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El Sentimiento de Abandono… ¿Cuándo se produce?

El Sentimiento de Abandono… ¿Cuándo se produce? - Salud

Al principio, cuando se piensa en el abandono, solo pasa por la cabeza la separación. Alguien que se marcha para siempre, dejando a la persona con la que convive sumida en un gran vacío. Podríamos pensar en la separación de una pareja, en el divorcio de unos padres, o en la finalización de una relación de amistad.

Ese podría ser el “abandono real”, pero hay otro tipo de abandono, que es el “abandono emotivo”, que se produce cuando una persona se “siente” abandonada. Hay muchos adultos que tienen anclado en su alma este profundo sentimiento, sin saber, que por lo general, la raíz de lo que le ocurre, nació en las vivencias de su infancia.

Cuando somos niños, no entendemos muchas cosas de las que les ocurren a nuestros padres. Nuestra madurez cognitiva aún no está lo suficientemente desarrollada, como para poder entender las causas, por la que nuestros padres se separan de nosotros, aunque sean totalmente justificadas.

Cuando a lo largo de nuestra infancia, se da una situación de separación, tanto física como emocional de uno o ambos progenitores, privándonos de vínculos tan importantes como los de apego, atención, escucha, amor, seguridad y estabilidad,  se producen efectos muy perjudiciales que afectan a la autoestima, la seguridad y a un disfrute sano en futuras relaciones. Esta ausencia o disminución de vínculos afectivos, hará que aumenten considerablemente, las probabilidades de desarrollar un continuo miedo al abandono de las personas que empiecen a crear lazos afectivos con nosotros.

No solo hablamos de un divorcio, o de la muerte de uno de los progenitores, sino de muchas situaciones en las que los padres no están para atender correctamente a sus hijos, aunque estén de forma física. Son formas de abandono “encubiertas” porque el sentimiento que produce en el niño es el mismo.

Presente Físicamente, Ausente Emocionalmente

Hay padres que aunque estén físicamente en el hogar, no realizan el acompañamiento que el niño necesita. Puede que sean padres demasiado autoritarios, que les sometan a una continua presión con sus estrictas reglas, las cuales han de cumplir sin que importe lo que sientan; o padres cuyas carencias emocionales les impidan sintonizarse con las emociones de su hijo; o que sean tan perfeccionistas que las anulen, haciéndoles pensar que su sentir no es válido. También pueden ser padres que cuando el niño les reclama atención, no tienen tiempo para atenderles o para jugar con ellos, por lo que su percepción será que sus papás, siempre estarán ocupados y nunca podrá contar con ellos cuando los necesite, al igual que si no estuvieran.

En todos estos casos, los progenitores puede que den a su hijo los cuidados básicos de supervivencia, pero sin embargo, es posible que los cuidados de escucha, comprensión, juego, cariño y apego no estén presentes, por lo que el niño tendrá comida en su plato, pero no se sentirá atendido, protegido y amado, desarrollando en todos los casos el mismo sentimiento que con un abandono real.

Enfermedades como depresiones u otras enfermedades mentales como una demencia, no hacen que la persona que la sufre no esté físicamente con los niños, pero si que hará que estén lejos emocionalmente, ya que no podrán cuidarse ellos mismos, y por tanto, mucho menos, a otras personas como son sus hijos. El niño no comprenderá la razón del alejamiento emocional del progenitor y crecerá pensando que no es querido por esa persona, por lo que crecerá con un vacío emocional similar al de un abandono.

El consumo reiterado de drogas de los padres, como por ejemplo, pudiese ser, un alcoholismo, produce efectos muy negativos en el menor, ya que el padre o la madre que lo sufra, no estará en condiciones de atender a su hijo cuando esté bajo sus efectos. Esta situación se empeorará aún más, si el consumo de estas sustancias, ayudan a provocar cualquier tipo de violencia física o verbal hacia él.

La llegada de un nuevo miembro a la familia puede desencadenar sentimientos de abandono. Puede que nunca se nos ocurriera pensarlo, pero estos sentimientos también puede ocurrir cuando de repente, aparece en tu vida un hermano pequeño que te desplaza. Hay padres que tienen mucho cuidado cuando aparece el segundo hijo, y trata de que ambos tengan la misma atención. Al principio ya sabemos que esta atención siempre es más necesaria en el recién nacido, pero se puede tratar de tener el máximo equilibrio para que el hermano mayor se siga sintiendo parte de la familia, A pesar de eso, siempre sera un poco lógico que aparezcan los celos en el primogénito hasta que todos los miembros se vayan adaptando a la nueva situación.

Sin embargo, hay ocasiones en las que, cuando nace un nuevo hijo, el pequeño absorbe totalmente la atención, y sus cuidadores no tienen esa sutileza necesaria, para incluir al hijo que llegó primero en la nueva situación que se está viviendo, y es claramente desplazado por esta nueva personita. En estos casos, los padres pueden adoptar distintos comportamientos, que hagan que el hijo mayor poco a poco se vaya alejando emocionalmente de su núcleo familiar. Por ejemplo, puede que no le presten la atención suficiente, que expresen continuamente calificativos amorosos al nuevo hermano delante de él o que hagan comparaciones entre hermanos, comparaciones en las que el primer hijo pueda quedar claramente en desventaja.

Hay niños que ante estas vivencias, pueden volverse rebeldes por la pérdida de protagonismo, apareciendo rabietas y/o comportamientos agresivos, que muchas veces estarán enfocados hacia quien les ha destronado. También es frecuente, que se den comportamientos continuos de envidia y rencor hacia su hermano o hacia sus propios padres. Otros, sin embargo, se vuelven retraídos hacia el mundo, convencidos de que para ellos, no hay amor suficiente, ya que el vínculo sano y necesario con los padres se ha ido perdiendo.

Ese niño puede que de mayor sea un gran dependiente con las personas con las que se relaciona, buscando continuamente ese amor que no siente hacia él, o que, por el contrario, le cueste implicarse en las relaciones, por miedo a que le vuelvan a “abandonar”.

Las Obligaciones Laborales

En otras ocasiones, ocurre que los padres no pueden estar presentes por temas laborales. Pasan el día fuera y cuando llegan a casa, los niños están dormidos o a punto de ir a la cama. Estos niños no suelen estar desatendidos, porque normalmente, tienen el apoyo de otros cuidadores como abuelos u otros familiares para estar con ellos, pero las personas que más necesitan, no pueden acompañarles.

En este caso, padres e hijos sufren el hecho de no poder estar más tiempo juntos, pero aquí, las obligaciones se imponen. A los pequeños, les cuesta entender el hecho de que sus papás, tengan que estar todo el día en el trabajo, y aunque se encuentren rodeados de otras personas que les cuidan, les pesa la carga de la ausencia de aquellos a los que más necesitan.

Hay padres que cuando llegan de su jornada laboral se esfuerzan en tener un tiempo de calidad con sus niños, jugando con ellos, abrazándoles y dándoles cariño, escuchando sus preocupaciones o lo que han hecho en el día, y haciéndoles sentir en esos ratos que les aman y se interesan por lo que les ocurre. Esos momentos, en los que los hijos son lo único importante para los padres, son esenciales, porque sin duda ayudan a fortalecer el vínculo familiar.

Desgraciadamente, estas situaciones no se dan en todos los casos. Muchos niños que ven cómo sus padres, trabajan todo el día fuera y cuando vuelven están tan cansados que no pueden atenderlos, o están aún inmersos en los problemas laborales, sienten que ellos están en un segundo plano, puesto que piensan que para sus papás, la prioridad es el trabajo, y no ellos.

El abandono físico o emocional es muchas veces, el punto de partida de los comportamientos que adoptamos como inadecuados en la edad adulta. La forma en la que aprendemos a actuar como un acto de supervivencia y auto-protección, derivada de aquello que estamos sufriendo cuando somos niños, se perpetua cuando crecemos. Aunque ya no necesitemos ese comportamiento, porque estemos viviendo situaciones diferentes, con otras personas distintas a nuestros progenitores, la huella de la ausencia queda y dirige a la persona, según la creencia que le ha quedado de todo lo vivido.

El sentimiento de abandono, al final, ocurre en cualquier situación vivida de la infancia, en la que los padres, no pueden formar un vínculo afectivo suficiente y correcto con sus hijos, esencial para que el niño crezca con una buena autoestima, que le ayude a tener seguridad y confianza en si mismo, algo necesario para desenvolverse bien en la vida y relacionarse de forma sana con otras personas cuando sea adulto.

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Chus Rosillo

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