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Se Reputa



Se Reputa - Sociedad

De ninguna manera, el vestido fonético-fonológico del título puede hacernos especular que se trata de algo relacionado con “mujeres de la vida” o interpretarlo como un consejo sugerente para el género femenino, porque en ese caso le faltaría la tilde al pronombre átono se. En verdad, lo que me ha llamado la atención es que esta frase, “se reputa conocida”, forma parte de las principales características de las leyes y significa: “Nadie puede invocar su desconocimiento o ignorancia para dejar de cumplirla”. Pero si mi vista se detuvo allí, también he de recalcar que observé otras acepciones parecidas en el inmenso océano del derecho, entre ellas: “Se reputan aceptadas”, “Se reputa a sí mismo”, “Se reputa domicilio legal”, “Se reputa nacido(a)”, etc. Ahora bien, si esto se enfoca de manera invertida, nos queda la siguiente incógnita: ¿Cómo podríamos llamar la acción de quien invocando el conocimiento de las leyes no las cumple porque no las acepta?

Las primeras respuestas que se asoman serían: delito, infracción, desobediencia o trasgresión. Sin embargo, parecen palabras frágiles o incompletas para representar la acción indicada. Yo propondría el siguiente neologismo: “Ultraputación”. Si reputar proviene del latín reputare y significa: juzgar, hacer concepto del estado, apreciar o estimar el mérito; entonces ultraputar sería ir más allá del mismo concepto de reputar; es decir, juzgar mejor, hacer más concepto del estado, estimar más el mérito, en definitiva hacer mejor justicia porque una persona que conociendo las leyes no las quiera cumplir es porque no se siente en situación de igualdad con el resto de la sociedad.

Si la respuesta a lo anterior me favorece, tengan por seguro que no aspiro observar a un censor de leyes aplicando un Nihil Obstat a mi proposición, ¡no quiero esto! Mucho menos, que después, la misma sea aprobada, aceptada, asimilada, y por arte de magia, el verbo “Ultraputar”, aparezca en el DRAE, ¡de ninguna manera!  Mi único empeño es desahogar el lápiz de grafito que cursa en mi mano derecha y en un acto de imaginación extrema, combinado con sana locura, darle una “vuelta de canela” al desafuero, humanizar la ley, cubrir las hendiduras de la pirámide de Kelsen y elaborar una nueva carta sobre la tolerancia.

Al mismo tiempo, mientras sucede esta inusual “esperadera”, la ultraputación puede consumir su parto desde mi vientre mental, y yo disciplinado, lo leeré una y otra vez buscando en su mapa semántico la razón de ser de su nacimiento. De esta manera, quizás él me pueda persuadir de que no es un espontáneo juego de poner prefijos, sílabas, vocales y consonantes a la reputadísima palabra, sino el canto angustiado de quien sabe que nuestras leyes son las mejores del mundo y solo hay que hacerlas cumplir con justicia y equidad.

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Profesor Marino

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