Literatura

Yo Solo Quería Amarla (Novela Corta de Manuel Andrea Cervantes)

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Yo solo quería amarla novela amor desesperado

YO SOLO QUERÍA AMARLA     

     Cada noche al contemplar la luna surgía en mi la misma pregunta una y otra vez, ¿Por qué no sufre al caminar solitaria?, nada la acompaña por las largas noches y sin embargo no parece sufrir por ello, tal vez su vida es necrófaga y a partir de su marcha nos roba la vida poco a poco en nuestros momentos de soledad, o solo nos roba nuestra muerte para dejarnos en los momentos más tristes y cruentos de nuestra miseria, es feliz solo porque la contemplamos con admiración en la eterna inspiración de un poeta enamorado y mientras más le dedicamos más nos quita con tal de seguir siendo adulada; soberbio y egocéntrico cuerpo espacial nocturno. Caminé solitario durante las noches con la esperanza de volver a ver a esa mujer ideal, esa mujer que robó mi corazón y solo me hacía desear fundirnos en la pasión de dos almas que atormentadas por el olvido deciden estar juntas, danzando una con la otra en glamorosos destellos de infinito amor.

 

     Cada paso sin recordar de donde venía el anterior ni hacia donde se dirigiría el siguiente, pues realmente no tenía lugar alguno al cual ir, nada se me acomodaba como para sentir deseos de estar en algún lado; el misterio crecía en la penumbra de mi andar, me estremecía el pensar en lo mucho que peligraba mi bienestar y mi vida en este desierto de soledad donde las luces ya no brillan porque alguien me las ha robado, por lo que mi vida ya no era vida sin ella, y nada podía preocuparme lo suficiente pues nada podía dañarme aún más; como fuera todo era mejor que estar encerrado en esa casa donde hoy solo viven los recuerdos y fantasmas de lo que fue y ya no es.

 

     De pronto la lluvia trajo su granito de arena para contribuir al crecimiento de mi agónica melancolía, no por hacer agua mí vestir, sino por traer a mi mente los recuerdos de aquellos apasionados besos de un amor prohibido, secreto e imposible que en su momento tuve a mi lado. Se perdían mis lágrimas en el correr deslizante del agua, adentrando a mi alma en un vórtice de lamentos y desesperación.

 

     No espero que amanezca, ni siquiera ansío volver a sentir la luz del día, solo quisiera cerrar mis ojos y nunca más despertar, no estar consciente para no darme cuenta de que ella no se encuentra a mi lado, tal vez piensen que es cobarde no luchar por amor, ni siquiera han de comprender lo que siento y no espero que lo lleguen a comprender nunca, pero es necesario decirles que no es posible luchar por estar al lado de alguien que ha perdido la luz de sus ojos, y lo peor es que mis ganas de estar siempre con ella, siempre a su lado contemplando su sonrisa tan hermosa y resplandeciente como cuando recién la conocí, iluminando al mundo con su alegría, esas ganas incesantes de amarla a pesar de la muerte la llevaron al suicidio.

 

     Les he de narrar la historia de cómo empezó toda esta tragedia, cuando le puse pausa a la tristeza mientras estuvimos juntos, para que al perderla volviera multiplicada y acabara con mis sueños, deseos e ilusiones, que no quedara nada de lo denominado vida, como la perdí por haber dejado que me perdiera.

     Yo solo quería amarla, pues desde el día en que la conocí pude notar su carisma, su linda forma de ser, y su belleza sin par, desde el primer cruce frente a mí mirada obligo a mis penas y problemas a huir en un efímero escape hacia el olvido, logrando adentrar a mi mente cada instante que paso a mi lado, pues la quise con amor, y la amé como nunca había amado.

 

     Pasaron varios días sin que pudiera confesarle lo que por mi mente pasaba, siempre que estaba a punto de hablar de eso, alguien aparecía preguntando algo distrayéndonos y quitándonos el tiempo suficiente como para que la cobardía gobernara de nuevo mi ser y me dejara mudo ante ella; cierto día cuando su madre se acostumbró a mi presencia como un amigo de su hija, nos pidió de favor que fuéramos a comprar algunas cosas al mercado, aprovechando mi compañía para que nada le fuese a pasar en el camino, decidimos atravesar un parque que se atravesaba en nuestro andar para ahorrar tiempo y distancia, ante tan hermoso paisaje no pude soportar más y la sujete de los hombros con movimientos rápidos pero sutiles, la recargué hacia un árbol al lado de nosotros y le confesé todo lo que sentía por ella, todo lo que pasaba por mi mente y corazón cada vez que estábamos cerca, sus ojos brillaron como si un sueño se hubiese hecho realidad, me pregunto el porqué de miedo, solo le pude contestar: la edad. Luego me sonrió y al ver esos dulces labios olvide todo y la besé como si no existiera el resto del mundo, ni siquiera me importo ser seis o siete años mayor que ella; tal vez la diferencia no era tan grande, pero relucía mucho dado que ella apenas tenía trece de edad, me abrazo del cuello y la tomé entre mis brazos y en un paraíso de amor disfrutamos el más exquisito beso que jamás había dado en mi vida, me amaba tanto como yo a ella, descubrirlo me hizo el hombre más feliz del mundo.

 

     Pero ¿Cómo pudimos imaginar que alguien aceptaría nuestro amor?, a pesar de que existen parejas con diferencias abismales de edad, lo nuestro se veía como algo no solo prohibido, sino también estúpido, por ende cuando me presente ante sus padres a solicitar el anhelado permiso no solo se negaron, sino que lo tomaron como una ofensa y su molestia fue evidente y notoria; a tanto llego su enojo que le prohibieron volver a hablarme en su vida, ni siquiera les parecía que me volteara a ver si en algún lugar por azares del destino nos cruzábamos uno con el otro.

 

     Mi chica era muy valiente, su determinación la llevo a enviarme una carta a escondidas de su familia, en ella decía que nunca se rendiría en luchar por mi compañía, que ansiaba verme, que esa noche me esperaría en su ventana cuando el reloj marcara las once y cuarto, que procurara el menor ruido posible para no despertar a sus padres. Al llegar la hora brinque cuidadosamente las bardas, me acerque a su ventana y ahí estaba ella, majestuosa ante la luz de la luna, me esperaba con tanto anhelo que su salido fue abrazarme fuerte y besarme con sus ojos llenos de lágrimas por la alegría que sentía ante nuestro encuentro, era la chica más maravillosa que jamás conocí.

 

     Esa noche ni siquiera dormimos, el tiempo se nos fue en observarnos con tanto amor que los suspiros se escapaban sin percatarnos de ellos, casi al amanecer nos abrazamos conscientes de que llegaba el momento de despedirnos, me dijo que no quería soltarme nunca, deseando lo mismo le propuse fugarnos juntos para consumar por siempre nuestro amor, que si ella lo quería alistara sus cosas pues al posarse de nuevo la luna sobre nosotros iría por ella para vivir juntos toda la eternidad.

 

     El día se fue sin decir agua va, el tiempo muy apenas fue suficiente para idealizar la ruta de escape, temía no lograrlo y solo meterla en problemas, pero al llegar la noche de nuevo, fui el más puntual en el mundo, mi deseo a plenitud era amarla y protegerla cada día de mi vida; esta vez al llegar no hubo ni saludos ni besos, nuestros movimientos fueron como si tuviéramos semanas planeándolos a la perfección, casi parecía que nos leíamos la mente, me dio su equipaje cautelosamente, luego salió ella y la recibí en mis brazos, cruzamos la mirada y estábamos a punto de perdernos pero reaccionamos al tiempo y continuamos con nuestra fuga, como si de sombras se tratara, nos fuimos sin que nadie se percatara de nuestras acciones.

 

     Llegamos a mi casa agitados por la excitación que lo prohibido produce, salimos al patio trasero a recostarnos en el pasto felices de sentir que nuestro sueño se volvía realidad, contemplamos el cielo que nublado se encontraba de una manera muy especial, era su clima favorito, disfrutándolo junto a su persona favorita, comenzó una muy leve llovizna y con ella los besos y caricias, leves mordisqueos y las respiraciones cruzadas fueron haciendo desaparecer cada una de las prendas de nuestro cuerpo, desnudos por completo bajo la lluvia, nos entregamos al amor y la pasión, aumento el viento y las gotas de agua empezaban a parecer chorros directos, así que la tome en mis brazos y sin detener nunca nuestro acto entramos a la casa desbordando pasión por todos lados hasta llegar a mi habitación, no importo lo empapados que estábamos, seguí feliz disfrutando del olor de su cuello, mientras ella rasguñaba mi espalda por la nueva experiencia que sentía entre sus piernas; nos fundimos en el placer como solo deben hacerlo quienes en verdad se aman a plenitud. Terminó recostada sobre mi pecho mientras yo la abrazaba aun ido en el cauce desenfrenado de mis pensamientos de amor, de pronto volteo a verme y tras varios besos probé su juventud de entre sus piernas, los besos continuaron por todo su cuerpo hasta llegar a su cuello, y dio inicio un segundo acto antecediendo al tercero y al cuarto que esa misma noche siguieron, hasta que el cansancio nos hizo dormir.

 

     Despertamos pasado el mediodía, entre juegos y sonrisas preparamos la comida juntos y debo admitir que nunca antes me había dado ese sabor tan delicioso como el que tenía al comer junto a ella, fueron días maravillosos, no me despegue nunca de su lado, pues nada hacía falta si ella estaba conmigo, pero al cabo de una semana de amor, pasión y gloria tenía que llegar la tempestad, acompañado de un cuerpo policial llego su padre para llevársela de mi lado, decidí abrazarla y no permitir que nunca nadie la separara de mí, pero los policías vieron esto como un ataque y empezaron a lanzar golpes sobre mi persona, temiendo que estos maltratos alcanzaran a dañarla y lastimarla mejor la solté para ponerla fuera de peligro, dieron conmigo al suelo y molieron mi cuerpo a patadas antes de arrestarme, antes el llanto y los gritos de mi amada yo no encontraba que hacer mientras su padre repetía: lo pagaras caro por pederasta.

 

     Quince días y ocho horas estuve en prisión, luchando con los fantasmas internos de mi preocupación de cómo se encontraba ella en esos momentos, además de los constantes combates que tenía contra los que a la fuerza querían hacerme pagar como hacen a los pervertidos; de pronto llego un oficial diciendo que habían retirado los cargos en mi contra y que era libre, en ese mismo momento pensé en ir a verla, más cuando estaba a punto de llegar a su casa me detuvo una amiga cercana de ella y me contó lo sucedido, como ella pacto con su padre no volver a verme nunca más a cambio de mi libertad; no sabía qué hacer, o que decir, solo fui a casa llorando, pues preferí que ella estuviera bien aunque fuera sin mí.

 

     Dos semanas más pasaron en que los días no tenían sentido alguno para mí, nada me satisfacía porque no estaba ella y decidí pasear cerca de su casa con la esperanza de verla, aunque fuera desde lejos, una vez más me encontré a su amiga, que corrió hacia mi como si le urgiera verme, mi amada estaba embarazada y su papá quería obligarla a abortar por ser hijo de la vergüenza y la deshonra que con sus actos había llevado su hija a su hogar.

 

     Corrí hasta su casa y toque fuerte la puerta, salió su papá y exigí verla y saber de mi hijo, no respondió palabra alguna, solo se fue hacia mí a golpes, yo no podía defenderme, no me atrevía a atacar a la familia de la mujer que más feliz me hacía en el mundo; solo tomé alguna distancia y me fui, con la idea de volver en la noche cuando todos estuvieran dormidos.

 

     Trepé a la barda y cuando bajaba un fuerte golpe me recibió por la espalda, caí al suelo y alcance a ver a el padre de mi amada junto a dos amigos, armados los tres con palos; y así tundieron mi cuerpo hasta mas no poder, luego ya sin vida lo llevaron hasta una casa abandonada que cerca de ahí estaba, no obstante a matarme le prendieron fuego a mi cuerpo para que nadie me reconociera.

 

     Una hora más tarde llegué a su ventana, toqué el cristal hasta que ella despertó, su rostro fue de espanto y angustia, lloró amargamente, mis heridas y mi desfigurado rostro víctimas de la violencia era la peor hiel que su juventud jamás imagino beber, me pidió que me fuera, dijo no querer verme sufriendo por su causa, yo estúpidamente prometí estar siempre cerca, y considero que no había promesa más estúpida porque mi presencia la lastimaba.

 

     Al amanecer, su madre intentando distraerla para que me olvidara le pidió fuera con ella a la tienda, pero al salir logro ver a policías y forenses sacar un cuerpo de entre la tapia, se acercó asustada y a pesar de las quemaduras logró identificarme; a partir de ese momento su día no fue más que llorar y llorar, no sentía deseos de vivir después de eso, no podía sacar de su mente la imagen de su amado calcinado.

 

     Más tarde, al anochecer, cuando ya todos estaban por dormir, ella decidió ir a la cocina por un vaso de agua, lucía tan hermosa en su pijama, era tan hermoso lo que veía que no me percaté de que ella también me veía a mí a través de la ventana; se acercó para ver con más claridad, sus ojos se inundaron en el instante y un llanto mudo alcanzó a brotar, casi volviéndose loca tomó el cuchillo más cercano a ella y corrió hacia el baño, donde dio fin a su vida y perdió para siempre el brillo de sus ojos, rasguño su cara con ira y permitió que su cuerpo se ahogara en un mar de tristeza, llanto, sangre y desesperación, acabo con la asfixia que le producía mi cercanía tan lejana.

 

     Yo solo quería amarla, pero hoy me arrepiento y espero que alguien pase y me quite la vida, ya que todo el día fallé en intentarlo yo mismo, claro cómo podría darle muerte a alguien que ya murió, solo que quisiera por fin abandonar este mundo.

 

     Creer que todo está acabado me hace hundirme en un abismo de miseria y de dolor, mi vida solo se conduce bajo la constante necesidad de morir; caminar sin rumbo, soñar que mi asesino pronto llegue, convirtiéndome en mi peor enemigo, entre todo lo que podía hacer, nada hice, pero ya es demasiado tarde para remediarlo.

 

     Siento como se desgastan las suelas de mis zapatos, pues al caminar tan cabizbajo no me quedan fuerzas para alzar los pies al andar. El cansancio me alcanza y he decidido venir hasta donde nuestra historia comenzó, en este hermoso árbol.

 

 

 

 

 

 

FIN

 

 

 

Manuel Andrea Cervantes

 

 

EPILOGO (MI MUÑECA DE PORCELANA)

     De pronto el joven dejo que su cuerpo se desvaneciera, sumergiendo su mirada entre miles de lágrimas que brotaban de entre sus parpados que poco a poco se cerraban, de pronto la lluvia cesó y el sol con una intensa luz le hizo sentir algo de fastidio en su rostro, despertó y miró con odio a todas las personas, le era molesto el hecho de que disfrutaran de la mañana y de la naturaleza. Una pequeña niña se sentó muy cerca de él y lo miraba fijamente, clavaba tanto su mirada en él, que podía sentirla, de pronto también levanto su vista hasta la de ella y nadie dijo nada, solo transcurrió el tiempo.

 

     Se asombró mucho al observarla con atención, su rostro le era familiar, y después de un rato pudo ver que era idéntica a su amada pero mucho más niña, de pronto la niña sonrió, como si escuchara sus pensamientos, él giro su cabeza molesto y decidió no verla más, pero ante esto sin romper el silencio la niña se acercó a él y lo abrazo, su rostro se llenó de incertidumbre como si no comprendiera ese sentimiento, pero también la abrazó y con el corazón resquebrajado en cientos de pedazos por tanta ternura comenzó a llorar, ella le dijo al oído susurrando: ¡Todo estará bien!. Se levantaron y tomados de la mano se fueron a casa donde al fin descanso tranquilo.

 

     Más tarde, cuando la gente comenzó a llegar al parque encontraron algo siniestro, el mismo cuerpo golpeado e incinerado que habían encontrado un par de días atrás en una casa abandonada, yacía a la sombra del árbol abrazado de una muñeca de porcelana rota.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Dedicado a todas mis historias de amor fallidas, tristes lagrimas que guardan historias por contar y besos por entregar…


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Acerca del autor

Manuel Andrea Cervantes

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