Literatura

Te perdono, y me perdono

Te perdono, y me perdono - Literatura

Te perdono, y me perdono

 

A mi me llaman de muchas formas, cosa que no es extraño cuando soy un cúmulo de todo y al mismo tiempo de nada. Aquí entre nos, mi problema es ella. Si has leído otra de mis entradas llamada “La Tormenta”, si, es ella. La tormenta tiene un nombre y un apellido que por obvias razones no tengo pensado mencionar, al igual que no voy a ahondar en qué tipo de relación tengo con ella. Todo lo que hace falta saber es que todo es su culpa. Ella me jodió.

Una cosa curiosa que tenemos en común las personas que escribimos para desahogarnos es que todos estamos escoñetados, jodidos, vueltos mierda, coloquialmente hablando. Bueno, esta bien, tal vez no todos, pero hay que aceptar que por lo menos la mayoría lo está. ¿Qué otra razón habría para vomitar un pedazo de alma escrito y darlo a conocer sin necesidad de tener que decir una sola palabra?. La única excepción que le encuentro a esta lógica es el puro amor al arte de escribir palabras bellas con la misión de maravillar al mundo con una visión perfectamente plasmada de algo hermoso. Pero, aún así muchos poetas hablan de la inevitable conexión que tiene el amor con el odio y el dolor, y para poder escribir sobre eso, yo supongo que primero hay que vivirlo para poder dejar un pedazo de uno en un papel.

Me disculpo si me desvío del tema, a veces me gusta divagar. Tampoco es mi intención generalizar a los escritores, después de todo, cada uno es un creador de posibilidades infinitas, y solo hablo por mi cuando digo que estoy muy jodida.

Para ser muy honesta, ya retomando el tema de La Tormenta, estoy escribiendo esto porque tengo la enorme necesidad de convertir algo tan horrible como el rencor en algo que valga la pena, solo por testaruda, de no querer darle el gusto de verme convertida en algo igual a ella, que vive la vida amargada, a pedazos, irremediablemente incompleta. Es lamentable ver como algunas personas solo saben destruir porque ellas están destruidas, al igual lo es estar completo y no poder arreglar a alguien que está roto, y que terminan por destruir a quien intenta ayudarlos. Pasa todo el tiempo.

Ella jamás va a leer esto, o por lo menos no en un buen tiempo, pero lo escribo para mi. Si, te odio, por todo. Me hiciste sentir culpable de tantas cosas que nunca fueron mi culpa, te burlaste de mi sufrimiento, me humillaste frente a muchas personas en más de una oportunidad y gracias a eso hoy tengo muchos comportamientos inconscientes que me han vuelto “pasiva” ante tus amenazas. Tú eres quien me hizo tenerle miedo al mundo. Pero por todo esto y más, te perdono, porque esa es tu naturaleza, y como no puedo culpar a un animal por asesinar a otro, no puedo culparte a ti por la carga que te toco, y porque tal vez no escogiste ser esto. Eso hacen las tormentas; llevarse los días soleados, pero no es tu culpa ser así, y sólo puedes ser lo que eres, y por eso te perdono, y me perdono a mi misma por tenerte rencor y por corromperme a mi misma solo para hacerte frente. A veces pienso que naciste del dolor, así que serás mi eterno recordatorio, de que no debo ceder ante el odio y el rencor o de lo contrario, ya jamás habrá días soleados, porque me habré convertido en ti.

Ojala algún día vuelvas a estar completa. Gracias. Te amo.

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Acerca del autor

Alejandra Montilla

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