Política

Teresa Marinovic: La tiranía de la estupidez

Teresa Marinovic: La tiranía de la estupidez - Política

 

El siguiente articulo es una nota de Teresa Marinovic, Licenciada en Filosofía y columnista de Biobio y Lun.

Teresa Marinovic: La tiranía de la estupidez

 

Hace algunos meses un empleado de Google fue despedido de su trabajo porque dijo en un correo interno de su empresa que por razones biológicas el hombre tenía más condiciones que la mujer en el área de la tecnología, y la mujer por su afectividad, su sensibilidad estética, ventajas competitivas en actividades artísticas y sociales.

 

¿Cuál fue la justificación del despido? ¿Cuál fue el pecado del ingeniero?

 

Perpetuar los estereotipos de género…

 

Estamos hablando de un fenómeno mundial que combina la idiotez con el entusiasmo creativo y agrega una dosis de fanatismo; y es que como decía un político alemán: Dios se equivocó cuando le puso límites a todo menos a la tontera. ¿Qué está pasando con nosotros? Fuera de broma… ¿No hay una manera más inteligente de resolver los problemas que afectan a la mujer o tiene que ser poniendo en tela de juicio lo obvio? Como que tenemos diferencias biológicas con los hombres que nos hacen ( Dios gracias) radicalmente distintas a ellos, por de pronto: Bastante más sensibles, más perspicaces, más astutas, menos ingenuas.

 

¿Desde cuándo tener aptitudes para lo tecnológico, o sea, para manejar una maquina es más importante o valioso que tratar con personas que por lo demás son mucho más peligrosas que los computadores?

 

Por otra parte esta victimización de la mujer descansa sobre la base de una mentira. El hombre ha abusado históricamente de la mujer tanto como la mujer del hombre.

 

¿O no es verdad que en comparación con ellos tenemos una maestría en el arte de manipular?

 

¿O acaso no hemos utilizado mil veces quizá nuestro atractivo sexual para tener ventajas de todo tipo?

 

¿Desde cuándo es que nos caracterizamos por ser mansas y humildes de corazón o cándidas?

 

¡Por favor! En las relaciones humanas, en la relación hombre-mujer hay  una lucha de poder, pero el hecho de que las armas que usemos no sean las mismas no transforma a uno en víctima del otro. Las que están dispuestas entonces, a llegar a absurdos como lo de prohibir los piropos sobre la base de que son agresiones patriarcales, que empiecen a sacar de su ropero lo escotes, la ropa ajustada, los tacones ¿O los usan por un nuevo concepto de comodidad? ¿O van a ser tan deshonestas como para decir que lo hacen por si mismas? No pues…

 

Somos distintos… Porque el solo hecho de poder ser madres nos condiciona. Y aquí viene una novedad también para la dictadura de lo políticamente correcto: La maternidad no es un lastre ni un problema a resolver, es un privilegio, una inversión a largo plazo, pero hay que reconocerlo, que renta poco en el corto y que tiene sus costos, no solo por la fatiga de material que experimenta nuestro cuerpo sino también para los efectos de una carrera profesional, y es que nuestras propias prioridades cambian cuando tenemos hijos. Tampoco es lógico ni coherente, por lo demás, decir que para los efectos del aborto el hijo es un asunto que involucra a la mujer con su cuerpo y que después de su nacimiento la cosa es compartida. ¿En qué quedamos?  ¿Es asunto de la mujer o de los dos?

 

No puede ser, no es coherente en una sociedad libre que estemos obligados a pensar bajo tales o cuales categorías y que en caso contrario seamos acusados de toda clase de crímenes. Hay que defender entonces el derecho a decir lo que uno piensa del modo o en los términos que nos parecen correctos para desarticular esta nueva forma de totalitarismo que parte de lo semántico para intervenir la conducta y lo que es peor, nuestro pensamiento. Así es que si alguien quiere discutir que lo haga con argumentos, con evidencias, y ojalá con un mínimo de realismo pero no con imputaciones.

 

 Voy a defender entonces mi derecho a decir algunas cosas, las cosas que creo sin ningún complejo, como por ejemplo: que la homosexualidad es una anomalía, desde el punto de vista estadístico y psicológico, y que hay estudios que lo avalan. Voy a defender mi derecho a disenso, mi libertad para sostener eso como algo que no tiene nada que ver con la homofobia ni con la incitación al odio, así como a su vez respeto el derecho de otro a que piense y diga con toda libertad que me considera irresponsable, anómala o con un daño psicológico severo por tener nueve hijos, de hecho me atrevo a decir que estoy ligeramente de acuerdo con esa opinión. Voy a respetar incluso el derecho de otros a llamarme (como ha ocurrido) vaca paridora, vieja con facha de Mier–, cuica, concha… con un pequeño pero aceptable daño colateral inevitable por lo demás de la libertad de expresión, porque detesto la idea de una policía política y no estoy dispuesta ni a someter a otros ni a someterme yo a ninguna, tampoco a la de lo políticamente correcto.

 

En otro ámbito voy a decir que estimo que la riqueza de la cultura occidental, su idioma, su literatura, su música, su pintura es  infinita si se le compara con cualquier cultura indígena, la mapuche incluida. Voy a decirlo y a insistir en que esa opinión no me convierte en racista porque me avalan datos objetivos y si alguno cree lo contrario, bueno, que se atienda con la machilin conao cuando necesite algo, que aprenda mapuche en lugar de inglés, en fin… La libertad es una conquista de la civilización que yo al menos no estoy dispuesta a poner en tela de juicio. En todo caso quiero aprovechar para comunicarle a la izquierda que la palabra cultura es genérica e incluye por tanto a  todo tipo de cultura y que era inoficioso cambiar la expresión “Ministerio de la cultura y del arte” por la de “Ministerio de las culturas y las artes” pero en fin, como decíamos, la estupidez no tiene límites.

 

Quiero reivindicar además que soy católica y si para algunos mi fe es ridícula, yo le digo que es mucho más la proliferación de toda clase de creencia supersticiosa y practicas esotéricas, y si tan valientes son los que desafían el catolicismo que demuestren su osadía con los musulmanes. Ahí voy a empezar a respetar un poco más su ateísmo beligerante, porque hasta ahora aparecen revolucionarios de macetero, anarquistas en miniatura. A ver si se atreve el The Clinic por ejemplo a poner una imagen de Mahoma en su portada.

 

Respecto de la discapacidad no voy a decir que las personas lisiadas tienen “capacidades diferentes” tener una limitación no es una mera variación en términos de aptitudes y el hecho de pensarlo no me transforma en una persona insensible, inhumana ante el sufrimiento. La verdad es dolorosa y no creo que los discapacitados estén conformes con la idea de que alguien pretenda negar eso por medio de la semántica. El respeto por una persona, el respeto de verdad pasa por subestimarla con paternalismo que estoy segura, a la mayor parte de los chilenos les molestan, y eso vale para las mujeres, los homosexuales, los mapuche. La primera forma de respeto por una persona es la de atreverse a decirle las cosas con claridad y sin eufemismos, y eso no significa denigrarla ni menospreciarla.

 

En lo que se refiere a los animales, no tengo problema alguno con sacrificarlos si es que vagan por las calles de la ciudad y amenazan la salud de la población,  de hecho, en el reino animal unos matan a otros por dos razones: para defenderse o para sobrevivir, pa’ comérselo. Que los animalistas se enteren de cómo funciona la cosa en el reino animal antes de rasgar vestiduras, y nuevamente, con esto no estoy avalando la crueldad que es algo muy distinto y que califico como una conducta infrahumanas y por lo tanto despreciable.

La libertad señores fanáticos, esclavos idiotas de lo políticamente correcto, tiene sus costes: el primero es el de tener que coexistir con personas que piensan distinto, y créanme que la pretensión de ustedes, la pretensión del paraíso terrenal que tienen en la cabeza, donde no cabe ni la más mínima posibilidad de que alguien se sienta ofendido, donde hay un pensamiento único y uniforme es un lugar soso, insípido, y donde lo que prima es la idiotez.

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Conservador Intelectual

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