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Te Extraño En Los Detalles

Te Extraño En Los Detalles - Literatura

Cuando te extrañé por primera vez, lo hice a todo volumen. Fue ruidoso y exagerado. Fue detrás de puertas cerradas a golpes y gritos desgarradores y guturales con la nula esperanza de ser silenciados. Fue con copas de vino rotas y con restos de vidrio que se metieron en las grietas de mi alma.

Fue destructivo y visceral y exigió la atención de todo el mundo. Lo cargué conmigo como una advertencia, una bandera roja; y se convirtió en un sentimiento andante de dolor y pérdida por mucho tiempo.

Y después un día… Desapareció.

Sequé mis lágrimas y me levanté de la cama. Barrí los vidrios rotos y vendé mis heridas, aquellas que estuve ignorando por mucho más tiempo del aceptable. Renuncié a dejar que el dolor me siguiera como una sombra, y llené mi vida de nuevas personas y un nuevo hogar, y le dije adiós a ese duelo.

Me arranqué la etiqueta que marcaba el final de lo nuestro y que estaba adherida a mi cuerpo, e hice todo lo posible por redefinirme como esa chica que nunca te necesitó.

Como la chica que ya no te extrañaba.

Y por un tiempo funcionó. Me teñí el cabello y me mudé a una ciudad en la que nunca me habías tocado. Llené mi mundo con pasiones y personas que no conocía y recordé cómo se sentía reír y ser positivo de nuevo. Me reinventé y me aseguré de nunca más necesitar de ti ni de ninguna otra persona.

 

Y funcionó. No te necesité y no te extrañé.

O al menos no te extrañé en voz alta.

No había llanto, ya no me quebraba en el piso del baño a las 3 de la madrugada. Llené las grietas que estaban en mi interior y que se hicieron más profundas cuando te marchaste, y no temblé más en la noche debido al frío de tu ausencia.

 

Al contrario, me dí cuenta que te extrañaba en las cosas pequeñas, en los detalles. En lugar de sentir sólo un inmenso y doloroso agujero de angustia y sufrimiento por tu partida, fueron las pequeñas cosas las que me hicieron detenerme y pensar. Las que nuevamente me quebraron. Las que me recordaron que ya no estás aquí y de lo doloroso que todo esto sigue siendo.

Las que me hicieron, y que me hacen, extrañarte.

Te extraño cuando siento el olor a café fresco en las mañanas, y extraño observarte tomar cada sorbo de él mientras lees las noticias sentado frente a la computadora.

Te extraño cuando siento las gotas de agua rozar mi piel, y tus brazos no están ahí para abrigarme.

Te extraño a las 2 de la tarde de un domingo cuando sentados en tu sofá, jugando videojuegos, nos olvidábamos completamente del mundo exterior.  

 

Y en lugar de ser un dolor punzante y desesperado, es más calmado. Es tranquilo. Es un dolor suave y distante, más apagado, pero sigue estando presente.

Está presente cuando reservo un pasaje de avión y me pregunto quién se sentará a mi lado.

Está presente cuando escucho que empieza a llover afuera y me pregunto si también estará lloviendo donde tú estás.

Está ahí también cuando siento la brisa cálida de verano rozando mi cuello.

Y a pesar de que ya no llevo el llanto de tu ausencia como una insignia de deshonra, siempre será parte de mí. 

 

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kpuert

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