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Retratos Humanos

Retratos Humanos - Literatura

Elsa notaba su desnudez sobre aquel muelle de acero, descalzos se ocultaban sus  pies detrás de una sábana etérea.   Su empapelada bata azul resplandecía ante aquellos focos deslumbrantes que destellaban frente a sus ojos intensamente negros.  Lo que parecían rostros humanos se acercaban al suyo buscando un “no se que” dentro de sus estáticas pupilas, expuestas una y otra vez a la fulgurante luz debajo de sus pesados y anárquicos párpados. Su corazón se desbocaba dentro de su pecho como un tropel de caballos enfurecidos y su aletargada conciencia  se deshacía en anhelos por recomponer las piezas de aquel desconcertante rompecabezas, en cuyo estado no lograba poner a tono con la realidad.

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Las manos atadas de la mujer, evidenciaban impulsos de desesperación; las cuales, como pequeños pájarillos atrapados por un mechón de plumas, aleteaban sin cesar debajo de las enlazadas cintas blancas que sostenían sus niveas muñecas. Su  abultado vientre era esculcado desde el fondo, mientras digería filamentos de atóxicos hilos gris  plomo, que se ajustaban a sus entrañas como elaborados y copiosos tejidos de expertos arácnidos.  Un   pequeño robot de metal, sellaba sin cesar las carnes del  adormecido cuerpo, expeliendo un desagradable olor a vísceras cauterizadas.

Los globos oculares de la fémina se viraban sin control sobre sus cuencas como un par de canicas sometidas a algún tipo de fuerza, en tanto que un extraño chirrido se asomaba a sus atentos oídos, acallando entre puntos y comas.  El entorno se desdibujaba, transformándose en diminutos fragmentos de disminuidos colores que la cercaban como un complicado holograma, que no lograba traspasar su lecho.

Elsa, con la sensibilidad desmembrada, se perdía en sus desentonados músculos como escueta figura de arcilla cruda, en tanto que su inanimado claustro, la abandonaba para siempre; desfigurado y roto dentro de un esterilizado frasco de vidrio que se perdía por los alejados pasillos entre guantes nacarados, lavandas y celestes, navegando en sus particulares líquidos…

Una gallarda voz, pronunció el nombre de la mujer.  Elsa parpadeó desconcertada, mirando fijamente el rostro masculino que sostenía su mejilla.  Los sucesos anteriores volaron de su memoria ipso facto, mientras que el frío de la anestesia recorría todo su cuerpo, haciéndola tiritar sobre la camilla   como un indefenso animal herido.  La cirugía había sido finalizada con éxito.  La marea retrocedía dentro de su cuerpo. La tensión se disipaba paulatinamente, en tanto que su recorrido por los pasillos Se había evidente.A.E./m.f. 26/10/18.-

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Acerca del autor

Angeles Encasa

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