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Regalos Y Juguetes



Regalos Y Juguetes - Sociedad

La época navideña tiene muchas connotaciones y significados, así como muchos amantes y también detractores, pero, si en algo podemos estar todos de acuerdo es en que es la época en que los anuncios de perfumes, juguetes, viajes y loterías y cupones proliferan en la televisión en detrimento de limpiahogares, lavavajillas y similiares.

El bombardeo de publi-regalos viene reforzado, en los hogares donde hay chiquillos, con una letanía de “me lo pido”, atrás quedan los tiempos en los que le escribías la carta a los Reyes pidiendo el barco pirata de Playmobil y, te lo traían, pero, de paso, te traían un pijama, calcetines y un estuche de Plastidecor. Esto cumplía una de las cosas que, bajo mi juicio, es clave para una vida equilibrada: “No es más rico el que más tiene, sino el que menos necesita.”

Pese a ser un tema muy manido, no deja de ser una verdad, el consumismo se pone por delante de las cosas más acuciantes, disfrazando de necesidad un deseo. En nuestro afán por hacerle a nuestros hijos la infancia lo más feliz posible, les sobreprotegemos y, sobre todo, les sobrerregalamos, creando, sin saberlo, pequeños déspotas que no aprenden a gestionar la frustración de no conseguir lo que quieren cuando lo quieren. Esto se gesta ya desde la infancia más tierna, cuando creamos necesidades artificiales a niños que aun no tienen el entendimiento suficiente para saber lo que es un regalo, reciben más cosas materiales que atenciones afectivas. Un niño de apenas un año y poco no necesita un coche eléctrico de 200 euros cuando no sabe ni bajar solo un escalón, no necesita un cuento interactivo que solo va a rechupetear y arrancar las pegatinas en una semana, ni necesita un reproductor dvd portátil para el coche cuando hace trayectos de 15 minutos hasta casa de los primos. Realmente, la necesidad la crea el padre o, en su defecto, quien realiza el regalo ya que el niño va a ser perfectamente capaz de seguir con su vida aunque no tuviera ese artilugio. En ese proceso, sin darnos cuenta, trivializamos el hecho de recibir un regalo, porque un exceso de objetos hace que se diluya el valor cualitativo de los mismos y prestemos más atención a la cantidad. Se habla de un valor medio de 80-90 euros por niño. Empíricamente, pongo en duda este dato ya que, basta con echar un ojo a nuestras redes sociales y ver las montañas de regalos que hay en algunas casas, mientras que en otras, la cosa es más modesta. En este caso, creo que la media no es representativa.

No pretendo poner en tela de juicio la buena intención de colmar de regalos a nuestros pequeñajos, es más, creo que la motivación principal es la felicidad y el bienestar, pero eso se puede volver contra nosotros si esa felicidad la basamos en actos erróneos. Podemos crear más frustración de la que creemos, ya desde muy pequeños, y eso se trasladará a cuando los muchachos crezcan y sigan demandando, sin entender que, en la vida, a veces las cosas no salen como uno quiere. Si de bebé tenía un BMW, no hay razón para no tener una moto de adolescente y, además, se desarrollará el convencimiento de que lo necesita y lo merece, cuando no es así.

Como si de mini-adultos se trataran, creamos falsas necesidades en los más pequeños, haciéndoles más difícil valorar el esfuerzo de conseguir ciertas cosas.

 

Documentándome para este artículo, he encontrado algo muy útil y es la llamada “regla de los cuatro regalos”, por la cual, ese es el número óptimo de obsequios y es adecuado que cumplan lo siguiente:

  • Algo práctico y que pueda llevar, por ejemplo, ropa, complementos, accesorios…
  • Un regalo relacionado con la creatividad, como un libro, material de pintura, puzles…
  • Algo que realmente desee, es decir, ese oscuro objeto de deseo, ese “me lo pido” que les ilumina el rostro
  • Algo que realmente necesite, como pijamas calentitos, calcetines, material escolar…

Podéis ampliar la información aquí: https://www.guiainfantil.com/blog/navidad/regalos/la-regla-de-los-cuatro-regalos-de-navidad/

Valga el fin de estas fiestas para darnos cuenta de que, hay veces que somos más ricos de lo que creemos y que, a fin de cuentas, el verdadero regalo  son las manos que lo entregan.

Aunque sea la frase típica, no es menos real: lo importante es el detalle.

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Siru

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