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Romantizar La Pobreza Sólo Favorece A Los Que No Son Pobres

Romantizar La Pobreza Sólo Favorece A Los Que No Son Pobres - Sociedad

Desde tiempos inmemorables se nos ha vendido la pobreza como algo normal, un obstáculo que hay que aceptar y superar. Desde el “pasará antes un camello por el ojo de una aguja que un rico por el Reino de los Cielos” y el voto de pobreza hasta el “no es más rico el que más tiene sino el que menos necesita”, pasando por multitud de ejemplos de los que probablemente se te ocurra alguno. Pero lo cierto es que esto tiene entre poco y nada de cierto, y eso se demuestra cada día. Al menos, para la gente a la que le importa.

 

Cuando se vio que eso ya no colaba con la pobreza extrema, decidió cambiar de estrategia. Y así es como se crearon las historias de superación.

 

No es extraño ver titulares hablando de “la emotiva historia de la anciana de 80 años que recorre su ciudad en bici con una bolsa de Glovo”, “la sintecho que lee Vogue”, “el joven que en vez de emborracharse vende comida en la calle para pagarse los estudios” o, apurando, “la moda de vivir en la calle durante unos días para encontrarse a uno mismo” e incluso “10 millonarios que vivieron en la calle”.

 

Y es que, detrás de historias como estas, se esconden el elitismo y una falta de interés y de empatía de las más rancias que existen. Este “entretenimiento inspirador”, como algunos lo llaman, está convenciendo día a día a personas sin ningún tipo de capacidad analítica de que estas historias son entrañables o incluso motivacionales, cuando en realidad este tipo de hechos lo único que son es preocupantes.

 

Pero el problema no termina sólo ahí. Y es que, a la hora de la verdad, las historias que se cuentan pasan por un proceso de selección y unos filtros que siempre suelen aplicarse.

 

Para empezar, en estos insultos al periodismo no se habla de manteros, ni de okupas, ni de gitanos. Hay que dejar claro que las personas de las que se habla no son (visiblemente) muy distintas del lector o de alguno de sus familiares, y sacar a un colectivo con tantos prejuicios entre los que se encuentran los ejemplos que ya he dicho es ir hacia una muerte directa (con muerte me refiero a la de las impresiones. La indiferencia del lector, que ya sabe de sobras que esos protohumanos ya se encuentran en situaciones adversas pero que a él eso le afecta entre nada y menos).

 

No hay que olvidar la importancia de los rasgos físicos y de si esa persona tiene algo que destaque muchísimo. Puede ser un modelo (“modelo de día, sintecho de noche”), un músico con muchísimo talento que no tenga otra opción que hacer eso, alguien como un mayor de edad que hace algo especial para que el lector sienta compasión, pero compensarlo con un mensaje motivacional para no dar más de la justa y acabar pareciendo moralista…

 

Recordad que, si no se cumplen estos requisitos, la historia no merece investigación. Si es un señor normal el que está durmiendo en un cajero en al lado de una bolsa de Glovo y otra de Uber Eats, lo mejor es poner la imagen, describirla y pasar a otra cosa. O ni eso.

 

Y si se le vuelve a encontrar con las mismas bolsas en un colchón en medio de la calle rodeado de cajas, ya ni hablemos. ¿Qué se ha creído?

 

Una vez encontrado el candidato perfecto a mesías de los pobres de la semana, se procede a la escritura del artículo. Esta es la parte más importante.

 

Algunos consejos serían: no le preguntes sobre su vida personal (por qué se encuentra en esa situación, qué cree que debería cambiar…), sólo sobre cosas que realmente no te importan pero que sabes que a la gente le van a enganchar (¿de dónde sacó esa chapa que hay en la gorra donde la gente deposita las monedas?).

 

Claro que, si te dice algo de esa cosa de los problemas sociales, puedes añadirlo. Así darás imagen de que te importa su situación aunque lo hagas sólo para sacar tú algo de dinero.

 

Igualmente, para eso ya existe una alternativa. Si te encuentras en un pueblo, no hace falta preguntarle nada. ¡Para eso están los vecinos!


Ellos te dirán cuánto lleva haciendo eso, lo alegre y optimista que se le ve siempre desde que empezó a sobreexplotar su cuerpo yendo de aquí para allá quince horas al día para ganar 128€ más al mes y lo poco más que necesitas para escribir lo que quieres.

 

Dejando ya el cinismo a un lado, sólo quiero añadir una cosa más. Quien te está vendiendo esa historia no vive igual ni tiene que hacer lo que hace la persona de la que está hablando. Si lo que ha escrito tiene una moraleja, no se la va a aplicar. No creas nada, y en vez de eso piensa en el problema que tiene esa persona y todas las demás, de las que no se habla. Y, si quieres cambiar algo, haz algo por ayudarles o, mejor aún, para que cada vez haya menos gente en su situación.

 

Quien está en la situación del pobre, se hable de él o no, no es ni mucho menos feliz. Ha perdido toda esperanza en tener una vida digna al menos a corto plazo, y la única salida (o, mejor dicho, parche) que ha encontrado para eso es autoexplotarse y autodenigrarse. Hacer como si no pasase nada por algo así u obviarlo todo por un detalle que te parece curioso o hasta gracioso demuestra no sólo una grave falta de humanidad, sino también una crueldad indefinible.

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Acerca del autor

Ivan Durà Farré

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