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Salvaje

Salvaje - Literatura

La maldita purista, anclada en maldiciones de lustre medida, absurda e insultante, cadavérico entre versos sin gracia alguna. Ese salvaje odio que recorre las venas del tiempo en un oscuro cultivo que encierra la tierra. Nos despide con ese hedor a un pasado entre ciénagas de un odio ilimitado.

Son amplios caminos que se cierran entre espinas y podridos pasos de quebradas almas.

Aquí, como en esta oscura vida. Me carcome por dentro, en el instante del lamento. Estoy así camino del desconcierto como será que no finaliza el dichoso invierno.

Quebraderos de huesos entre indecisos rotos de un angular rostro. No, no quieren ver las nubes oscuras, cegando, sin luces entra calles revueltas. Sin gracia alguna, cuchillos por velas. Ardiente como rayos en mil leguas. Con largos golpes entre hielo, nieve negra. Salpicando en una piscina de saturadas sonrisas, como almas. Callando, callando entre espacio salvaje, encontrándome en un precipicio de heridas sangrantes, entre piel rota y vísceras con un reflejo brillante.

Dulce y salvaje, quebrando músculos como roídos lastres. Dulcemente, quiero oír como suplicas tristemente bajo la lluvia de pedazos de papel encrespado, yendo por el correr del viento, lado a lado, rajando pieles y laringes por el recorrido mas sangrado.

Entre bosques de lágrimas eternas, rocas que no tienen pérdida. Abismos que no perturban la ansiedad.

Esa maldita que siempre persigue mis recuerdos.

Estoy así entre un camino obtuso y un sin fin de ratos de abuso. Lo ves, con solo un reojo, odio, dolor intenso entre ríos de un salado remojo, así como duele más la cicatriz abierta, vena a vena.

Rastro a rastro entre despojos de un ya rugoso alabastro, negro cenizo, fuego en un horizonte esquivo.

Perdido, este rastro que sigo por la cumbre de un bosque de piedras, mientras mis descalzos pies sienten como un césped de acero y hiedra me hacen olvidar, me hacen desesperar la razón que nunca me quiso olvidar. Es como un veneno que se aloja entre mi cerebro y mis pensamientos, quiere hacerme caer en una insensatez y locura de remolinos en colores pardos. Maldiciendo como un observante pálido que entre calles solo ve corbatas y maleantes.

Salvando lo insalvable así como cayendo en un insalubre y despertar renqueante de no saber, de desesperación y amantes que nunca tuvieron aquellas llaves, esas que permitían ser tan libre entre tal universo desconcertante. Odioso y lamentable, tremendísima facha que no pretende ni la misma nada.

Rabia que se hunde en las entrañas creando sin saberlo, acumulando dolores de un sabor interno, rabia, dulcemente sacrificada, sintiendo el mas cortante viento como al correr sin tus palabras, desnudo entre ramas, entre bosques de salvajismo que me ampara.

Rajando a cada paso, las vicisitudes de un falso destino, descomponiendo espejismos en el bosque del mío resquicio, entre ventanas, mirando a un dulce y sangriento infinito, como teclas de un desafinado piano que no tiene oscura pieza del desatino. Calamidades y golpe debajo de la camisa, no quiero despedirme sin romper entre huesos su mal tino. Agudeza de lo más salvaje y sombrío, quizás a veces me repito, pero persiste aquella sombra que entre esquirlas de cristales obtusos me persigue día a día. Cabizbajo veo espíritus como un impuro alabastro, mientras el camino se hace frío y mis pasos endurecidos hacen que salgan gritos entre las paredes.

Como último acto, arrancando la cabeza de aquella purísima pista que no deja de agujerear mi cabeza, arrancando con sus fauces de mis manos mi talento, penoso intento de escapar en un barranco tan oscuro e incierto, notando como nado mientras un dulce susurro me tienta al suicidio

temprano como ser huido entre salvajismos de odas a lo mas fúnebre, me quiere quemar la piel. Déjame osando perturbar al silencio, con gritos y con tinta que desde mi frente incita lo mas turbio para destruir con placer lo mas puro, olvidenme mientras respiro, soy aquel como el que nunca nadie quiso ser, odiando como nunca pudo ser. Necesito arrancarme el mas virtuoso corazón para huir de la estampa que cayo sobre mi como un dolor inaudito, como de clavos una cama en mis sueños y así como ser maldito. Nunca supe que nunca jamas, palabras de un rapaz que solo quería arrancar a volar para entre el bosque como un salvaje lobo simplemente dejar mi piel al mas voraz.

 

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Acerca del autor

Jako Fernandez

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