Sociedad

El Riesgo de Escoger en la Vida

El Riesgo de Escoger en la Vida - Sociedad

La vida de aquellos que se toman en serio el hecho de existir, supone un riesgo y un compromiso que no es fácil de asumir. Las razones se centran en el temor a equivocarse en la decisión, con las consecuencias de culpabilidad que eso suele provocar. El miedo al compromiso, casi siempre, puede ser paralizante, porque se puede intentar la elección, pero mantenerse luego en ella -y más si es para toda la vida-, eso ya es otro cantar.

Toda elección conlleva una renuncia real a algo de la libertad individual. No hay elección importante de vida que no comporte el dejarse parte de la propia independencia en lo que se escoge. No obstante, esto no es un mal en sí mismo, sino una voluntaria y entregada renuncia que promete ser recompensada por la felicidad conseguida a cambio.

Cuando se elige aquello que se sabe va a modificar radicalmente la vida, -porque, evidentemente no hablamos de escoger entre dos colores para las cortinas del salón-, se están estableciendo prioridades existenciales. La libertad del individuo no puede entenderse desde el dejar siempre abierta la puerta de todas las demás opciones que, necesariamente, quedan fuera al “limitarse” por una opción concreta. En ese sentido, la persona se hace libre, cuando desecha las demás opciones que, antes de la elección, eran potencialmente posibles.

Dar la vida por algo o por alguien es una elección que implica la existencia entera de cada persona. No se puede pretender elegir algo -que tiene vocación de ser el centro del individuo-, y ponerlo al mismo nivel -por no abdicar ni un ápice en el ejercicio de la libertad- de aquellas realidades transitorias o epidérmicas que configuran la paleta de opciones de cualquier persona.

Por otra parte, al pensar en la vida, lo hacemos como un proyecto en desarrollo dinámico, en el tiempo y el espacio. Las elecciones fundamentales no son un “aquí y ahora”, sino un devenir que con el tiempo habrá que ir alimentando, cuidando, intensificando y volviendo a elegir de nuevo, en función del propio crecimiento exterior e interior de cada persona. La libertad de elección consiste, precisamente, en entregarse a la continua renovación de la elección primera. En el caso contrario, estaríamos abocados -tarde o temprano- al fracaso seguro.

En el paquete de la elección van integradas las experiencias de felicidad y de dolor o sufrimiento que la propia vida impone. No se puede ser auténticamente libre en la elección si se piensa que las partes oscuras que conlleva la determinación por algo o por alguien, podrán dispensarnos, de por vida, de los momentos de frustración, depresión o sufrimiento. Pensar lo contrario es una muestra de inmadurez e ingenuidad sobresaliente.

El celo perfeccionista es, quizás, el mayor obstáculo a la hora de escoger. Queremos tener todas las garantías en la mano de que aquello que se elige saldrá bien. Pero, la elección no es como firmar un cheque en blanco. Enseguida se perciben desajustes, encontronazos, trabas y desilusiones que no estaban previstas al principio. Pretender que todo esté atado y bien atado, que todo sea perfecto antes de asumir el libre riesgo de la elección, imposibilita que se pueda dar un paso valiente hacia delante.

Otra quimera que detiene la elección personal es la de la felicidad. Se piensa comúnmente que en la elección encontraremos la felicidad que nos falta. Esto es falso. La felicidad nunca está fuera de uno mismo. Ni tampoco son los otros, o las cosas de fuera las que podrán hacerme tocar la felicidad. Es necesario conocer, antes de elegir, cuáles son las claves para ser feliz en esta vida y después elegir para desarrollarlas compartidamente.

Poner todas las expectativas de experiencia de la felicidad en aquello que se va a escoger, puede producir una frustración absoluta, porque ni la persona será feliz por ello, ni hará que la realidad escogida lo sea nunca. Antes de nada, es prioritario aprender a ser feliz y luego elegir con qué o con quién compartir la felicidad.

Finalmente, me detengo en el miedo a acertar con lo que se ha elegido. Si pensamos que ante nosotros tenemos una infinidad de vidas para elegir, siempre tendremos la duda de si hemos escogido la correcta. Pero, en realidad esto no es así. El hombre sólo dispone de una vida, y el acierto consiste en saber amar la vida -única y exclusiva- que se tiene.

La clave de todo está es saber amar lo elegido, sin miedos a equivocaciones. O dicho de otra manera, lo más importante a la hora de elegir es poder determinarse por el proyecto de vida que me permita amar mejor, porque ciertamente, en este mundo se puede vivir sin amar, pero no cabe duda que cuando se ama, tiene sentido vivir.

Fausto Antonio Ramírez

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