestros Hijos, una Generación de Padres Ausentes

Los horarios no se adaptan a que los padres puedan acompañar a sus hijos en las tardes, sino que son los hijos los que se tienen que adaptar a la situación de los padres, los cuales tienen que hacer en muchas ocasiones encaje de bolillos para conseguir que estén atendidos, atendidos por todo el mundo, menos por ellos.

Los abuelos, que sería la época perfecta para que estuviesen relajados tras una vida de dureza laboral, se encuentran en muchos casos correteando todo el día, pendientes de sus nietos, del colegio y de sus actividades extraescolares. Cuando te asomas a la puerta del colegio, un alto porcentaje de personas que esperan a los pequeños son ancianos. Cuando yo era niña, eramos nosotros los que ayudábamos a los abuelos. Ahora es a la inversa. Son ellos los que ocupan su día con las actividades de los nietos.

Si un progenitor pasa todo el día trabajando, lo normal es que cuando llegue a casa se encuentre con que sus hijos están a punto de meterse en la cama. También puede ocurrir que estén demasiado cansados para poder jugar con sus pequeños o para ayudarles correctamente con los deberes. Llegarán a casa exhaustos y lo único que aparecerá en su mente será el sofá que le llama para descansar, y cuando se quiera dar cuenta, se le habrá acabado el día. Ni vida, ni hijos, solo trabajo.

Padres Ausentes, Niños Saturados

Por otra parte, los niños tienen jornadas intensivas desde bien pequeños. La competitividad es cada vez mayor, por lo que, la mentalidad en muchos casos es que, hay que prepararles desde bien pequeños. El cole ya no es suficiente, por lo que hay que saturar sus mentes, y exigir a nuestros pequeños cada vez más conocimientos. Esto le aporta al niño estrés y presión que a veces, es difícil de llevar. La rabia y la frustración se van acumulando en su interior, creándoles comportamientos en muchos casos inadecuados, que les llenan de confusión, porque ni ellos mismos a veces, saben por qué actúan así.

Otras veces ocurre, que los padres les apuntan en un sin fin de actividades tras el colegio, porque tienen que quedarse en algún sitio mientras que llegan de trabajar. Así que, la vida del niño, desde bien pequeño, es a veces, incluso más intensa que la de los padres.

En muchos casos tienen que quedarse a los desayunos previos al colegio porque los padres entran demasiado pronto a trabajar, después a comedor, y por último, a las actividades extraescolares tras la jornada escolar. Niños que pasan el día fuera de sus casas, algunos desde las 7.00 de la mañana, y no regresan hasta las 7.00 de la tarde, y cuando llegan tienen que hacer la tarea, muchas veces con los abuelos u otros cuidadores porque los padres aún no han llegado de su jornada laboral. El juego, queda relegado a un segundo plano, porque apenas queda tiempo ni ganas para su disfrute, ya que, a esas horas, están tan agotados que lo único que también les apetece es el sofá.

Los padres que no trabajan sufren porque no pueden dar a sus hijos todo lo que se supone que necesitan, y los que trabajan, lo hacen porque no pueden estar con sus niños el tiempo suficiente, aunque les den miles de objetos que al final son innecesarios, porque lo que de verdad necesitan, es tener la presencia de los padres. Todos lo sabemos en el fondo. Todos sabemos que por muchos premios que se les compre a los niños para pagar la ausencia, y esconder la culpabilidad, nunca serán suficientes para suplir la presencia activa que haga sentir al niño seguro y amado.

La mujer, que buscaba una independencia económica, una realización personal que le diera fuerza ante una sociedad machista a la que estaba sometida, se ve en muchos casos atrapada, en trabajos de sol a sol que, no solo le impiden disfrutar de la crianza de los niños, sino que además, en muchas ocasiones, no da la satisfacción personal con la que sueña cualquier mujer.

La conciliación laboral no es ni mucho menos, que puedas traer un sueldo a casa y a la vez, puedas criar a tus hijos en las horas en las que no están en el colegio, sino que se basa, en que tengamos horarios interminables, mientras que tus hijos pasan de mano en mano, consiguiendo que, una parte del salario, se vaya en pagar esas actividades, que mantienen a tus pequeños recogidos, en lugar de tener más horas coincidentes con ellos, para que puedan estar con quien deben estar, sus padres.

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Estamos consiguiendo una generación de padres ausentes, con niños que no tienen la madurez aún desarrollada para entender, la situación que tienen que vivir sus papás, por lo que, crecen con grandes carencias derivadas de la falta de presencia y atención que necesitan. Para ellos es imposible entender, que los padres a veces no tengan otra opción. Solo quieren que estén con ellos, que les atiendan, les escuchen, les ayuden con la tarea, jueguen con ellos y estén ahí para abrazarles cuando se sienten desprotegidos.

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Los padres por otro lado, llenan sus venas por la culpabilidad de no poder estar con ellos, y por el hecho de sentirse atrapados muchas veces, en situaciones laborales que les absorben la energía cuando se encuentran en el trabajo y cuando salen de él, ya que es bien conocido eso de que muchas veces, nos llevamos el trabajo mentalmente a casa y no podemos desconectar, para poder gozar.

Es una realidad que la sociedad nos tiene atrapados en un mundo laboral interminable, de consumismo, competencia y materialismo y ausencia de disfrute. Cada vez nos ofrecen menos opciones para poder tener mitad vida y mitad trabajo. La balanza se desequilibra en el lado de la ocupación sin fin, y cuando nos llega la hora de poder disfrutar, nos damos cuenta de todo lo que no hemos podido hacer y en todo en lo que se nos ha escapado la vida. Lo peor de todo es que todos nos vemos afectados, ancianos, adultos y niños.

Es absolutamente necesario que los gobiernos se planteen seriamente un modelo laboral más acorde con nuestros vecinos europeos en cuanto a salario y horarios. Algo que beneficiaría a los empresarios, ya que aumentaría la productividad, y mejoraría considerablemente la vida del trabajador y de sus familias.

Tenemos derecho a vivir plenamente, y no a tener que esperar eternamente, a tener una vida digna, de equilibrio entre trabajo y disfrute con los que más queremos.

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Chus Rosillo

3 comentarios

    • Y nos seguirán llevando cada vez mayor ventaja, porque ya en el 2016 el gobierno empezó a plantearse el hecho de que la jornada laboral terminase a las 18.00 horas de la tarde, pero dos años más tarde seguimos igual o peor, porque el empresario cada vez necesita más la disponibilidad completa. El daño que se está haciendo a nuestra sociedad y a las generaciones que vienen es realmente grande.
      Muchas gracias por tu comentario

    • Y cada vez la ventaja va siendo mayor. En 2016 el gobierno decía que iba a plantear el fin del horario laboral a las 18.00 horas, pero hoy, en 2018 la realidad sigue siendo que el empresario cada vez pide mayor disponibilidad. Creo que aún no somos verdaderamente conscientes del daño que se está produciendo en nuestra sociedad y en la generación de nuestros hijos.
      Muchas gracias por tu comentario

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