Literatura

Reconciliación: el día que volví a jugar dominó



Reconciliación: el día que volví a jugar dominó - Literatura

¿De qué manera vuelven a ti los recuerdos? ¿A través de cuál de los cinco sentidos es más común que lleguen a tu mente los buenos o malos momentos?
La historia que voy a contar a continuación está asociada con el sentido del oído.
Ya sé que en este momento estarás pensando que me refiero a escuchar una canción, pero ¡no!
El sonido al que me refiero se trata del que genera el movimiento de las piezas de dominó sobre una mesa, antes de que los 4 contrincantes escojan las siete fichas que les corresponden.
Este domingo (1 de septiembre de 2019) me reconcilié con ese sonido y con todo lo que implica el juego. Y es que desde hace aproximadamente 17 años no me atrevía a agarrar una de esas fichas blancas de puntos negros (o cualquier otra de sus variedades).
Debo confesar que me divertí un montón…
Ahora, para explicar cómo es eso de que me reconcilié con él, antes tengo que contar por qué fue que lo abandoné, lo dejé de lado o sentía escalofrío cada vez que escuchaba ese bendito sonido que acabo de mencionar.
Comencé a jugarlo en mi época de adolescente en las escaleras del bloque 11 de Pedro Camejo (en el que vivía mi amigo Gregory, mejor conocido como “Mi Regurito”, en las que además de eso, mi amigo Freddy Ramos tocaba su guitarra mientras coreábamos las canciones de Silvio Rodríguez (casi siempre las del disco “Al final de este viaje”).
Largas e intensas jornadas alrededor de la mesa de un grupo de adolescentes -en su mayoría pertenecientes al sexo masculino- más mi amiga Iveth y yo y alguna que otra que iba y venía (siempre y cuando estuviera aprobada por nosotras). No puedo dejar a mi amiga Jennifer por fuera. Sin embargo, ella nos acompañaba por temporadas (y no porque no la aceptáramos, sino porque a ella le gustaba ir y venir).
El tiempo pasó y a pesar de que íbamos haciendo nuevos grupos de amigos, el dominó no desapareció.
Iveth y yo entramos a trabajar en Yogen Fruz de La Mercedes y ahí conocimos a Víctor, por allá en el año 94; desde ese momento quedaron flechados. A mí me hace feliz que hoy 25 años después aún sigan juntos.
Resulta que a Víctor también le encantaba el dominó, así que nos trasladamos de las escaleras de Pedro Camejo a la Plaza Caracas de Las Palmas.
¡Como nos divertíamos! Con eso y con las Polarcitas de tercio que vendían en el abasto que quedaba en la acera de enfrente.
El grupo era grande, así que siempre había que decir: “la llevo parada”, lo importante era no salir de la rueda. Cuando no era el turno de jugar, era el de aprender estrategia de los que más sabían.
Era octubre del 95 cuando cupido me flechó a mí y por suerte el dominó pudo continuar, ahí o en cualquier otro lugar donde se pudiera. Otra vez nuevos amigos, nuevas reuniones sociales, etc., etc., etc.
Así pasaron 7 años o para ser más exactos -6 años y 10 meses- con hijo, perro, casa, carro y acción de club incluidos.
Más o menos en febrero de 2002 a la “persona en cuestión” -pa no decir su nombre- le dio por abandonar la universidad a causa de múltiples compromisos laborales, que al terminarlos los completaba con su equipo de empleados “jugando dominó” mientras yo estudiaba hasta las 10:00 p.m. aproximadamente. Razón por la cual esperaba el sonido de la corneta de mi “carrito japonés” para finalizar la partida y cerrar el chuzo.
Llegó el momento de que al tiempo libre hubo que meterle más emoción, y a él y a sus amigos (casi que una especie de búfalos mojados al estilo de Los Picapiedras, pero no con Bolos sino con Dominó), les dio por darse unas vuelticas a cotejar muchachas que no estaban en la universidad como yo, sino que habían salido de sus trabajos más temprano y estaban un poco aburridas.
Fue en agosto de ese mismo año que las extensas jornadas de dominó -con el sonido de sus piezas incluido- acabaron con lo que yo creía era “mi vida perfecta”.
Pero esto no termina aquí, lo cómico del asunto es que más tardé en perdonar al pobre dominó (17 años después) que a la persona en cuestión…

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Acerca del autor

Vanessa Elena Zambrano Moreno

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