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Tabor



Tabor - Literatura

Débora recibió el soplo de vida.   Su mente inconsciente aún;  no discernía a cerca del Don que le había sido dado, y como un  diminuto pez, aleteaba entre tibias y blancas sábanas de algodón, bajo la escrutadora mirada de su madre.  El padre visiblemente emocionado, observaba día tras día la conmovedora escena madre-hija, mientras preparaba la férrea indumentaria de trabajo pastoril, que lo mantenía alejado del cálido hogar por largas horas.

Los días eran antiguos y frescos en aquel mismo cielo que hoy se cierne contaminado sobre nuestras cabezas; Las mismas estrellas brillaban en la apoteósica  nocturnidad, como un cúmulo de chispazos nacidos de un choque de rocas.  La bondad atravesaba las almas como una transparente espada láser preñando de luz al ser humano, que habitaba confiado en su delicado templo de carne y huesos.  La vida era otra cosa, un sentimiento divino que galopaba sobre las cosas esenciales. La esencia… Que se tragaba lo material como un bolo de chatarra que no prosperaba sobre el incipiente mundo.

Débora escucho su voz, sí, la de Dios; quien sabe cuando fue la primera vez. Aquel que bajó sus altísimos ojos hacía una humilde mujer,  dándole el trabajo honroso de predecir y de participar en sus batallas con un pequeño cuerpo de dobles nudos.  Desde cumbres,  como juez, sus miradas recorrían las montañas y los ríos se desbordaban como gigantescos cántaros vaciados de repente.  La fe  sostenía su llameante coraje. Entre hombres fuertes caminaba con sus labios limpios, ecos de las palabras de aquel que todo lo puede. Anunciando el infortunio de Sísara en manos de otra humilde mujer.

Donde están tus jueces Mi Señor? ¿Por que siguen blandiendo sus espadas aquellos que corrompen? ¿Por que sigue aumentando la injusta medida de atropellos y vejaciones? ¿Cuando nos consolaras con el mundo que planeaste? De hecho, las calles son oscuras. La muerte se traga la esperanza.  Los sueños son vanos episodios de éxito que nos dejan hambrientos entre ornamentada basura de papel, sin aliento y con las mismas ganas.  Cuando nos asistirás con tu espíritu y pondrás fin a este largo retazo de ignorancia que vela nuestra consciencia? Angeles Encasa/M.F.

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Angeles Encasa

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