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Se me perdió la cartera.

Se me perdió la cartera. - Humor

Se me perdió la cartera

Este relato no lo inicio en honor de Larry Harlow, y su tema: “La cartera” se me perdió la cartera, ya no tengo más dinero, ya no tengo más dinero se me perdió la cartera. Viene a mí, después mejor dicho en un instante de una reunión, entre amigos del barrio. Vale decir que ya varios no vivimos ahí. Pero por cosas del destino. Nos reencontramos a insistencia de Richard.
Empezaré en “aclarar el panorama “que este relato.se quedo guardado en lo más profundo de nosotros. Éramos una patota de amigos, en ese instante de 15u17 años de edad, todos nos habíamos criado en la “quinta” o solar, pero para ese tiempo era algo más que moderno, que los solares y callejones que comprendían la urbe, de aquel entonces de mi querido y recordado Callao.
Recuerdo que era mes de navidad, si señores diciembre, y varios de nosotros alcanzábamos la mayoría de edad, incluyéndome .decidimos el día central de mi cumpleaños, celebrar. No sólo mi cumpleaños sino de todo el resto del grupo, que también era su onomástico. Algunos de nosotros ya fumábamos cigarrillos a escondida de nuestros padres. Algunas veces bebíamos también algo de sidra, o la famosa guinda y como no, el también recordado y temido macerado, en sus diferentes versiones y sabores, coco, fresa, manzana y el de güin don.
Era costumbre casi todos los días, sentarnos en la puerta de ingreso, por las tardes esperar la llegada de una chica, ceremonial costumbre verla bajar del taxi que la traía a casa de sus abuelos, que coincidentemente era donde vivía nuestro querido amigo Richard. Quiero decir que era su linda, venerada y amada prima nunca entendí eso de prima en segundo grado, o familiar lejano. Sólo era deleite verla pasar por nuestro costado. Con su vestido color rosado, ondulante por el viento y que dejaba a vista de nosotros su bien moldeada figura juvenil, rostro angelical y su bronceado perfecto, toda una belleza andando. Belleza de 22 años.
Cada vez que ella pasaba por nuestro lado, babeamos. Le saludábamos y ella nos correspondía, algunas veces más osados le silbábamos o peor aún le dábamos besos volados, que ella con mucha gracia y salero sonreía. También nos trenzábamos a golpes con Richard, pues como es lógico saldría a defenderla de tan groseros amigos. Todo era válido y soportable con tal de que ella, nos corresponda aun con su mirada o su bella sonrisa. Era esta ceremonia un ritual diario, todas las tardes, nunca, pero nunca faltábamos a tan hermosa cita. No importaba verano, otoño, lluvia, calor .nada, todo era soportable con tal de verla, pues todos los de mi grupo andábamos enamorado de ella. Y creo que su primo al final, se acostumbró a ello.
Corrían los días y se aproximaba la fecha, de nuestros cumpleaños. Planeábamos cada detalle, hora, tipo de vestimenta, música, y a escondidas nuestro cigarrillos trago o licor para celebrar. En un momento se nos vino a la mente, o por idea invitar a nuestra musa del amor, inspiradora de nuestros primeros versos de amor, poemas y sonatas, según apreciación nuestra y también en muchas ocasiones de las primeras exploraciones sexuales privadas por supuesto, acorde a nuestra edad y crecimiento. Acordamos comprar con nuestras propinas flores, un ramo bello pero que no opacase la hermosura de nuestra diosa. ¡Rosas, gladiolos, violetas, girasoles, y más! Servirían para que ella accediese a tan inevitable cita. Y esa misma noche, se convierta en cada pequeña ocasión. Novia de cada uno de nosotros. Vaya que imaginación la nuestra o debo decir inocencia.
Por la tarde con todo lo planeado, hora pactada. Bañados perfumados no importaba en ese momento, haber usado el mejor perfume de tu papá o del hermano mayor. Valía el sacrificio. Nos apostamos en la entrada y uno solo uno en nombre de todos, como los mosqueteros debía invitarla a nuestra fiesta. El elegido fue Luis, el más alto de todos nosotros, “el más plantado”. Aunque particularmente no estuve de acuerdo (pues yo había preparado mis versos de Bécquer, claro con algunas modificaciones) accediendo a regañadientes. Lo empujamos a penas asomo el taxi, cual carrosa de cuento se apeaba nuestra linda y hermosa princesa.
Su sonrisa y bella estampa, brilló frente a nosotros, todos tartamudeando y en especial Luis.que no atinaba en decirle nada, quise intervenir pero Bécquer (mejor dicho yo) me falló.se me trabo, mejor dicho se nos trabo todo el discurso, ella solo recibió las flores y con su bella sonrisa y la oportuna intervención de Richard, le explico que deseábamos invitarla a nuestra fiesta. La cual para fortuna nuestra accedió, le ultimamos detalles, hora, lugar, y dijo: ¡Claro que iré! Y con su dulce figura y vestido amarillo que aún lo recuerdo y recordamos se fue para reencontrarnos con nosotros por la noche.
Ya en casa de Luis, listos para recibir a los invitados. La Sra. Ana (mamá de Luis) repasa los detalles, vasos, serpentinas, música, invitados, y un largo etcétera. Hace un recuentos de ellos Luis le hace notar que en la lista falta una invitada. Pregunta la madre ¿quién falta? Y Luis con una firmeza que llamó nuestra atención dice: Ella (no diré su nombre, prefiero que quede guardado, ya entenderán más adelante) la Sra. Ana y el resto de nuestras madres se miraron cual coreografía de Hollywood. Solo recuerdo que comenzaron a cuchichear de una manera, que nos llamó la atención, no sé si Richard también lo noto, sólo recuerdo que más tarde entendería el motivo de tal cuchicheo y rechazo que asista “Ella”, a nuestra fiesta.
Se desarrolla la fiesta, entre amigos del barrio, colegio, primos, familiares y más. Solo faltaba “Ella”. Cuando de pronto hace su aparición nuestras madres y demás vecinas se percatan, “Ella” ya había ingresado, vestida de color perla, que resaltaba toda su belleza, ¡No! sí que era muy hermosa.se nos acerca y cada uno nos estampa un beso en la mejilla, eso fue suficiente para poder “proyectarme” en mis pantalones, y creo que los demás también. Su piel tan suave y su perfume, quedó grabado en mi mente. Cuando de pronto detrás de “Ella” se aproxima un tipo, la toma de la mano saluda todo patán, y sobre todo con pinta de Fred Mercury de barrio (claro salvando las distancias) enciende nuestro más oscuro y secreto sentimiento los celos.
Richard nos cuenta en un aparte, que es su novio o algo así. En verdad no nos brinda más detalle. Notamos que algo le incomoda y se aparta de nosotros. “Ella” nos brinda su dedicación y baile a cada uno de nosotros, es lo máximo en ese instante, mientras las mamas siguen cuchicheando, cuando de pronto el susodicho enciende un cigarrillo, esa sería la alarma que encendería el meollo del asunto. Nuestros padres y hermanos mayores le llaman la atención y le invitan a que apague el cigarrillo, palabras van palabras vienen y lo retiran a la fuerza. En medio del tumulto y de gritos decide retirarse, se suelta tiernamente de mis brazos y dispuesta a salir, mamá le dice algo no entendemos, las demás mamas asienten y eso la hizo llorar.
Ya con la fiesta deshecha, y nosotros en nuestra famosa entrada, no sé cómo llego una botella de “Macerado de coco “algunos cigarrillos causantes del fin de la fiesta. Todo el grupo incluido Richard nos retiramos a celebrar por nuestra parte, a un lugar y hora desconocida. Sentíamos que esa noche nos pertenecía, nos daría sorpresas y vaya que sería una sorpresa. Fuimos a la banca de la plazuela discretamente bebimos y fumamos, debimos cuidarnos mucho, porque en el entorno familiar teníamos un tío perteneciente a la Guardia Republicana, la policía más temida en ese entonces. En medio de la pequeña fiesta y celebración no se a quien se le ocurrió ir a los bares del Callao. Esa zona temida solo para valientes, lleno de “faites” y uno que otro matoncillo, que bien paraban su bronca. Además la zona era cercana al puerto, donde desembarcaban los marineros y se disputaban las caricias de aquellas amantes ocasionales, aun así haciendo oídos sordos a lo que conocíamos, decidimos ir, en busca de aquellas damas que nos hicieran perder nuestra más pura inocencia y volviésemos hechos unos hombres.
Caminábamos entre estos tipejos, en medio de lisuras, olores, tragos, y un largo etcétera. Que decidimos ubicarnos en un bar llamado “La gata Azul “no tuvimos problemas al ingresar pues como aparentábamos mayoría de edad, y en medio de la oscuridad, nos entregamos a la laboriosa búsqueda de féminas, sea por supuesto al gusto personal, en medio de todo esto nos ubicamos en una mesa, pedimos cervezas, algo para picar y unas muchachas .de pronto nos acompañaban varias de ellas, todas muy lindas cada una en su tipo. Caricias van, caricias vienen, se pacta el precio del servicio y prestos a cumplir tan sacrificada labor, notamos que Richard desapareció. Por arte de magia. Eso no nos amilana y procedemos cada uno a su labor. De pronto entre caricias arrumacos, algunos besos, notamos que algunos estaban medios borrachos. Y nos dirigen en medio de un salón aparte. Cuando de pronto aparece tras de nosotros y de voz conocida diciendo: ¿Qué hacen acá? Todos, absolutamente todos, no podíamos creer lo que veíamos y oíamos, era “Ella”.
Vaya que enmudecimos ante tal sorpresa. El mutis general nos impedía emitir sonido, alguno. Tardamos de entender que “Ella” trabajase ahí. Que sea secretaria, administradora, recepcionista, no entendíamos que “Ella” era una dama de compañía, mejor dicho trabajadora sexual. Aun vestida con una discreta parafernalia acorde al lugar. Aun así lucia hermosa y no dejaba de ser nuestra novia. Acto seguido nos encaró que hacíamos en ese lugar. Solo atinamos a responder que llegamos solo a divertirnos, aclaramos también que nos encontrábamos molestos que se fuera de nuestra fiesta, y sobre todo deseábamos saber que le dijo mama´ y las demás, que hiso que se fuera y rompiera en llanto. No nos respondió. Seguidamente unos muchachones nos acompañaron hasta la salida, volteo con la intención de despedirme, pero “Ella” desaparece por una puerta, ante mi vista húmeda y también de los demás.
En la calle nos encontramos con Richard, le abrazamos, y entendimos en ese instante a Richard. Nadie se atrevía en catalogar a “Ella” por alquilar sus caricias, ni mucho menos que sea una prostituta. Ese momento abrazamos al amigo caído.pactamos que esto se quedaría entre nosotros, marchamos rumbo a casa a beber, lo primero que nos haga olvidar este momento extraño. Particularmente y en secreto juré que volvería. No pasaría mucho tiempo para volver a verle, y sobre todo ya se habría encendido la pasión que descubriría más adelante. Pasaron los días y cumplíamos nuestro pacto de silencio. Aunque nos dolía no poder ver a “Ella “hasta que una tarde que nadie le esperaba, sucedía que en casa de los abuelos de Richard, se armó tal discusión que nuestras madres, llamaban a viva voz ,para que entrásemos a casa y no ser testigo de aquella discusión. Demasiado tarde, nos dolió en el alma saber que sus familiares, le sentenciaban al destierro a “Ella”. No sabemos cómo se enteraron de su actividad, aun con su rostro húmedo, salió y en una última mirada nos decía adiós.
Richard desapareció buen tiempo de nuestro entorno. Sus abuelos le enviaron al norte de paseo, vacaciones nos decían. Los demás también fueron enviados a donde familiares lejanos, de cierto modo también me sentí desterrado. Esperaba como lograr juntar dinero. Pues se me hacía eterno, no saber nada de “Ella “pues nuestro ritual inicial había sido abandonado. Por esas curiosidades del destino o también bendición del cielo, llega a casa a visitarnos unos tíos del norte, bebían los mayores entre tíos y mis padres. Cuando sucede lo que yo llamaría un milagro. Uno de ellos se me acerca y me extiende un billete, feliz de la vida y discretamente lo guardo. Más tarde me serviría de pasaporte para reencontrarme con “Ella”. Días después me alisto para ir en busca de mi musa, decido arreglarme lo mejor que pude y enrumbo hacia los bares del callao. Era una aventura jamás hubiera imaginado asistir solo, pero bien valía la pena.
Logro ingresar al bar, la busco con la mirada entre cuerpos que danzaban, en los tubos incrustados en escenarios llenos de luces, humo, y uno que otro parroquiano. Alguien de seguridad intenta forzarme a salir. La veo ingresar mi corazón salta de emoción, me zafo del mastodonte, me persigue pero logro llegar a “Ella”.me sonríe e ingreso a una sala contigua de la mano felizmente de ella. Ingresamos a una especie de mini departamento, me llama la atención el orden distribuido en ese espacio tan especial. Noto en un aparte que aún conserva algo ya marchita las flores obsequiadas hace unos días por nosotros. Empiezan las preguntas por parte de ella, ¿qué haces aquí? ¿Tus amigos, dónde están? Y más cosas, aunque en verdad yo me disponía a saber y pedir explicaciones cual enamorado celoso. Le pregunte muchas cosas, y muchas cosas me entero en ese pequeño momento, empieza el ritual de mudar de ropa, por parte de ella, tras de un biombo empieza a hacerlo, algo me jala la vista y logro ver su bien torneado cuerpo. Debo confesar que me enciendo .lo nota y discretamente me señala que debe empezar a trabajar. Decido sacar de mi bolsillo aquel arrugado y preciso billete, aquel que me regalo mi tío.se lo ofrezco lo toma muy sorprendida. Le digo que esa noche compraré sus caricias.me mira fijamente y caigo por primera vez en sus brazos. No describiré lo que sucedió esa noche. Sólo diré que conocí el amor en una de sus formas.
Al retírame rumbo a casa, hecho ya un hombrecito.me recomienda discreción. Por supuesto afirmo. Pues nos habíamos convertido en amantes, en el camino busque mi billetera, no se encontraba en mi bolsillo, pensé que se me hubiera caído u olvidado en casa. No le di importancia, solo Pensaba en lo sucedido, en los amigos y sobre todo en Richard. Pasado los días pude saber del retorno de los amigos al barrio. Debería contar mi experiencia, o quedarme con ella. Logramos reunirnos nuevamente la patota, y decidimos vernos esa misma noche. Fuimos rumbo a la plazuela nos dimos unos tragos, conversábamos de las experiencias de cada uno en la ausencia, risas por aquí risas por allá, hasta que me preguntan ¿Y tú, qué nuevas? Inventé algo rápido y creíble, por fortuna quedo allí. Debíamos retornar a casa, pero antes de ello Richard se acerca me abraza y me explica que se ira de viaje, por un buen tiempo, nos recomienda cuidarnos, me alcanza algo a mis manos y noto que es mi billetera. Quise preguntar como llego a sus manos, pero preferí no hacerlo pues la respuesta seria entendible.
Supe tiempo después, por medio de mi mamá que la gran parte de la familia de Richard, voló al extranjero .también esto incluía a “Ella”. Fueron días muy dolorosos y tristes para mí. Pensaba jamás volveré a verles. No me equivoque, transcurrió el tiempo para todos nosotros, mudamos de casa, estudios, universidad. Richard aquel amigo mío volvería algún día. El tiempo me daría la razón, en una ocasión pude encontrarle y conversábamos en un café, entre tantas cosas no me atreví a preguntar por “Ella”. El solo me soltó prenda, me contaba lo bien que le fue, a él y su familia y a “Ella” también por supuesto, se casó y tiene una muy buena familia. Eso me alegro demasiado no pregunte más. Y seguimos la conversación hasta despedirnos, pasaría mucho tiempo para volvernos a reencontrar, claro hasta el día de hoy.
Hoy de vuelta al barrio, por insistencia de los amigos y excusa de ver a Richard, nos encontramos en casa de sus abuelos, claro hoy lo habita unos familiares suyos, los sobrinos escuchan entusiasmados las anécdotas de nuestra patota del ayer. Richard y los demás sonríen como chicos del ayer. Cuando de pronto oímos el llegar de un auto, todos nos miramos y automáticamente nos dirigimos al ingreso de nuestra amada quinta, y vemos cual radiante sol llega “Ella”. Sonreímos al ver como baja de aquel auto, con el vestido color perla, sonrisa radiante. Miro a mi entorno y veo que hemos vuelto a casa, entre risas y silbidos de amor por “Ella”.

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