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Teoría De Cuerdas Y Física Cuántica

Teoría De Cuerdas Y Física Cuántica - Ciencia

Ante todo quiero aclarar que no soy ninguna experta en ciencia, pero desde hace tiempo me interesó la Física Cuántica y poco a poco la curiosidad me llevó a leer diferentes artículos relacionados con este tema. Y es que la Mecánica Cuántica llama la atención desde el momento de su aparición, hace ya más de 100 años, al lograr que se tambaleasen los cimientos de una de las grandes y mundialmente aceptadas teorías: La Relatividad.

Por separado, ambas parecen funcionar, pero juntas parecen ser totalmente incompatibles. Desde hace un siglo, se ha tratado de unir ambas y así es como apareció en el mundo científico La Teoría de Cuerdas, también denominada Teoría M o Teoría del Todo, la cual dice que las partículas son en realidad «estados vibracionales», cuerdas, que vibran en un espacio―tiempo de once dimensiones, la mayoría de ellas, como es lógico, que jamás hemos percibido (creo que en la actualidad las dimensiones estimadas por algunos científicos son hasta veintiséis).
El concepto básico de esta teoría es fácil de entender. Asegura que todo en nuestro Universo, desde la partícula más pequeña, pasando por nosotros mismos, incluso la estrella más lejana, está compuesto por un único ingrediente, unos minúsculos hilos de energía llamados cuerdas. De este modo, la única diferencia entre un ser humano, un árbol o un planeta, por poner un ejemplo, sería el modo en el que vibran estas cuerdas.
Fue el brillante Edward Witten quién terminó de dar «el toque de gracia» a esta teoría, aunque en su historia encontramos multitud de nombres que han influido o colaborado en ella en mayor o menor medida, como Leonard Susskind, Gabriele Veneziano, Michael Green… Hay muchos más y como ya te he comentado, no soy una entendida en este tema, pero estoy convencida de que en la actualidad se han incluido muchos nombres a estos que ya cito y muchos otros descubrimientos, pero en tu mano está el seguir indagando: puede que te guste adentrarte más, ya es realmente apasionante.
Esta teoría, además, da un paso de enorme al unificar a los dos gigantes que convivían en física: la Mecánica Cuántica y la Teoría de la Relatividad de Einstein. Me llamaron mucho la atención dos conceptos: primero, que todo se base en la vibración de esas cuerdas energéticas y en segundo lugar, la posibilidad de existencia de Universos paralelos al nuestro. Estos, estarían alojados en membranas gigantes, al igual que nuestro propio Universo, solo que en otra dimensión a la que no tenemos acceso. No se sabe si estos Universos tendrían alguna influencia en nosotros o si a través de ondas gravitacionales sería posible «comunicarse» con ellos… Es algo realmente confuso para la mayoría de nosotros y además, al ser una teoría relativamente reciente tiene por delante una ardua y laboriosa investigación.
Parece algo de ciencia ficción y cierto es que se ha creado una gran polémica sobre muchos de los aspectos de esta teoría, pero si somos conscientes de nuestra historia, de tantas y tantas teorías que en su momento parecieron inverosímiles y luego resultaron ser ciertas, no creo que debamos descartar ninguna posibilidad. Es un punto de vista, desde mi modo de ver, pueril y egocéntrico, el pensar que somos el centro de todo y que lo único admisible es aquello que el hombre, rey del Universo, puede ver, probar y medir. Lo que vemos, tocamos y experimentamos es «nuestra realidad», pero eso no significa que sea «La Realidad Absoluta».
Como ya he comentado, antes de la Teoría de Cuerdas ya había experimentado una gran curiosidad por la misteriosa y caótica Física Cuántica. La Mecánica Cuántica describe el comportamiento del mundo a escala subatómica. A ese nivel, lo extraño y peculiar es habitual, resultando básicamente impredecible.
Podríamos decir que en el mundo cuántico las posibilidades son múltiples, mientras que en «nuestro mundo habitual», dichas posibilidades se reducen a una concreta. Un ejemplo de esto es el conocido experimento del gato de Schrödinger, que cualquiera de vosotros puede consultar pues es un clásico, pero yo pondré otro ejemplo que creo que es más sencillo de entender:
Si lanzamos un dado sobre una mesa, hay diferentes números que podríamos obtener como resultado. Podría ser 1, 2, 3, 4, 5 o 6. A nivel cuántico, todos esos números conviven. A nuestro nivel de realidad, solo es posible un único resultado, ya sea 1, 2, 3, 4, 5 o 6.
Es decir, si imaginamos que dicho dado lo movemos dentro de un cubo, hasta que no lo levantemos, los seis resultados son posibles, por lo que permanecemos con todo el abanico de posibilidades abierto, como sucede con la física cuántica. Al levantar el cubo, no podemos encontrarnos con los seis números a la vez, solo con uno, entrando de este modo en nuestro nivel de «realidad».
Otro componente básico, quizás el más importante de todos, es la conectividad a nivel cuántico. Las partículas pueden estar conectadas a pesar de estar lejos la una de la otra. Este entrelazamiento contradice completamente nuestro concepto del espacio, según el cual dos objetos que se encuentran separados no pueden estar juntos al mismo tiempo. He escuchado en más de una ocasión que todos estamos conectados de algún modo y esa idea me pareció extraña al principio, pero ha ido abriéndose paso en mi interior de un modo peculiar, haciendo que me plantee hasta que punto era cierta esa afirmación. El experimento del centésimo mono, del que hablaré más adelante en otros artículos, es solo una de las muchas cosas que me hicieron replantearme esto.
También me llamó poderosamente la atención el polémico experimento de la doble ranura. Puedes también consultarlo, pues hay muchísimas páginas en la red que lo explican, pero resumiré lo que encuentro realmente sorprendente en él: las partículas que lanzaban a través de una doble ranura se comportaban de un modo u otro según las observaban o no. Es decir, el observador influía en el comportamiento de dichas partículas. Esta idea que nos dice que el esperar un resultado, favorece su aparición, es otro de los conceptos que en su día no terminaba de aceptar, y que sin embargo, a medida que pasa el tiempo, se presenta más nítido ante mis ojos. Relacionado con esto encontramos los experimentos de eventos aleatorios. Hay muchas variantes, pero te explicaré una muy sencilla: una computadora genera de un modo aleatorio dos números, el 1 y el 0. Se comprueba que hay una probabilidad consistente de que aparezca uno u otro número. Luego se le pide al sujeto que piense solo en uno de ellos, que se concentre en un resultado, digamos que en el 1, por ejemplo. Lo que ocurre en este caso es que precisamente es ese número el que sale con mayor frecuencia, invalidando toda probabilidad anterior. Al igual que en física cuántica y el experimento de la doble ranura, el esperar un resultado concreto, hace que se dé. La pregunta obvia tras este resultado es, ¿puede aplicarse a nuestra vida diaria?
Sí me gustaría finalizar este artículo mencionando a Max Planck. Fue premio Nobel de Física por sus investigaciones sobre el átomo y junto con Einstein es considerado una de las mentes más brillantes de nuestro tiempo. Max Planck, esa persona que creo que cualquiera de nosotros consideraría extremadamente inteligente y racional, cuando aceptó el Nobel dijo que pensaba que existía una mente consciente e inteligente que es la fuente de toda la materia. Creo que es una idea en la que merece la pena detenernos por unos instantes.

Espero que os haya gustado el artículo, al menos como una primera aproximación a estas teorías para que luego podáis ampliar la información por vuestra cuenta. Como siempre, te agradezco que lo compartas en tus Redes Sociales y me ayudes de esta forma a llegar a más personas. Puedes leer otros artículos míos visitando mi perfil. Te recomiendo, por ejemplo, La importancia de las emociones en nuestro cerebro

 

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Acerca del autor

Cristinace2018

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