Literatura

Secreto Familiar

Secreto Familiar - Literatura

Pude verte hace unos días atrás. Los años te pesan pero aún caminás.
Aunque también debo decir que cada vez que te veo, te encuentro igual. Como si el tiempo te hubiera dejado en pausa desde que ella se fue.
Ella, mi abuela, mia y de tres nietos más. Aquella que anduvo merodeando la vida de muchas maneras equivocadas. Que quiso encontrar el amor en diferentes brazos que no la amaban. Y que luego, intentó aliviar sus errores dedicándose a cada uno de nosotros.
Supe que la amabas que todas sus tormentas, aunque nunca haya brillado el sol entre ustedes.
Disfrazado de amigo de la familia, siempre estabas. Al pie del cañón para lo que ella o su familia necesitara. Dia por medio la visitabas, despojado de destinos ,que bien sabías, no iban a pasar.
Sólo lo hacias por el placer de verla, como si fuera una obra de arte intocable, manchada de consecuencias y flores arriba para decorar.
Asi la querías.
Por desgracia, los hombres de su vida, no hicieron más que desgranar su ilusión, ella ya no esperaba al príncipe, ya no esperaba nada en realidad.
Aunque en cierto modo, siento que miento al decirte eso. Yo la vi, en esas siestas de verano sofocantes, como miraba con anhelo el amor con el que besaban a la actriz de la novela, como queriendo ser ella, como queriendo creer que existe eso.

Crecimos un par de años mas, y una maldita y sorpresiva noche se fue. Con pocos años vividos, con varios secretos por descubrirle, algo así como un tesoro escondido, elijo creer que nos dejó una aventura. Aunque mi madre y mis tias no lo ven así.
Tanto lloraste, tanto, que tu amor se confesó sólo.
Muchos piensan, con lástima, que fue demasiado tarde. En mi caso, quiero decirte, una parte del secreto familiar:
Todos nosotros, incluso ella, lo sabíamos.
Lo decía tu presencia, tu voluntad incansable para ayudarla con sus problemas, tus caminatas eternas hasta llegar a su casa. Tu mirada.

Han pasado varios años, y aunque suene cruel, nuestra vida continuó sin ella. La familia ya no es tan familiar. Eso pasa siempre, dicen.
Pero vos…
Vos no seguiste.

Te cubriste de recuerdos para no sentir su ausencia. Te cubriste de sus hijas y nietos, para verla de alguna forma. Te sentás en la misma silla, con la esperanza de mirar hacia la izquierda y encontrarla ahi, en la punta de la mesa.
Con su cabello despeinado, su mate y por supuesto, un cigarro en la mano.

Ya no ves bien, tu andar es muy lento. La última vez, no me viste, pero al ponerme en frente tuyo supiste quien era.
Tengo el mismo cabello despeinado,
El vicio del cigarro.
Y el maquillaje siempre corrido.

Sabés que no soy ella, pero yo también sé cuánto desearías que lo fuera.
Tu pausa antes de saludarme, me estremece el alma.

No sé cuando voy a volver verte.
Pero por las dudas quería decirte, que si tu misión era amar, amaste de todas las maneras posibles.
Y si no lo era, estoy segura de que vas a tener otra oportunidad.

Nos vemos pronto Marcial.

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Acerca del autor

Noel Fosster

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