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Suspiria (1997): Tan Deficiente Como Impresionante.-Reseña Con Spoilers.

Suspiria (1997): Tan Deficiente Como Impresionante.-Reseña Con Spoilers. - Cine y Televisión

Suspiria (1977), dirigida por el legendario cineasta italiano Dario Argento y protagonizada por Jessica Harper, es una película de terror sobrenatural con ciertos elementos propios del Giallo, que ha logrado convertirse en todo un clásico del género, y una obra que trascendió a su época, sirviendo de influencia e inspiración para decenas de autores, tanto dentro como fuera del género de terror. Pero más allá de eso, Suspiria es una bestia bastante partícular y única, de la que vale la pena hablar en profundidad.

 

Honestamente, aún no se me olvida lo que sentí al ver esta película por primera vez. Sabía que estaba viendo un hito del cine de horror de los setenta, y que era una película llena de estilo, pero francamente no estaba preparado para tanto. Sólo necesité ver aquella inolvidable secuencia introductoria, donde la ingenua y delicada Suzy Bannion (Jessica Harper) abandonaba la seguridad que le brindaba la cordura y el comportamiento desinteresadamente ordenado de las personas del aeropuerto, y entraba en esa tormentosa y delirante pesadilla de neón, para entender que no estaba viendo una obra convencional, y que, al menos en cierta medida, Suspiria se merecía su reputación. Lo primero que notamos al ver esta película son sus dos elementos más destacables (y los que, ni se les ocurra dudarlo, la han inmortalizado): la fotografía y el soundtrack. Vamos por partes.

 

Esta obra es considerada casi universalmente como “la película de terror más colorida de la historia“, y no es para menos. La incisiva y brutal fotografía de Suspiria (que estuvo a cargo del cinefotógrafo italiano Luciano Tovoli) deja de lado todos los clichés estéticos del cine de horror de su época y abraza los colores primarios, completamente sobresaturados y extremos, para crear una atmósfera densa e irrepetible, que ha sido mil veces imitada pero jamás igualada (ni siquiera por el propio Dario Argento), y que además logró dotar de una identidad única a la película y a la infame academia de baile en la que se desarrolla la trama. Es de admirarse el hecho de que aún hoy, a más de cuarenta años de su estreno, la estética de esta película no haya perdido ni un poco de su potencia visual, y que siga imbatible como el pináculo definitivo del colorismo audiovisual en el cine de terror. Pero esa brillante parafernalia visual no tendría la fuerza que tiene si no estuviese acompañada de un conjunto de piezas musicales que esté a su altura, y ahí es donde entra el magistral soundtrack, compuesto por la banda de rock progresivo italiana Goblin, que al igual que la fotografía, rechaza los clichés minimalistas, sombríos y generalmente orquestados, a los que el cine de terror nos tiene acostumbrados, y sobresale con piezas de música alternativa y bizarra que exudan originalidad en cada una de sus notas, y son en gran parte responsables de la excelente atmósfera que se trabaja en la película, que logra generar y mantener casi en todo momento la sensación de misterio y tensión, y también contribuyen de forma contundente a crear esa “dream logic”, que Argento tanto deseaba. El tema principal de este soundtrack, compuesto por una inocente y dulce melodía, a la que lentamente se le van uniendo susurros siniestros de fondo, es, al menos a mi juicio, tan legendario y emblemático como la magnífica Tubular Bells, y el icónico tema principal de Halloween (1978). Indudablemente, las composiciones de Goblin son tan responsables del triunfo de Suspiria como la fotografía, y son definitivamente lo mejor que tiene esta película (más adelante explicaré por qué).

 

Por desgracia, sus dos elementos más recordados y característicos, son las únicas cosas destacables que hay en Suspiria, pues esta película falla estrepitosamente en todo lo demás. El guión es exageradamente plano y mediocre, y la historia no sólo es superficial y simplona, sino que además es un completo cliché (lo cuál es dolorosamente irónico, teniendo en cuenta que esta película ha alcanzado su estatus, precisamente por renegar de los clichés). Nos cuenta la historia de una joven bailarina norteamericana que viaja a una prestigiosa academia de ballet en el bosque de Freiburg, Alemania, y allí se verá atormentada por un círculo de magia negra, responsable de un par de muertes que ocurrieron el mismo día que ella llegó. Es decir, es la típica historia de una joven que se aleja de la dulce civilización para irse a un sitio aislado y olvidado de la mano de Dios, donde se topará con uno o varios asesinos que le harán la vida de cuadritos por un rato, pero al final sobrevivirá, simplemente porque es la final girl. Más de lo mismo. Pero lo peor por lejos (refiriéndome aún al guión), es el hecho de que está lleno de posibilidades desperdiciadas, lleno de elementos que, de haberse aprovechado, habrían podido convertir esta película en una obra maestra. ¿Una historia de terror ambientada en Alemania durante los años setenta? Uno pensaría que se escogió este contexto para aprovecharlo, y utilizar la cultura y situación social de Alemania en aquella época para enriquecer la historia y dotarla de trasfondo, pero no, la película sólo sucede en Alemania porque…Bueno, porque quiere ser única y diferente. ¿Una historia de terror con el arte del ballet como temática principal? Se podría haber aprovechado para dar una mirada a la obseción artística (como lo hizo Darren Aronofsky, con su excelente Black Swan, más de treinta años después), para explorar la fuerza y habilidad de las bailarinas en un contexto peligroso y hostil, o usar la dedicación a la danza como excusa para explorar la relación del arte con el espiritismo y lo esotérico, pero no tenemos nada de eso. El ballet no aporta absolutamente nada, y sólo está ahí por el mismo motivo que la locación: para intentar inyectarle originalidad y frescura al guión. Pero se hace de forma tan desganada, y su aporte es tan inexistente, que al final es como si estos elementos no estuviesen ahí, y simplemente estamos viendo la misma trama cliché de toda la vida. Y lo mismo ocurre con nuestras antagonistas. ¿Una película de terror violenta y comprometida, con un círculo de brujas como villanas? ¡Hazme el favor! ¡Eso podría haber sido increíble! La magia negra es un concepto que parte de la vida real, independientemente de si creemos o no en la brujería, los círculos ocultistas existen, las organizaciones que se dedican a estas cosas son completamente reales, y se prestan para hacer una película de horror que martille el cerebro de la audiencia con la idea de que tal vez estas cosas si sucedan en nuestra realidad. Además, la magia negra podría utilizarse para traer escenas de muerte completamente demenciales, dantescas y transgresoras (como la del pianista ciego y su perro hipnotizado), pero en lugar de eso, tenemos…Un asesino con un cuchillo de cocina y una navaja de afeitar. La mitología de las brujas y la extensión de sus poderes, así como la naturaleza profana e inescrupulosa de sus prácticas, son cosas totalmente desperdiciadas, y al final todas mueren juntas en una escena tan patética como risible, que ni siquiera para impactar funciona. Analizar la trama de esta película es exageradamente frustrante, porque a diferencia de otras películas de horror mediocres de la época, esta si que tenía potencial, y de haber explotado aunque sea una sóla de esas ideas, sin dudas no sólo habría pasado a la historia por una fotografía y un soundtrack increíbles, sino también por una historia memorable. Pero no. Aquí sólo se esforzaron para que todo se viera bonito y sonara excelente, y nada más. Y ni siquiera he hablado de las colosales incoherencias que tiene el guión. Oh sí, hay que mencionarlo: no chicos, no tiene sentido que Pat Hingle, una jovencita común y corriente, pueda aguantar tantas puñaladas (algunas directamente en el corazón), pero luego Helena Markos, la líder del culto, la Reina Negra, la todopoderosa, única e inigualable Mater Suspiriorum, sea asesinada en el acto por una simple puñalada en el cuello, de la mano de una chica ingenua y torpe, que no tenía ni la menor idea de lo que hacía, y tampoco tiene sentido que Sara entre a ese cuarto desde la ventana (o lo que sea), y observe hacia abajo, y aún así decida bajar, sabiendo que el cuarto está lleno de alambres de púas. Y tampoco tiene sentido que a Sara le corten la garganta y no le salga ni una gota de sangre, o que a estas alturas, después de tantos años practicando magia negra, las brujas aún no sepan que su energia oscura puede acelerar la putrefacción de la comida, o que sean tan subnormales como para poner a Markos a dormir al lado de las estudiantes (ya que se supone que ellas no deben saber que Markos se encuentra en la academia), etcétera, etcétera, etcétera. Los personajes son planos, carentes completamente de identidad, trasfondo o desarrollo, y las pésimas actuaciones no ayudan en absoluto a mejorar el desastre. La interpretación de Jessica Harper es la mejorcita de la película, pero incluso esta es terrible, unidimensional y totalmente incapaz de transmitir lo que su personaje debería estar sintiendo.

 

Suspiria es, en esencia, un magnánimo triunfo del estilo sobre la sustancia, la parte estética y sonora son brillantes, pero estos elementos deberían ser herramientas para contar una historia, para aprovechar la narrativa audiovisual, pero si la historia es tan absurda y deficiente, todo ese logro técnico pierde su valor, y queda como algo meramente vanal. Comparémosla por ejemplo con Blade Runner 2049 o Birdman (Or the Unexpected Virtue of Ignorance). Ambas películas son visualmente hermosas, pero no por vanidad. Estas obras usan su color y su fotografía como elemento narrativo, para desarrollar y explicar a sus personajes a través de una imagen. En Suspiria, el color y la imagen rara vez sirven en función de la historia, y son más una decisión estilística que otra cosa. Por eso dije antes que las composiciones de Goblin son lo mejor que tiene esta película, porque son el único elemento de todo el film que está donde tiene que estar, cuando y como tiene que estar. La música ayuda a narrar la emociones de los personajes, y el tono de una situación específica, sirviendo siempre en función de la historia, y entregada completamente a un propósito. La banda sonora es asombrosa, pero no es un derroche gratuito de talento, a diferencia de la fotografía, que sólo está ahí para que Argento pueda presumir sobre lo bien que se le dan los excesos visuales, y eso no hace más que desmeritar la obra, y reafirmar qué, en efecto, es sólo un hermoso y melodioso cascarón vacío.

 

Para concluir, empecé diciendo que aún no olvido lo que sentí mientras veía esta película por primera vez. Y lo que sentí fue una mezcla pavorosa de frustración indescriptible y admiración tremenda. Veía una película con un tratamiento cinematográfico increiblemente complejo y brillante, y un soundtrack que a estas alturas no he podido sacar de mi cabeza, pero también veía actuaciones lamentables, un guión terrible y lleno de incoherencias y posibilidades desperdiciadas. Pero creo que a pesar de todo, Suspiria si vale la pena. Está muy, muy lejos de la “obra maestra” que algunos afirman que es, pero aunque sólo sea un cascarón vacío, la genialidad técnica por la que es recordada aún sigue vigente, y no ha perdido nada de lo que impresionó a todos en 1977. La fotografía y el soundtrack no bastarán para convertirla en algo magistral, pero si bastan para que sea una experiencia sensorial única e irrepetible, que todos los fans del género deberían experimentar alguna vez.

 

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Misery

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