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Solo para filósofos: metafísica y ontología



Solo para filósofos: metafísica y ontología - Literatura

Me pregunta un amigo por el origen y significado de metafísica. Aristóteles la definió al inicio del libro IV de la Metafísica como “una ciencia que estudia al ente en cuanto ente y los accidentes propios de este. Esta no es ninguna de las ciencias particulares”. Con esto Aristóteles describía la diferencia entre filosofía y ciencia. La primera es general, universal y no parte de principios preestablecidos, sino que investiga esos principios. Las ciencias son particulares y parten de principios. Por ejemplo, la biología se interesa por lo vivo, no hace suposiciones teológicas o astronómicas. Todas las ciencias particulares parten de principios, como que hay un mundo real, independiente, regido por leyes causales, inteligible y susceptible de ser conocido por nosotros. Sería terrible para un físico o astrónomo suponer que antes de que él observara el cielo, o poco antes de que los primeros seres humanos aparecieran, las galaxias no existían o se estaban acercando unas a otras en vez de alejarse como ahora, o que los elementos químicos se comportaran de manera distinta o no estuviesen compuestos por átomos. Un mundo real, con leyes fijas, anterior e independiente de nuestras conciencias es condición sine qua non para que haya ciencia. La posición del científico y de la persona común ante el mundo es la misma: la del realismo ingenuo, llamado así porque no se plantea el problema del conocimiento.

Aristóteles supuso tres grados de conocimiento correspondientes a tres grados de abstracción. De un objeto vemos su materia y movimiento, de allí sale la física. Luego su cantidad (matemática) y por el tercer grado, vemos que es, que existe, de allí sale la filosofía primera que luego fue llamada metafísica por Andrónico de Rodas, según la opinión más aceptada.

Una vez provistos del término ser, vemos que es análogo porque se atribuye a las cosas de muchas maneras: uno es el ser de la sustancia, otro el del accidente, existe el ser en potencia y el ser en acto. Santo Tomás, heredero de Aristóteles, dividió el ser en ente en sí y por sí (Dios) ser en sí y por otro (sustancias creadas), ser en otro (accidentes), ser en potencia y ser en acto. Hizo también una distinción real entre esencia y existencia. La esencia es potencia y la existencia, acto. La del Aquinate fue una metafísica enraizada en el creacionismo. Hay un ser necesario, incausado (causa sui) cuya esencia implica su existencia. Ese ser es Dios, quien posee en su mente las esencias posibles y les da la existencia, las hace partícipes del ser (participación trascendental).

El alemán Christian Wolff (1679-1754) postuló que la filosofía es la ciencia de lo posible. Las bases de su filosofía son el principio de no contradicción y el de razón suficiente, este último heredado de Leibniz. Puede existir todo lo que no contenga una contradicción, como un círculo cuadrado, pero para existir debe ser coposible y no solo posible. Puede existir una atmósfera de cianuro y seres humanos, pero no son coposibles. El principio de razón suficiente nos dice que todo debe tener una razón para existir y ser como es que está fuera de él. Por ejemplo, la razón de nuestra existencia y nuestra apariencia física tiene una razón suficiente en la genética heredada de nuestros padres. Una cosa que no tuviera razón suficiente para existir fuera de ella tendría la nada por razón, como la nada no existe ni puede producir algo, todo tiene una razón suficiente, incluido el universo, cuya razón de ser es Dios. No se atrevió a ir más lejos y decir que Dios tenía que tener una razón suficiente para existir o de lo contrario haber sido producido por la nada. Establece Wolff una diferencia entre metafísica y ontología. La primera abarca a la ontología –como estudio del ente- la psicología racional, la cosmología y la teología, disciplinas que tienen como objeto, por su orden, el alma, el cosmos y Dios. Estos tres objetos fueron declarados inaccesibles para el conocimiento por Kant, pues no hay experiencia posible de ellos.

El alemán Nicolai Hartmann (1882-1950) restauró la metafísica en el siglo XX al atacar todas las formas de solipsismo o idealismo. El mundo es real. El conocimiento siempre es conocimiento de algo trascendente, no de algo producido por la conciencia, como el fenómeno kantiano, ni que es para la conciencia como en la fenomenología de Husserl. Si la conciencia produjera sus contenidos no saldría de sí y carecería de conocimiento. La realidad nos es dada por actos emotivo-trascendentes en los que tropezamos con la dureza de lo real que se nos manifiesta por su resistencia (Destutt de Tracy y Dilthey habían hablado de una intuición voluntarista, captamos lo real porque se resiste a nuestra voluntad).

Una vez establecida la realidad del mundo, Hartmann se aparta de la metafísica antigua, a la que critica por pretender ser una disciplina acabada. Lo metafísico corresponde a lo irracional, lo incognoscible, como las contradicciones con las que tropezamos a cada rato entre libertad, determinismo, inmanencia y trascendencia, etc. La vieja metafísica creó sistemas y esta no es la época de los sistemas, sino de las preguntas. Así que la metafísica de Hartmann corresponde a esa serie de preguntas que siempre nos hemos hecho y no podemos responder sobre nuestro origen y destino o el origen y destino del cosmos, mientras que la ontología se reserva para la parte cognoscible de la realidad. En su ontología, el filósofo encuentra cuatro esferas del ser. Las primeras son las del ser real y el ser ideal, complementadas por las esferas del conocimiento y la lógica. El ser ideal es tan real como el del cosmos circundante, pues podemos conocerlo y el conocimiento es siempre de algo que existe. Podemos conocer los valores, los entes matemáticos y lógicos, etc. En esto su filosofía se deslizó hacia un realismo de las ideas como el de Platón.

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Luis Alberto Solórzano Sojo

2 comentarios

  • En Aristóteles no había separación entre filosofía y ciencia. De hecho Newton se sentía filósofo, no físico, porque era una profesión que no existía. Lo que ha pasado es que la ciencia hoy es tan compleja y especializada que es imposible abarcarla toda y, además requiere tanta tecnología, que los descubrimientos han quedado en manos de cada ciencia en particular y al filósofo no le queda más que tratar de darse una visión unificada con los descubrimientos de otros. Gracias por comentar.

  • Yo creo que la Filosofía y la Ciencia no pueden estar separadas; no tiene sentido que la Ciencia tome como reales e incuestionables ciertos presupuestos ¿por qué esos y no otros? Obrando así, se avanza mucho en tecnología y destrucción del mundo y la sociedad, porque se desarrolla mucho el cómo pero no la comprensión. Por ejemplo, nuestro conocimiento genético y biológico es muy alto, y sin embargo se sigue concibiendo la Naturaleza desde ideas masónicas anti-científicas como la evolución (el fin de la Historia Natural es la encarnación del Gran Arquitecto) o de la industria ganadera, como las especies y la mejora de las razas.

    Al mismo tiempo, la Filosofía no puede ignorar la Ciencia; tiene que partir de la Ciencia porque la la investigación científica es la extensión de nuestra experiencia humana, en su forma más objetiva o compartible. Por ejemplo, no podemos suponer que las ideas de la Razón son universales, cuando se sabe que las matemáticas y las ideas causales evolucionan en diferentes especies con fines de supervivencia y reproductivos, no para reflejar la realidad.

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