Sociedad

Sociedad indispuesta.

Sociedad indispuesta. - Sociedad

Cuando era pequeña me gustaba ir al pueblo. Nunca nadie me dijo nada pero yo lo veia como el premio a un invierno duro lleno de sacrificios y de responsabilidades (que no me imponia nadie sino yo misma). Así que la época vacacional fuera en Diciembre o Agosto era bienvenida.

Tenia una predilección por mi abuelo. Únicamente podía disfrutar de él en esos días de asueto. Él me trataba como una mujer no como una niña. Me hablaba normal sin los ridículos acentos  ni vocecitas que hacen los mayores a los niños. Me descubría el mundo adulto con la mayor de las naturalidades. Me hablaba de los problemas del mundo con tranquilidad vigilando siempre que yo lo entendiera. Pero él era así con todo. Fue la primera persona que introdujo el pescado en mi dieta. No tenia miedos, actuaba con el corazón. Yo crecí tan contenta por poder tenerle de referencia siempre. Además hacia las veces de profesor pues yo en el colegio no aprendía todo. En la ciudad la vida era tan diferente que aquellas vacaciones en aquella casa de mi abuelo eran lo mas parecido a “las casas rurales” de hoy en día.

Ahora con el paso de los años me pregunto si no seria aquella infancia la que ha sido capaz de convertirme en la mujer que hoy soy. Sin miedos y luchando ante los desafíos de la vida. No temo a los “lobos” ni reales ni figurados. En mi infancia comprendí que ellos tenían su espacio y no eran los que nos vendían los cuentos infantiles.

Deje de frecuentar “la noche” pronto en edad porque tal y como la vivían mis conocidos estaban llenas de sexo, alcohol, drogas y agresividad. Mucha agresividad. Y aquello iba en aumento.

Ahora con mi pareja y amigos osamos tomar algo o pasear por la noche. Descubrimos un mundo que nada tiene que ver con diversión. Los telediarios abren con miles de sucesos a diario. Me estremecen. Oigo que las personas ni se asombran. Se han endurecido sus corazones y lo ven “normal”. Y entonces recuerdo la voz de mi abuelo. Sus abrazos. Su olor. Sus sabios consejos. Eso para mi era lo normal. Un mundo endulzado de cariño y no de “palizas” y “agresiones”. Un poco de corazón. Ese que hemos cubierto “para no sufrir”.

Cuanto cariño, horas de atención a esos niños que el día de mañana serán el futuro. Pero son horas de dedicación no inversión monetaria, el dinero no suple el cariño. Las horas que inviertes hoy, mañana las invertirán en ti. Empiezo a pensar que mi abuelo, un hombre de campo tenia razón cuando decía que sino siembras no podrás recoger.

Quizás y solo quizás le haga falta eso a la sociedad invertir en educación, en cariño, en salud, en abuelos…

Quizás el dinero sea necesario. Aunque cuando lo tienes en exceso tiende a hacerte un ser frió, materialista, desapegado.

Cuanto amor necesita esta sociedad. Cuantos abuelos lo están dando a raudales, otros muchos presos en residencias sedientos de visitas para dar lo único que aún les queda…  Besos, abrazos, sonrisas, miradas. AMOR.

Amor.

Quizás eso es lo que me sembró mi abuelo. Amor en mi para que lo volcará en los demás.

Yo lo intento a diario en mis pobres enfermos, en sus familias…

A veces creo que nunca lo conseguiré.

No puedes salvar a todos, pero me basta con poder llegar a algunos. Los que mas me necesitan.

Otras descubro una sonrisa de mi paciente y entonces sé que lo que mi abuelo sembró no lo hacia en balde, era un hombre de campo, pero muy sabio.

 

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vampyevil

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