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Sexo, Amor Y Otros Cuentos (5 Microrrelatos Eróticos).

Sexo, Amor Y Otros Cuentos (5 Microrrelatos Eróticos). - Literatura

Y DE PRONTO TÚ Y YO. 

Ninguno de los dos esperaba que pasara, pero pasó. Ella se acercó a mí, y yo no quise apartarme. Nos besamos furtivamente y la tumbé encima de la mesa mientras por debajo de su vestido palpaba sus más íntimos deseos. Me introduje en ella, poco a poco, luego, más deprisa, hasta terminar en un éxtasis conjunto que nos subió al cielo. Seguí admirando su cuerpo, tocando sus pechos, besando su sexo más caliente, hasta retomar la vertical del miembro viril. Después, volvimos a hacer realidad nuestros deseos más salvajes, de nuevo, encima de la mesa.

 

LOS OJOS DE ERICK. 

Erick corrió hacia la ventana, pues era la hora del baño de su vecina, aunque esta vez no se la encontró sola. El adolescente no pudo creer lo que veía, y no tardó en comenzar a masturbarse. Allí delante, dos bellas mujeres, a la vista del chico, estaban besándose por todo el cuerpo y usando sus suaves manos para explorar cada rincón de sus desnudas figuras. El chico, agazapado y mirando entre las cortinas, se tocaba y sonreía al ver el gran espectáculo que estaba presenciando.

 

BENDITA PASIÓN.

Estaba tan excitado que iban a reventarme los pantalones, y eso ella lo sabía. La ligera brisa del balcón dejaba entrever su lencería más seductora, y yo no pude contenerme. La agarré por detrás, y apartándole las braguitas le penetre el miembro hasta el fondo, una y otra vez. Contra más gemía más me excitaba y más rápido me entregaba a la pasión. Luego, ella se giró a mí agarrándome el sexo, se lo introdujo en la boca y, definitivamente, vi el cielo. Luego entramos, y acabamos de hacer el amor en la cama del hotel.

 

ASÍ ESTÁ BIEN.

Tenía las caderas más perfectas y las manos más suaves que jamás había sentido mi miembro. Su sexo era siempre mi refugio, pues no existía lugar más hermoso ni placentero. Sus pechos, firmes y excitantes eran la salvación a mis pecados. Siempre que coincidíamos acabábamos haciendo el amor, pero nunca nos dijimos nada.

 

CUANDO NO IMPORTAN LAS PALABRAS.

Cuando Ángel conoció a Edith no podían ni comunicarse, pues no hablaban el mismo idioma, así que tuvo que intervenir Eros. Sus cuerpos rozaron piel con piel, sexo con sexo. Los tersos y húmedos labios de ella se deslizaron por el musculoso cuerpo del joven, algo inexperto en el amor, mientras este acariciaba con sus dedos la suave vulva de la chica. Ella encima de él, luego debajo, y así, gozando mutuamente de su pasión, les sorprendió el alba vestidos únicamente con su desnudez.

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miquelangelo

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