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RENACER, O NO SER. (3 MICROCUENTOS)



RENACER, O NO SER. (3 MICROCUENTOS) - Literatura

RENACER, O NO SER. HE AQUÍ LA CUESTIÓN.

A sus casi cuarenta años, Pedro, no había hecho nada importante en la vida. Había estudiado Humanidades a una edad tardía, aunque continuaba vagando sin rumbo entre empleos mal pagados y de baja cualificación. Estaba perdido en la vida; él lo sabía, y a pesar de mantener concienzudamente unas saludables rutinas para equilibrar cuerpo, mente y espíritu, sentía que todo ese esfuerzo le estaba atrapando entre la desilusión y el aburrimiento. « La Teoría del eterno estancamiento», así la llamaba él.
Pedro siempre creyó desde bien joven que el destino le reservaba algo especial, un motivo por encima de su propia persona, una aventura épica, una misión divina o algo similar. Almenos era lo que siempre había deseado. A menudo, se sentía perdido entre la gente, a pesar de estar rodeado de amigos y familiares que le apoyaban y ayudaban en todo lo que podían.
Pero el amor, ¡Ay del amor! Pues jamás había tenido suerte en los asuntos del corazón, y quizá, pensaba él, ese era el empujón que necesitaba para encontrar el camino correcto.
Y tenía razón, pues la vida de Pedro cambiaría por completo el día que conoció a Arlette; pero esa, es otra historia.

 

NECESITO SABER.

Necesito saber que voy a morir por algo, que mi vida tiene sentido, y que mi esfuerzo ha valido la pena.
Necesito encontrar algo por lo que luchar, una causa noble, justa, superior a mi propio ser. Necesito una empresa a la cual aferrarme; ese camino hacia mi destino. Necesito mi Dos de Mayo, mi Bastilla, mi Bannockburn, mis Termópilas, mi Salamina, mi canto a la libertad, mi entrada en la historia.
Pues no busco fama ni riquezas, tan solo la eternidad como los poetas.

 

LA NOTICIA

El tañido de las campanas no presagiaba nada bueno, y todo el poblado andaba alborotado, nervioso, incluso asustados por la inminente confirmación de la noticia. Todos se reunieron en la plaza del pueblo. Hombres, mujeres, niños y ancianos respiraban un silencio espectral donde acostumbraban el bullicio y el trasiego de los comerciantes y tenderetes que inundaban a diario las mañanas con sus productos. Tan solo una figura, situada encima de un pequeño proscenio, parecía articular algo de vida.
Un hombre, ataviado con ropajes cortesanos y el emblema de los heraldos reales en el pecho, se dirigió a la multitud concentrada confirmando, ahora si de manera oficial, la peor de las noticias. El Rey Aydrich había sido asesinado, y los conjurados habían declarado la guerra a cualquiera que no se postrara ante el nuevo monarca. Y esto no era lo peor, pues a la cabeza de este regicidio se encontraba el heredero al trono, el príncipe Konrad.
Los generales y aliados más fieles al difunto rey Aydrich se habían apresurado a proclamar como nuevo monarca al menor de sus hijos, el príncipe Theodor, de tan solo quince años.
¿Podrá el joven príncipe derrotar a su hermano y convertirse en monarca y sucesor del buen rey Aydrich? ¿Será capaz de llegar hasta el final para salvaguardar el legado de su padre?

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miquelangelo

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