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Renuncia Privilegios Del Hombre (Edición Extendida)

Renuncia Privilegios Del Hombre (Edición Extendida) - Sociedad

CARTA MAGNA DE RENUNCIAS A LOS PRIVILEGIOS COMO HOMBRE
se renuncia al privilegio en caso de catástrofe, quedar el hombre como el último en ser rescatado, debido al mito popular machista que las mujeres deben salvarse primero, corriendo el riesgo incluso de morir según sea la magnitud del desastre. El hombre debe ser rescatado simultáneamente con las mujeres, dejando incluso a las féminas en último lugar.
El hombre cede el privilegio, sobre las relaciones de pareja, que sea el varón quien costee la mayor parte del gasto o incluso todas las posibles consumiciones. Por el mismo motivo también se renuncia al privilegio de actuar como chófer, llevando a la mujer hacía donde desee en el vehículo del varón. En su lugar se otorga tan magno honor a la mujer.
El hombre renuncia al privilegio en caso de cometer un crimen, tener una condena mayor que una mujer. Por ello se evita la injusticia por parte del hombre hacía una mujer, en disfrutar más tiempo de los servicios vacacionales que otorga el sistema penitenciario.
Se cede el privilegio del hombre a la mujer en ejercer su vida laboral en sectores de mayor riesgo, oficios en general con el mayor número de accidentes laborales, en algunos casos mortales. El hombre pierde ese privilegio y debe ser asignado y/o escoger profesiones administrativas o de educación, entre otros oficios y sectores con menores riesgos.
El hombre renuncia, en los casos de divorcio, al privilegio de exigir la custodia compartida de los hijos y reparto equitativo de bienes. El hombre se desprende de esa carga familiar, pues la educación de los menores ha sido siempre un tema de mujeres, por lo que el hombre no puede tener el privilegio en privar a la mujer de tal responsabilidad. Incluso las familias paternas de los menores no pueden influenciar, positiva o negativamente, en la sagrada labor de las madres, dado que la educación de los menores no es responsabilidad de todos, como erróneamente se daba por asumido desde tiempos inmemoriales.
Se renuncia al privilegio de en transportes y lugares públicos, se deba a las mujeres, a niños y ancianos, dado que el hombre pertenece a un grupo privilegiado de personas aparte, en realizar acciones tales como ceder asiento, abrir una puerta para ceder paso, entre muchas otras primitivas costumbres similares de procedencia medieval.
El hombre renuncia al privilegio del patriarcado, no solo por su supuesta autoridad opresora, además también por la descomunal protección que ello significa. Por ello en los casos que una mujer necesite ayuda o auxilio de cualquier tipo, véase por hurtos, abusos sexuales, ofensas u otra circunstancia criminal, los hombres no podrán interferir en ello. Se evita así el privilegio de los hombres de ser heridos, o incluso morir, en lugar de las mujeres, dando todas las opciones posibles a las mujeres de hacerse valer por si mismas en circunstancias adversas, incluso en los casos que una mujer indique de necesita auxilio alguno. El modelo que nos muestra por parte de la madre naturaleza, sobre el macho alfa defendiendo a las hembras y al resto de su manada, resulta ser un concepto obsoleto en tiempos modernos y para la humanidad.
El hombre cede a la mujer el privilegio sobre los casos de conflicto armado entre naciones, en acudir al frente y a la guerra en si, con toda la discriminación que significa hacía la mujer de morir en combate en su lugar. Por ello se concede ese privilegio a las féminas, mientras los varones se deben quedar en sus hogares con los niños y los ancianos, atendiendo la industria y otras labores del país.
Se renuncia al privilegio de recibir sueldos o remuneraciones superiores que las mujeres, por situaciones tales como recorrer carreras académicas más remuneradas, o que requieran más horas diarias para su realización, puesto que el esfuerzo adicional no es razón justificable suficiente para un remuneración mayor. Por el mismo motivo también se renuncia al privilegio de remuneraciones menores en los trabajos menos valorados, en su lugar se remunera al hombre obrero hasta equipararse con los mismos empleos, habitualmente de carácter administrativo o de trato hacía otras personas, donde las mujeres indudablemente son obligadas a ejercer en contra de su voluntad.
El hombre renuncia a su privilegio en no defenderse cuando sea atacado por una mujer, con el riesgo de resultar herido o incluso morir debido a tal privilegio. Por el contrario un hombre podrá utilizar la fuerza en legítima defensa, independientemente del daño que pueda sufrir una mujer, sin que ello repercuta de manera alguna a nivel judicial y/o social.
Se renuncia al privilegio del hombre a mantenerse al margen en cuestiones de gestación de su cónyuge, dada la opresión del sistema para que sea la mujer y no el hombre, quien tenga toda la responsabilidad en decidir sobre un embarazo no deseado, sin considerar todo ese patriarcado opresor que el varón es quien insemina a la fémina. Por ese motivo, en lugar del privilegio de no disponer esa responsabilidad sobre si se desea o no ser padre, una interrupción del embarazo deberá ser aprobado por ambas partes en mutuo acuerdo.
El hombre renuncia a su privilegio de alabar una mujer por su belleza, habitualmente definido como piropo, por el universal error sobre primitivos sistemas de apareamiento, donde una fémina nunca intenta ser atractiva para atraer al género contrario. La motivación de la mujer en ese sentido, como siempre se ha demostrado, es exclusiva y únicamente para si misma . Así que todo el esfuerzo, tanto económico como personal, por parte de una mujer con el fin de mantenerse bella, será en vano e ignorado por un hombre.
El hombre cede el privilegio a la mujer de ser el cabeza de familia, que deba quien más se esfuerza física y mentalmente , además de arriesgar su propia vida en determinados trabajos. Por ello se cede ese privilegio a las mujeres mientras el hombre soporta el castigo y opresión de estar encerrado en un hogar, realizando con total comodidad las tareas del mismo. Por idéntico motivo, en los casos que una pareja ambos deseen desarrollar su vida profesionalmente, será la mujer quien realice esa función y privilegio, en el caso del hombre no será absolutamente indispensable soportar esa carga familiar a nivel laboral.
El hombre renuncia al privilegio de ser constantemente considerado como abusador sexual en potencia, un posible vejador de mujeres y niños, machista opresor o cualquier otra alta consideración similar que otorga ese privilegio, tanto en ámbito domestico como social. Por ello se confirma así al sector femenino la ideología impuesta desde tiempos ancestrales, sobre que todos los hombres son iguales, tomando como modelo la indudablemente inferior figura paterna en cuanto a un ser sociable, dócil y responsable.
El hombre renuncia al privilegio de seguir sin el derecho fundamental a la presunción de inocencia, en especial en los casos de violación y abusos sexuales, dado que ese privilegio otorga muy pocas o ninguna complicación al sistema judicial. En su lugar el hombre se solidariza con fiscales y jueces, a fin que esas personas puedan justificar debidamente su labor, solicitando o incluso exigiendo, que sea minuciosamente investigado de los crímenes que se le imputen. Por el mismo motivo, un hombre renunciará al privilegio de ser detenido a la mínima acusación, otorgando a las autoridades la plena justificación de su trabajo de investigación, impidiendo que dichas autoridades puedan ser acusadas injustamente, por disponer de ese privilegio, en dejar cabos sueltos.
El hombre renuncia al privilegio de ser siempre el culpable en cualquier situación, circunstancia adversa y en todos los ámbitos. El hombre adquiere en lugar de ese privilegio la opresiva y habitual capacidad de victimar a las mujeres, ampliamente justificada por parte ser sector femenino y por la sociedad en si, dado que desde siempre y de manera incuestionable, han sido las féminas los seres benevolentes en la tierra.
El hombre renuncia al privilegio impuesto por la naturaleza de tener una esperanza de vida menor, alargando así injustamente su agónica existencia en el mundo a las mujeres. Por ello los estados y las naciones deberán poner todos los medios, recursos y cuanto sea necesario a fin de erradicar ese privilegio, dando la opción a los varones en sufrir una vida más larga como en el caso de las féminas.

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