Literatura

Relojes de arena



Relojes de arena - Literatura

Cuando todo está mal. Cuando todo parece no responder más allá del hilo de tu esperanza y ni siquiera en la noche encuentras alivio ni libertad. Cuando tu único techo llegue a convertirse en estrellas, tus sábanas sean olas de mar y tu almohada arena fina, cama incómoda por esas caracolas que te susurran «duerme ya y nosotras te haremos soñar». Si te sientes así, perdido en esta gran inmensidad. Un mundo a parte, fuera de lugar. Llámame, llámame. Solo tienes que marcar. Ríe, ríe y espantarás al viento en ese eterno lamento que no hace más que desordenar tu pelo al compás de la envidia de su condena. Solo sabe soplar las velas de su propia eternidad. Canta… y las sirenas se esconderán. Intentarán venderte su cola escamada, cualquier cosa les bastará.

¿Cómo piensas abarcar toda esta tormenta en la caja de cartón que cogiste al pié de esa tienda? ¿Qué se te pasó por la cabeza cuando creíste que al escapar partiendo del punto primero habría muchos más? ¿Quién te dijo que después del punto final solo los niños ponen «fin»? No, pero creo, que solo será un punto y a parte más. Enterraste el odio bajo tierra, cavando la fosa que te descubrió los huesos que sujetaban el ramito de rosas que él solo la pudo dejar, sin trajes de negro ni llantos a coro, como la mascota frágil de un niño sin padres de verdad y entonces todo tu rencor se esfumó y la sonrisa de tus labios la llevó y tú echaste a andar, descalza y no bajo cipreses ni oscuridad. Dime, dime. En tus manos tristes no cabe una caricia. Reza, reza y tal vez de una nube baje una oportunidad.

Ahora sigue ahí. Acaba de amanecer. Todo un día por delante sin saber qué hacer. Un amargo café, sentada junto a no sé quién. Y ella grita «¡basta,basta!» en un quejido que sus labios no delatan. «¿Cómo pretendo abarcar toda esta tormenta en una caja de cartón?»

– Escucha, solo necesito unos zapatos nuevos para poder andar mejor y si no lo logro tal vez perderé de nuevo.
– En tus ojos cerrados de ayer, sobre marrón, fondo gris. Solo vi una flor que no dejaba de crecer. Perfume bajo la Luna. Un café en un rincón. Solo  puedo decirte que no puedo decirte adiós.

– Pero, escucha. ¿Cómo olvidar su mirada? Escucha ¿cómo saber si en mi maleta cabe otro alma que me acompañe en mi viaje a ninguna parte?

Se cierra el telón, rojo terciopelo como hotel de pasión. Unas pocas palmas anuncian el terror del director. La actriz teme más allá del cortinaje mientras él, mano con mano, arranca su enjuta figura de allí. Puerta de atrás, sin señales de alarma, solo un tic-tac anunciando la hora de un final que no puede ser más que un principio.
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Lorena Caballero Ortega

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