Sociedad

Sexo poco hecho, por favor.

Sexo poco hecho, por favor. - Sociedad

 

No era mi primera vez. Reconozco que tampoco la segunda ni mucho menos la tercera. No diré que soy un experto porque de todos los pecados 2.0 creo que la vanidad es sin duda el más casposo y cutre de ellos, pero es justo advertir que gozo de un talento natural para llevarlo a cabo y que aquella noche triunfé una vez más. Toqué, lamí, acaricié, usé las manos, usé la boca y cuando terminé, mi pareja me dio las gracias y dormimos juntos hasta el amanecer felices y extasiados.

Sí, soy un gran cocinero y mi hamburguesa casera es uno de mis grandes platos. ¿Mi secreto? Soy un gran oyente. Adoro escuchar y nada hace mi hamburguesa mejor que saber el punto exacto que desea cada uno de mis comensales. Muy hecha, en su punto, casi cruda, con extra de queso, sin cebolla, con tomate…lo más importante es saber qué le gusta a la otra persona y tratar de satisfacerle con honestidad y cariño.

Bienvenidos a la premisa. ¿No es absurdo que un restaurante americano, sin conocerte y sin ningún interés personal en tu bienestar, te pregunté cómo deseas la carne y que sin embargo una pareja, alguien que te quiere y al que le importas, no dedique ni un minuto a indagar o preguntarte cómo te gusta el sexo?

La objetividad es el unicornio que bebe del santo grial en la nube de los Osos Amorosos esquina Narnia. No diré que no existe pero creo que las probabilidades de encontrarla son diminutas…

No existe el sexo “objetivamente” placentero. No existe el roce, la práctica, la postura o la intensidad perfectas para llevar a cabo el sexo perfecto del mismo modo que no existe la cantidad de sirope ideal para una tortita o el volumen exacto para una canción. Somos personas y respiramos tanta subjetividad como oxígeno. Puedo gozar con Nicolas Cage despeinado o con Maria Callas en Milán. Puedo creer en Papa Noel, en los Reyes Magos o en SEUR…es igual.

El sexo es muchas cosas pero por encima de todo es comunicación. Verbal, no verbal, escrita, hablada, cantada o insinuada…pero comunicación. El sexo es “tan escuchar” como lo es en el amor, en la amistad o en la educación. Puedo ser el último mago del sexo oral y encontrarme con un hombre o una mujer que consideren mi lengua  “la canción del verano” de nuestra relación. Pegadiza, útil para un ratito pero intrascendente. Y está bien. No pasa nada. ¿Por qué habría de pasar algo? ¿Acaso voy a preparar a mi pareja un delicioso gazpacho si sé que odia beber gazpacho? ¿Por qué ese empeño en hacerlo en el sexo?

No creo que exista nada en este planeta que se pueda equiparar al placer de una relación sexual satisfactoria. Quizá por eso debería existir una cárcel moral para todos aquellos que practican el sexo como pegábamos cromos de Panini en nuestra infancia. Torcidos, sin cuidado, sin mimo, como si lo único que importara fuera coleccionarlo y no la manera en la que lo hacemos.

 

 

 

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Acerca del autor

Jose Rodriguez-Trillo

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