Literatura

Tintín, El Sueño Y La Realidad

Tintín, El Sueño Y La Realidad - Literatura

Para intentar comprender una determinada época de la historia es necesario investigar en cientos de fuentes. Solo así uno puede hacerse una ligera idea cercana a la realidad ocurrida años atrás. El siglo XX resulta fascinante para todos nosotros, por lo cercano en el tiempo, pero sobre todo por la cantidad de acontecimientos trascendentes que ocurrieron. En mitad de todo lo que iba pasando, algunos intentaron narrar la realidad a través de personajes ficticios y pese a ello, no se alejaron mucho de la verdad. Hergé fue una de esas personas que narraron parte del siglo XX a través de las aventuras de un periodista metido a detective. Tintín y Hergé van de la mano. Han entretenido a muchos lectores de antes y de ahora. Y por ello conviene conocer la realidad de esas aventuras, porque uno de los grandes errores que se han cometido con Hergé, e incluso con un simple personaje de ficción (Tintín), es acusarlo(s) de ser cómplice(s) del fascismo. Juzgar a Tintín y a Hergé con los ojos de ahora es absurdo, pero si uno investiga un poco más puede darse cuenta de cosas de las que no suelen contar acerca de estos dos mitos culturales.
 Tintín, el sueño y la realidad, de Michael Farr, es un buen libro por el que empezar. En él se repasan de manera cronológica cada unas de las aventuras que Hergé creó para el bueno de Tintín (y para el resto de sus compañeros de dos y cuatro patas). Lo que se puede sacar de esta lectura es mucho. Hergé creaba sus historias a partir de la investigación, a pesar de lo cual muchas veces se dejaba llevar por los tópicos culturales de la época. Solo así se entienden algunos de sus patinazos. A menudo se ha criticado a Hergé por colocar a Tintín en situaciones que hoy en día definiríamos como políticamente incorrectas. Como cuando Tintín viajaba por el Congo con la visión occidental que se tenía del continente africano. Como decía antes, no podemos juzgar el pasado con los ojos del presente.
Hergé pasó por otras situaciones bastante más delicadas. Cuando Alemania invadió Bélgica, la prensa local tuvo que rendir cuentas ante el aparato de propaganda nazi. Las aventuras de Tintín se pasaron a publicar en un medio afín al nuevo estatus político, pero eso no quería decir que Hergé fuera un colaboracionista. De hecho, y como Farr explica en el libro, Hergé pusó a Tintín en una aventura en la que criticaba al fascismo alemán (El cetro de Ottokar). Si el aparato de propaganda nazi hubiera indagado mejor en la obra de Hergé, seguramente le hubieran prohibido seguir publicando sus viñetas durante la ocupación de Bélgica.
Conviene pues tener una visión mucho más amplia de la obra de Hergé y de las aventuras de Tintín. Lo que hace Michael Farr en este libro es abrirnos al mundo meticuloso de Hergé. Cada viñeta y cada historia suele esconder algún secreto. Acompañar cada lectura de las aventuras de Tintín con El sueño y la realidad de Farr es enriquecer la experiencia. Y de paso conocer un poco mejor la fascinante historia del siglo XX. Muy recomendable.
 

 

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