Literatura

Soy Yo, Mamá

Soy Yo, Mamá - Literatura

Desde el día en que empecé a darme cuenta de que el comportamiento de mi madre no era normal, el miedo se instaló en mi cuerpo.

Apenas hace unas décadas que el nombre dado a la enfermedad que padece nos resulta familiar, ni siquiera me gusta decirlo en voz alta. Antes, cualquier trastorno cognitivo, neurológico y de comportamiento solía asociarse a la locura, pero la ciencia ya distingue diferentes tipos de demencia y a cada cual con su nombre.

Alzheimer, de repente extraño, por su origen alemán, sin embargo, cercano cuando te acostumbras a pronunciarlo. A veces, incluso demasiado cercano.

Al principio, todo se limitaba a despistes, momentos de lapsus y una cierta pasividad que se me hacía extraña en una persona tan activa como había sido mi madre. Luego, esos síntomas se volvieron más frecuentes, hasta que aceptas que no es un comportamiento normal y que hay que ponerle nombre a la causa.

Últimamente, ya ha llegado a un punto en el que le cuesta mantener una conversación fluidamente y con coherencia. Siempre repite las mismas coletillas y sonríe. Supongo que su subconsciente lo hace tratando de restar importancia a lo que está sucediendo dentro de esa cabeza, o vete tú a saber porqué lo hace, pero sonríe, ella siempre sonríe. Quizás es mejor así.

Me aterra pensar en el día en que me vea y ni siquiera me reconozca, es muy probable que eso suceda con el tiempo y sé que debería de ir haciéndome a la idea, pero es muy complicado. En esta vida, uno tiene que acostumbrarse a muchas cosas, unas más agradables que otras, pero a esto no sé si lo lograré nunca. Por otro lado, es curioso, porque temo que ella no me reconozca en el futuro y, en cambio, ahora mismo soy yo la que no la reconoce a ella, es tan diferente a la madre de mis recuerdos, ha cambiado tanto…

No hace mucho escuché a alguien decir: “Yo a mi madre ya ni voy a verla a la residencia. Total, no sabe ni que soy yo y a veces no quiere ni darme un beso”. Después de aquel comentario, por la noche, en mi cama, medité sobre qué haré yo si llega ese momento. No sé si llegará a ese extremo, a menudo no quiero ni pensar en esa posibilidad, pero si llega, tengo claro que voy a estar a su lado, porque puede que ella no me reconozca, pero yo seguiré sabiendo que es mi madre. Y si no quiere darme un beso, se lo daré yo a ella, porque puede que su cerebro haya perdido gran parte de sus capacidades, sin embargo, ¿acaso las he perdido yo? Es mi madre y lo seguirá siendo y, desde luego, mi cariño no le va a faltar nunca.

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maytane

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