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Te ayudo a dejar de ser feminista III

Te ayudo a dejar de ser feminista III - Salud

El feminismo es una enfermedad ideológica, como la diabetes es una enfermedad metabólica o  la tuberculosis vírica. Entre todos nos tenemos que ayudar a protegernos de ella; y además si enseñamos a nuestras defensas a combatir esta variante, les será más fácil defenderse de otras enfermedades parecidas.

 

Hoy vamos a analizar críticamente dos pancartas de manifestaciones feministas:

Las emociones son «modos» de comportamiento, en los que todo nuestro ser reacciona a estímulos (externos e internos) con unas formas de percibir, comportarnos y pensar que son más estereotipadas cuanta mayor sea la activación emocional. Emoción tiene la misma raíz que movimiento, porque son estados de movilización, actuación inmediata.  Las emociones sirven para sincronizar nuestro microcosmos (que todo el cuerpo y la mente actúen muy coordinados) y el macrocosmos (cuando nos emocionamos junto a otras personas afines, la emoción se contagia y nos convertimos, por un rato, en un ente colectivo que incluso puede cantar una canción o consigna para promover esta sincronización).

Las emociones son buenas; nos permiten reaccionar sin pensar, algo que es importante cuando un perro intenta mordernos (miedo), nuestro hijo nos trae buenas notas (alegría) etc. Nos ayudan en esas ocasiones en las que no hay tiempo para analizar bien y planear nuestras respuestas, como cuando nuestro equipo marca y gana la final. Sin la respuesta emocional, ese momento de comunión y éxtasis con los amigos no se produciría, sería como leer el resultado en un periódico.

Sin embargo, las emociones no son razones. No podemos decidir qué es conveniente o no, justo o no, teniendo en cuenta las emociones. Cuando somos bebés nos lo enseñan nuestros padres: da igual que lloremos, no podemos tomar chocolate o salir a jugar a la calle si está lloviendo. Las feministas pretenden que sus lloros, chillidos y pataletas decidan por ellas, y por todos nosotros, qué es mejor hacer.

Cuando estamos activados emocionalmente, no pensamos con claridad; literalmente, no tenemos razón, o está bajo mínimos. Los movimientos totalitarios como el fascismo, el islamismo o el socialismo promueven la activación emocional en manifestaciones, discursos y cadenas de tuits porque no creen que las personas individuales tengan nada que aportar; sólo su energía y recursos físicos. Lo que importa es la organización, el «pueblo», Ein Volk como lo llamaban los nazis. Los movimientos de masas quieren seguidores de la conga del líder, no puntos de vista particulares. Se puede decir que un Movimiento (que tiene, recordamos, la misma raíz que emoción) es una forma de convertir a millones de personas en una sola marcha militar, aprovechando el mecanismo de las emociones que nos dio la Naturaleza para reaccionar como cuando éramos sólo animales. La Civilización comienza donde terminan los gritos, enseñas y tumultos, y se abre espacio para el debate respetuoso de la razón y los hechos, buscando el bien común; lo que dicho cultamente se llama «ágora». El feminismo lucha por cerrar ese espacio. Y las emociones manipuladas son su instrumento.

Los carteles tipo «nos queremos vivas», «nos asesinan» y similares persiguen, por una parte, excitar la respuesta de miedo-rabia ya que, gracias al poder de la imaginación, podemos inducir emociones con estímulos que no están presentes directamente. El miedo a la fiera invisible (y que por tanto está en todas partes, incluso entre nuestros seres queridos) es uno de los más poderosos y por tanto, útiles para la manipulación. Por otra parte, estos lemas pretenden que las manifestantes, o sus líderes, representan a las mujeres que realmente sufren violencia o son asesinadas. Esto me duele mucho, porque al menos en mi país España no es así. En España al menos, y en Europa, el feminismo antepone siempre la ideología a la humanidad. Es decir, sólo «le duelen» los asesinatos y violaciones que están en perfecta consonancia con su ideología. En mi país, si se comete una violación salvaje por parte de un grupo o una mujer es muerta, podemos deducir que el autor o autores son españoles o extranjeros en función de si hay una reacción de los grupos feministas o el silencio. Los ataques, algunos muy brutales y cuyo reporte nos deja acongojados, no son comentados en absoluto, ni siquiera en redes, si se ha sabido que los violadores o asesinos tienen la piel oscura o son árabes. Tampoco se defiende, todo lo contrario, a las mujeres que por ser de partidos liberales, sufren agresiones y amenazas de muerte. El feminismo en España se manifiesta CONTRA la prisión permanente revisable incluso cuando una chica ha sido asesinada por un asesino de mujeres puesto en libertad; y se manifiesta CONTRA la expulsión de los inmigrantes que violan, prostituyen o matan mujeres en España. Por eso las pancartas como la de arriba, son cínicas e hipócritas hasta la náusea. Pura manipulación, a la que como digo sólo le importan las víctimas que puede instrumentalizar e ignora descaradamente la mayoría.

Para terminar, una pancarta de Andrea Arriola, que me gusta por basarse en argumentos y no en apelar a las emociones básicas:

 

 

 

 

 

 

 

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DiegoT

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