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Sobrevivir en un País Rico pero Malversado.



Sobrevivir en un País Rico pero Malversado. - Sociedad

Nací en Venezuela, hija de padres italianos que llegaron a este país en busca de oportunidades de desarrollo ya que la Segunda Guerra Mundial  dejó a Italia, entre otros, con muy poco campo laboral, sobre todo para los jóvenes que iniciaban su vida.
Fue en el año 1953 cuándo mi papá con una maleta de cartón revestida de un material como semicuero  (así eran en aquel tiempo) emprendió un largo viaje en barco, una aventura, con el propósito de buscar un nuevo horizonte para crear una mejor condición de vida. Se enamoró de este país, por sus recursos, por sus paisajes, de la gente buena, amable y jocosa.

Llegó a Venezuela y desde el primer día no cesó de buscar trabajo y, enseguida lo consiguió y al año, una vez que se estabilizó, mandó a buscar a mi madre. Él trabajó por muchos años en una textilera privada, era una persona preparada, con una profesión. A mi padre  le gustaba prepararse para la vida, estudió español antes de venir y eso le facilitó mucho conseguir trabajo; también eran otros tiempos, la época de Pérez Jiménez, un dictador de derecha, que, aunque dictador, siempre buscó el desarrollo del país y le abría las puertas a todo aquel extranjero que quisiera ponerle empeño al trabajo.

Viví una infancia y adolescencia en un país dónde siempre había abundancia, era fácil progresar, trabajando eso sí.

Pasaron los años, formaron una familia, tres hijas, ambos trabajaban, mi madre era modista de Alta Costura. La vida fue pasando y con los años fueron partiendo al reino de Dios, me refiero a mis padres.

Son muchas las cosas que faltan por contar pero quiero llegar al punto en que ahora todo es más difícil en este hermoso país que ha sido secuestrado y que lo han llevado a la ruina, aún siendo un país con grandes riquezas, dónde trabajar ni siquiera vale la pena, ya que el sueldo no alcanza porque la hiperinflación se lo traga. Muchas empresas y negocios han cerrado porque no lo pueden mantener ni pueden pagar el sueldo a sus empleados.

Da mucha tristeza pasar por el Centro Metropolitano de cada ciudad y observar las tiendas con sus puertas abajo. ¡Cuánto dolor me da!. Dicen que falta poco, ¿poco para qué? llevo años escuchando esto y nada ocurre. Lo más triste es que no existe una verdadera unión opositora que realmente se proponga a actuar, ya que, lastimosamente es una falsa «oposición» que se ha vendido a los caudillos.

 

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cuore

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