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De Star Wars, el khala y los entrelazamientos cuánticos

De Star Wars, el khala y los entrelazamientos cuánticos - Ciencia

“No temo a ningún enemigo porque el khala es mi fuerza.
No temo a la muerte, nuestra fuerza es eterna.”
– Mantra protoss, recitado por el pretor Fénix

“Mi aliada es la fuerza y una poderosa aliada es, de la vida es la creadora.
Crecer la hace, su energía nos rodea a todos y nos une. Luminosos seres somos, no esta cruda materia.”
– Yoda a Luke Skywalker

Para hacer una consideración seria de una teoría física, debemos tomar en cuenta la distinción entre la realidad objetiva y el concepto físico sobre el que opera su teoría. La física – y prácticamente todo el corpus de la ciencia- está apuntalada sobre modelos que describen el funcionamiento de la realidad objetiva.

Un modelo puede variar en su complejidad. Puede ser monstruoso o muy sencillo. Desde los lagrangianos hasta la oración “Todos los cisnes son blancos”. Ambos modelan una fracción de la realidad con cierto nivel de certeza aunque operan a niveles diferentes. Los modelos son descriptivos y, a la vez, proyectivos.

Cada modelo debe tener un sistema de verificación propio y rara vez intercambiable. Por poner un ejemplo, un lagrangiano sobre ingresos mensuales máximos no se puede resolver de la misma forma que decir “Todos los cisnes son blancos”. En un artículo publicado el 15 de Mayo de 1935, Albert Einstein, Boris Podolsky y Nathan Rosen proponen la paradoja del entrelazamiento cuántico que versaba sobre lo que aparentaba ser la ruptura de cierto modelo físico.

Se había considerado, hasta ese entonces, que una partícula mostraba un estado de comportamiento único y que no podía ser compartido. A esto se le llama el principio de localidad. Tal principio establece que las condiciones que afecten a una partícula A, no pueden afectar a una partícula B por muy iguales que éstas puedan ser.

Por ponerlo de cierta forma: cuando uno se sienta a la mesa a comer con la familia un delicioso caldo, todos tienen en su plato una porción o partícula de características idénticas al resto, pero por más salsa, limón, o rábano picado que los demás agreguen a su porción, el estado natural de la mía no será afectado.

Pero a nivel cuántico, las leyes de la física operan de forma caóticamente graciosa, por decir lo menos. Ocurre que si alteramos el estado de localidad de una partícula A, cierta partícula B también padece la afectación a pesar de estar en lugares distintos y ser de naturaleza diferente. Digamos que, si hubo dos partículas que interactuaron en algún punto de la historia, al medir una podemos conocer información de la otra gracias al entrelazamiento cuántico.

Este fenómeno es observado principalmente en experimentos con fotones que, si recordamos, son las únicas partículas que pueden comportarse como energía pura o como materia. A esta cualidad se le llama naturaleza dual del fotón.

El gato de Schrödinger es otra paradoja de entrelazamiento cuántico en el que una partícula se encuentra en dos estados distintos simultáneos.

El entrelazamiento cuántico rompe absolutamente con el sentido común además de crear efectos culinarios muy curiosos y ser toda una revolución en la manera en que convivimos con nuestra familia a la hora de la cena. También rompe con la teoría de la relatividad (Igual propuesta por Einstein) al suponer que la información puede viajar más rápido que la luz, entendiendo la información como las propiedades de un objeto o sistema de objetos en un momento dado.

Dentro de la cultura pop, es bien conocido el dicho “Que la Fuerza te acompañe” proveniente del fandom de Star Wars. Sobre la fuerza se ha escrito y se ha dicho bastante. Si la atmósfera es la capa de la tierra donde habitan las nubes, la Fuerza es la capa del universo donde habita todo lo existente. Todo ser vivo es proclive a ser consciente de esta conexión de una manera activa.

La Fuerza se puede manifestar de muchas formas. Como energía, como fuerza física, como un canal de comunicación, etc. Pero siempre operando como un puente entre dos entidades. La Fuerza es como un enlace cuántico de los objetos macroscópicos: cuando la Estrella de la Muerte destruyó Alderaan, Obi Wan Kenobi pudo percibir mediante su enlace con la Fuerza la información del fenómeno que estaba ocurriendo a años luz de donde estaba él. La Fuerza es, entonces, una forma de entrelazamiento cuántico.

El detector de partículas subatómicas más afinado en la Galaxia era Obi Wan.

Pero ¿Por qué pueden existir personas que son capaces de leer información cuántica de esa naturaleza e inclusive ser capaces de influir sobre este tipo de conexiones? La novela cancelada de Robert J. Sawyer, Éxodo alienígena, buscaba explicar el origen de este y muchos otros fenómenos de una manera fabulosa.

Si bien la historia de Star Wars ocurre en el pasado (“Hace mucho, mucho tiempo…”) la raza humana ahí descrita tiene billones de años de existir. En el siglo 25 de nuestra era, los humanos ya han salido del planeta tierra y mantienen una lucha encarnizada con las máquinas que gobiernan el planeta. Por un incidente con un agujero de gusano u hoyo negro, una nave que escapa del planeta Tierra, termina viajando a través del tiempo y el espacio para aterrizar en una galaxia desconocida miles de millones de años atrás. En la física seria, un agujero de gusano recibe el nombre oficial de “Puente de Einstein-Rosen”, sí, el mismo Nathan Rosen.

Por ponerlo de cierta forma, los humanos de Star Wars están más evolucionados ¿Qué mejor manera de demostrar tal adaptación que siendo sensibles a los fenómenos de las energías duras que se pueden encontrar en el espacio profundo?

Un producto menos conocido de la cultura popular de nuestros días es un videojuego llamado Starcraft, la historia de tres razas (Los humanos, los zerg y los protoss) que en el siglo 25 – igual que en Éxodo alienígena, aunque definitivamente dos productos culturales de distinta naturaleza – luchan por la dominación de diferentes sectores de la galaxia. Los protoss de Starcraft guardan mucha similitud con los Jedi de Star Wars.

Si bien los segundos son una orden en la que pueden participar individuos de diferentes razas, los Protoss son una raza bien definida y es prácticamente imposible que acepten en sus filas a alguien de naturaleza diferente. Son poseedores de una cultura guerrera un tanto monolítica debido a su conexión con diferentes fuerzas universales, siendo el khala y el vacío las dos más importantes.

En la primera iteración del juego (aparecida en 1998) se hablaba de los khalai – los adeptos del khala, una conexión psiónica que permite a los protoss tener algo así como una conexión telepática a nivel especie, un vínculo empático por el que compartían memorias, pensamientos e ideas pero también les permitía proyectar tormentas psiónicas o materializar sables de energía.

Un protoss, blandiendo sus espadas psiónicas.

Parece que la conexión cuántica adquiere más fuerza y se manifiesta de formas mucho más potentes que lo que los jedi o los sith (humanos con billones de años de evolución) son capaces de manipular. Además, la manera en que la información viaja entre ellos deja de ser una sensación amorfa como en Star Wars y tiene ya sentido, referencias y estructura. Ya es un lenguaje de características bien definidas.

La conexión con el khala tenía un costo importante: la pérdida de la identidad individual y la sumisión del individuo a las necesidades de la manada. A los guerreros khalai se les denominaba fanáticos porque vivían para su religión khalai, el “camino de la ascensión” logrado por la gloria de la batalla. Los nerazim son los protoss renegados que habían renunciado al khala por preservar su identidad individual.

Ellos adoptan a otro tipo de energía como su pilar cultural, el “vacío” que es, por supuesto, el vacío que existe como propiedad del espacio material. Sus proyecciones energéticas son manipulación material de sus capacidades psiónicas.

Los nerazim no son enemigos de los khalai sino que sus visiones sobre el universo se oponen. Aquí el planteamiento vuelve a la física cuántica al hablar de la naturaleza opuesta de la energía y la materia como en el caso del fotón.

No logro imaginar qué tipo de cambios es necesario superar para poder lograr una conexión de esa naturaleza. La teoría detrás del entrelazamiento cuántico fue publicada hace apenas 83 años. Solo 83 vueltas ha dado la tierra al sol. En términos astronómicos eso es nada, pero es precisamente lo insignificante de esa nada lo que nos anima a soñar, a imaginar en que nos convertiremos en seres de capacidades extraordinarias. Claro, si primero sobrevivimos a nosotros mismos en este mugre planeta.

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Acerca del autor

Luis Enrique Anguiano Torres

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