Salud

Sobreprotección y control. La invasión del espacio personal

Sobreprotección y control. La invasión del espacio personal - Salud

 

Estamos acostumbrados a que cuando hablamos de que invaden nuestro espacio personal es cuando una persona se acerca demasiado a nosotros, hasta el punto de hacernos sentir incómodos. Es como si cada uno tuviésemos una burbuja imaginaria que nos rodea y protege, y que nos limita del resto para no sentirnos intimidados, y esa burbuja nos hace sentir seguros y en control con nosotros mismos y con el resto. Cuando alguien cruza ese límite sin nuestro permiso, sentimos que quieren entrar en nuestro terreno y robarnos nuestra intimidad, lo que nos causa estrés y desagrado. Evidentemente, cuanto más cercana es la otra persona para nosotros, más se estrecha nuestra burbuja, y más permisivos somos a que superen ciertos límites.

Cuando escuchamos que alguien invade el espacio personal de otra persona, todo ésto es lo primero que pensamos, pero hay otras formas de invadir nuestro espacio personal, sin que muchas veces seamos conscientes de ello, y en la mayoría de situaciones, nuestro círculo más cercano es el que se permite robar nuestra intimidad de la forma más fácil y sin que nos percatemos, de que realmente nos están arrebatando nuestro espacio personal. Y es que, invadir nuestro espacio personal no solo ocurre cuando se acercan demasiado a nosotros, sino que también sucede cuando arrebatan nuestra privacidad, cuando deciden por nosotros, cuando alguien nos manipula para que hagamos lo que esa persona desea, cuando pisotean nuestros derechos o cuando nos intimidan, nos humillan o nos agreden.

La falta de autoestima

La falta de autoestima es, sin duda, la inmensa grieta que ayudará a los invasores a abrir nuestra burbuja. En muchas ocasiones, esta falta de autoestima se genera desde la cuna. Nuestro círculo familiar es el que se encarga con sus miedos, de forma inconsciente normalmente, de ir generando grietas en nuestro espacio personal, para después poder atravesar los límites sin ningún problema, adueñándose de nuestra intimidad.

Cuando somos pequeños, nuestros familiares nos van guiando por el camino que tenemos que seguir. Nos dan el apego que necesitamos para crecer, nos advierten de los peligros que tenemos que sortear, y nos ayudan a que poco a poco vayamos creciendo en la sociedad en la que vivimos. A medida que crecemos, lo normal es que vayamos despegándonos del camino que nos marcaron nuestro padres, para ir construyendo nuestro propio camino, mediante nuestras propias decisiones. Pero ésto no siempre ocurre de forma natural.

Hay ocasiones en las que el círculo familiar o bien no aporta la protección suficiente desde nuestra infancia, o bien nos protegen demasiado, controlando, manipulando y limitando todo lo que intentamos hacer, por miedo a que nos pueda suceder algo. En ambas ocasiones, nuestra evolución irá unida a una autoestima frágil, ya que, en el primer caso, creeremos que no somos merecedores de cariño, por lo que podremos ser vulnerables a muchas situaciones en nuestra vida, o nos crearemos una gran barrera frente a los demás imposible de atravesar.

En el segundo caso, sin embargo, creceremos con gran inseguridad, creyendo que necesitamos continuamente la ayuda de los que nos limitaron para poder desarrollar nuestra vida de forma adecuada, ya que, nos habrán hecho ver desde niños, que sin su ayuda no seremos capaces de hacer nada. Esto hace que, aunque nos podamos sentir agobiados continuamente por el control que ejercen sobre nosotros, echemos mano de ellos ante cualquier decisión o problema, por pequeño que sea, ya que, nuestra frágil autoestima nos hará creer que les necesitamos para salir airosos de cualquier situación. Sus miedos nos harán dependientes de ellos.

Este último caso, puede ser un círculo vicioso bastante difícil de romper en la edad adulta, puesto que, si somos víctimas de estas personas sobreprotectoras y/o controladoras, llevaremos años viviendo una situación enfermiza que estará normalizada en nuestro cerebro. Pensaremos que lo único que hacen nuestros familiares es preocuparse por nosotros, sin darnos cuenta de que, con esa excesiva preocupación, en lugar de darnos herramientas para enfrentarnos al mundo de forma adecuada, habrán decidido y habrán hecho, todo lo que teníamos que aprender a hacer nosotros para madurar correctamente, o bien por creer que no íbamos a saber hacerlo, o bien por miedo a que nos ocurriese algo, quitándonos toda posibilidad de confianza en nuestras capacidades y anulándonos por tanto, como personas, absolutamente capaces de pensar y decidir.

Tras los miedos e inseguridades de las personas controladoras y sobreprotectoras, hay una fachada de falsa seguridad, donde el control y la manipulación se imponen, para conseguir que permanezcamos en el redil que nos han marcado,  ya que, están absolutamente convencidos de que lo que hacen por nosotros es lo correcto y lo mejor.

Los daños colaterales serán sin duda, una autoestima profundamente dañada, una gran dificultad para enfrentarnos al mundo exterior de forma natural y adecuada, incluyendo incluso dificultades a la hora de relacionarnos adecuadamente con otras personas. Nuestra inseguridad y miedo serán palpables, por lo que otras personas podrán aprovecharse de esa vulnerabilidad y cruzar a su vez, fácilmente, los límites de nuestro espacio personal y de nuestros derechos, dañando aún más nuestra autoestima. Podrán ser por ejemplo, amigos que a su vez nos manipulen para conseguir sus propósitos, jefes que nos humillen fácilmente con sus intimidaciones, o incluso, personas que atraviesen nuestros límites de protección humillándonos o agrediéndonos, como puede ser el caso de un bullying o incluso una violencia de género.

 

 Formas de invadir nuestro espacio personal y romper nuestra intimidad

Podríamos pensar que el control es sinónimo de seguridad. Cuando todo está controlado, todo está en orden, y el sentimiento que nos produce es de que estamos a salvo. Sin embargo, lo que escapa a nuestro control nos produce indecisión, y la sensación de que puede producirse cierto caos que nos lleve al peligro. Eso es precisamente lo que les pasa a las personas que son controladoras, que piensan que necesitan tener todo bajo su dominio para anular sus miedos y por tanto, sus inseguridades. Estas personas suelen tener comportamientos en muchos casos muy concretos con los demás, invadiendo inconscientemente sus derechos y su espacio de privacidad:

  • Utilizarán la crítica hacia nuestra persona.-  Pueden criticar nuestra apariencia, como la forma de vestir, de peinarnos, o incluso nuestros comportamientos, haciéndonos creer que son inadecuados, y que con ellos, nuestros amigos nos darán de lado si no los cambiamos. Pueden hacernos pensar, que según actuamos, nunca sabremos hacer nada bien si no seguimos sus consejos, que en realidad serán imposiciones, puesto que pensarán en todo momento, que su forma de pensar es la acertada. Puede que incluso nos digan continuamente, que lo que ellos nos marcan es lo mejor para nosotros.
  • Criticarán nuestras decisiones.- Haciéndonos creer que son descabelladas y que serán grandes errores. Pueden tratar de hacernos pensar, que son los demás los que deciden o piensan por nosotros, ya que no aceptarán lo que queremos hacer, sobre todo si les aleja de ellos o  creen que puede suponer un peligro. De esta forma, podrán seguir decidiendo sobre lo que ellos creen que es lo adecuado, anulando así lo que habíamos decidido. No permitirán por tanto, que cometamos errores, y si esto sucede, en lugar de ayudarnos a aprender de ellos, nos lo recriminarán, haciéndonos sentir culpables.
  • Criticarán nuestras relaciones.- Tratarán de hacernos ver que esas personas con las que nos relacionamos no son adecuadas, o que intentarán hacernos daño o aprovecharse de nosotros. Criticarán su aspecto o su forma de ser haciéndonos ver que nuestros amigos o pareja, nos manipulan a su antojo y piensan por nosotros. Esto tendrá el objetivo de modificar la forma en la que vemos esas personas que son importantes para nosotros, para que nos alejemos de ellas, pudiendo llegar a conseguir en ocasiones que la relación se rompa.
  •  Nos echarán en cara todo lo que hicieron por nosotros si mostramos algún signo de rebeldía.- También puede que nos recuerden los errores que hayamos podido cometer en algunas ocasiones para conseguir que nos sintamos culpables y hagamos lo que ellos desean. Así nos harán confirmar que si nos hemos equivocado es porque no sabemos hacerlo y/o porque no hemos seguido sus consejos, aumentando así nuestra dependencia.
  • Estarán pendientes de todo lo que hacemos.- Al controlar todos nuestros movimientos invadirán nuestra intimidad y privacidad, por lo que no habrá límites que diferencien nuestro propio espacio personal del suyo.

 

Puede que el objetivo principal estas personas controladoras sea cuidarnos de todo lo que ellos consideran que es un peligro exterior, pero lo que consiguen precisamente con ese afán de protegernos, es justo lo contrario, ya que, si somos víctimas de ellos, conseguirán que seamos personas inseguras e indecisas sobre todo lo que escape a nuestro control. Personas a su vez, que trataremos de controlarlo todo para sentirnos seguros, ya que es lo que hemos aprendido. Personas cubiertas de miedos al exterior, sin armas para defendernos ante las hostilidades, y por tanto,  desprotegidos, por lo que, será fácil que otros puedan entrar en nuestro espacio personal, pisoteando nuestros derechos e invadiendo nuestra intimidad, ya que no sabremos defendernos y poner límites ante cualquier amenaza real debido a nuestra baja autoestima.

¿Te ha gustado el artículo? ¡Valóralo!

5.00 - 8 votos
Cuanto más alta sea la valoración más visible será el artículo en portada.
¡Compártelo en las redes sociales!

Acerca del autor

Chus Rosillo

Deja un comentario

Únete a la comunidad de NoCreasNada

¿Te gustaría compartir tus inquietudes y ganar seguidores por todo el mundo?

¿Eres una persona inquieta y quieres descubrir a más gente como tú? 

Únete a NoCreasNada.

Además, te pagaremos por las visitas que recibas.

Más Información