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Tinder : Cita 2 – El amor?



Tinder : Cita 2 – El amor? - Literatura

Estaba en Madrid y no podía perder la oportunidad de volver a usar la app.

Empecé a hablar con una argentina residente de madrid, linguista y aparentemente muy culta.  Por mensajes parecía ser mucho más atrevida y desenfadada que yo. Pero me permití a entrar en personaje dado que estaba en país extranjero y eso ameritaba quebrar algunos tabúes en mi diálogo de filtreo.

Quedamos en encontrarnos a las 12:00 (media noche) en el oso y el madroño. Sabía como llegar porque temprano había estado haciendo compras por la mañana con mi familia.

Esa tarde me pasé en la ducha 40 min y mirandome al espejo a ver si las pastas que comi durante todo ese viaje aún no se veían reflejadas en mi estómago. Y recordando un par de articulos que lei, acerca de la seguridad y toda la mierda del filtreo inicial, que uno debe sentirse deseado, cómodo, etc, decidñi vestirme toda de negro, a lo seguro.

Ésta vez moría de nervios, no tenia una amiga decorativa acompañándome al encuentro, no tenía como comunicarme con nadie porque mi red de datos no estaba activa fuera de mi país. Lo único que podía hacer para sentirme acompañada era ponerme los audífonos y elegir mi música de valor con sabiduría para no arrepentirme a pleno camino.

Debía subir al metro y seguir las instrucciones de una amiga, Kathy, que vivía ya algunos meses en madrid y conocía bien la ciudad. De hecho lo que le dije a mi familia fue que iba a verla a ella nuevamente, porque claro, el viaje no incluía citas tinder en el tour.

Pero claro, no tuve en cuenta que mis hermanos habían hecho planes con un conocido de mi hermana esa noche y también debian pasar por la plaza del oso y el madroño, por lo que todos nos subimos a un mismo metro. Por supuesto que no dejaron de preguntarme a quien iría a ver porque mi actitud era muy rara. Pensé con un poco de claridad y le confesé a mi hermana lo que realmente iba a hacer esa noche. Y que si no aparecía al día siguiente bueno, ya sabía que seguramente ésta chica me asesinó, pero que quería hacerlo.

Me llamó la atención una de las estaciones del metro, donde habían decoraciones gayfriendly. Quise bajar a explorar pero seguramente me perdería luego de eso, era mejor limitarme a la ruta trazada por Kathy y llegar a tiempo a mi cita.

Llegue a la plaza a las 12:05, con frío, 12:00 clavado y mi hermano empezó a insistir con que como ellos eran mayoría, debían acompañarme hasta mi punto de encuentro. Me tragué los nervios y enfrenté la situación con altura, no había forma que permitiera que mi cita tinder me vea como una niña, debía llegar digna. Así que un poco que los confundí diciendo que iba hacia un par, caminé rápidamente y mostré mi decisión de apartarme de la manada.

Una vez que los vi encaminados a su destino, cambié de dirección hacia donde realmente debía ir, la estatua del Oso. Regresaron los nervios, metí las manos a mis bolsillos del abrigo para dar un aire de serenidad que maquille mi angustia. Vi a una chica parada frente al oso, dándome la espalda, con audífonos blancos, un abrigo verde y fumando un tabaco. Le toque un hombro y le sonreí mientras esperaba que diera la vuelta.

Era un poco más alta y blanca que yo, de pelo castaño. Me sonrió también y nos dimos un abrazo que rompió el hielo. Luego de eso empezamos a caminar y hablar de cosas muy triviales mientras yo la escaneaba y decidía que me gustaba. No sé de qué hablamos durante toda la caminata que nos dimos hasta el bar, lo que recuerdo es haber mantenido esa sonrisa inicial durante todo ese tramo, felicitándome por haberme atrevido a conocerla y muy satisfecha con lo que veía.

Llegamos a un bar en lavapiés donde vendían cerveza en copa y de entrada nos obsequiaron unas tapas de atún que ambas rechazamos. (Claro que yo lo hice pensando en que esa noche nos besaríamos).

Nos abrimos por completo en esa mesa, hablamos de nuestros pasados trágicos, de nuestros sueños, de nuestras frustraciones, de filosofia, de pensamientos abstractos y absurdos, de supuestos, hablamos realmente de todo y reíamos.

Hablamos tanto que las copas de cervezas nos duraron 3 horas y el bar estaba por cerrar.

Yo me paré y pague la cuenta. Ella se paró y me ofreció comprar algunas cervezas más para tomarlas en su departamento.

Compró un six pack de 3 vírgenes, una cerveza que nunca había probado, parecía buena.

Su departamento estaba frente a una plaza llamada la campiña del nuevo mundo y nos acomodamos en una especie de cuarto que había sido acondicionado como sala de estar, había dos sofás, una mesa y una repisa de libros.

Abrió la bolsa de tabaco que tenia sobre la mesa y me ofreció probar, mientras yo abría las cervezas.

La conversación no dejó de fluir, pero las risas debían ser mas bajas porque tenia una roomate, christina. Que ya dormía.

Cuando se terminaron las cervezas, ella muy naturalmente preguntó si ya me provocaba dormir, para irnos al cuarto. Y entendí que era bienvenida a quedarme. Me ofreció ropa para cambiarme pero no acepté no quise quitarme la ropa que llevaba puesta, ya los nervios habían vuelto y eso solo me pondría más tensa.

Nos echamos mirando al techo y empezó a mostrarme algunos dibujos que había hecho, era una artista y yo ya sentía que quería mudarme a Madrid para estar cerca de ella.

Su cuarto era lindo, se sentía una energía muy pacífica, todo muy ordenado, muy zen. Noté que tenía un elefante miniatura igual al mío y lo vi como una señal porque yo soy así, un poco idiota.

Eran ya las 5 am y ella apagó las luces, el invierno permitió que siguieramos creyendo que aun faltaban muchas horas porque la oscuridad era casi absoluta. Hice mi cuerpo de lado hacia ella y ella hizo lo mismo. Toque mi nariz con la suya y empezamos a besarnos con mucho cariño. Besaba excelente. Pero me congelé de la emoción, no pude pasar de beso. (Me arrepentiré toda la vida por supuesto).

Al día siguiente desperté con su mano en mi cabeza, eran las 12 del día y mi familia estaba desesperada esperandome en el hotel porque era nuestro ultimo dia en madrid.

Me despedí de ella como si se tratase del amor de mi vida, disimulando el apuro que llevaba encima y volé a tomar un taxi que me llevara al hotel (25 euros). No importaba nada. Había sido la mejor noche.

En el hotel me putearon, mi maleta era la unica que no estaba cerrada y guardé todo como sea para poder guardar todo en el deposito del hotel y salir a nuestro ultimo dia de compras (esa misma tarde tomabamos el avion de regreso). Salí con la misma ropa de anoche claro, no hubo tiempo de nada.

Mientras estábamos en el metro camino al centro yo solo pensaba en ella mientras me pegaba mirando las calles de la ciudad que ahora era mi ciudad favorita. Cuando sentí un mensaje que entraba a mi celular (había olvidado que el metro tenia señal). Era ella! me pedía vernos una vez mas antes de irme, solo si era posible. Le dije que no sabia, que el tiempo estaba corto, que no podía prometer nada.

Almorzamos e inmediatamente me encerré en el baño, activé roaming internacional y la llamé: «hola, soy yo, no puedo hablar mucho, pero como sea iré a verte». – de verdad?? ok!!!

Propuse a mi familia dividirnos para hacer esas ultimas compras y una vez que pude alejarme pregunté a la primera persona que tuve en el camino, «cómo llegar a la campiña del nuevo mundo?» y bastó con que levantaran el brazo señalando una dirección para que yo empiece a correr mientras veía si se detenía algún taxi a mi favor. Nunca se detuvo ninguno, pero corrí a toda velocidad y logré llegar a esa plaza. La llamé y ella salió por el balcón de su cuarto. Subí corriendo, nos abrazamos, nos besamos, nos despedimos muy rápido (15 min). Grabé un video para ella mientras salía de su casa para enviárselo cuando volviera a tener datos.

Tomé un taxi de regreso a la plaza a ver a mi familia y comprar un par de perfumes en ZARA.

Luego fuimos al aeropuerto y me alejé un momento para permitir que se me cayeran un par de lagrimas necesarias.

 

 

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Blue Bird

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