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Trainspotting Y El Club De La Lucha: Dos Historias Para Una Misma Generación

Trainspotting Y El Club De La Lucha: Dos Historias Para Una Misma Generación - Sociedad

Ahora que no paramos de oír ese latiguillo que intenta definir a una determinación generación de jóvenes, a los millennials, me refiero, conviene recordar que lo de poner etiquetas no es nada nuevo. Y conviene también recordar que, a pesar de que cada nueva generación se caracteriza por unos determinados gustos culturales y unas determinadas formas de comportarse, en el fondo todos los jóvenes, independientemente de cuando hayan nacido, acaban teniendo algo en común: la incertidumbre de su futuro. En los noventa, o tal vez ya en los ochenta o los setenta, se usaba el latiguillo de “generación X”, un término que ni siquiera se había inventado para referirse a los jóvenes de aquellas décadas (70, 80 y 90). Se usaba así para referirse a toda una generación de personas nacidas a finales de los 60 y principios de los 70 que se definían en conjunto por sus gustos culturales y sus comportamientos sociales. Tal vez aquella generación de jóvenes quedo caracterizada por cierto grado de frustración social que se alcanzaba en la madurez, cuando tenían que enfrentarse a la realidad laboral y económica. A mí me gusta verlo de esa forma, aunque está claro que “mi teoría” tiene más fallos que aciertos porque intenta definir a un grupo muy heterogéneo de personas. Todo esto lo utilizo para introducir dos acontecimientos literarios y cinematográficos que marcaron los años noventa: Trainspotting y El Club de la Lucha.

Trainspotting y El Club de la Lucha. Dos novelas convertidas en películas de culto. La primera, británica. La segunda, americana. Sin aparentemente nada en común, ambas novelas y películas gustaron (y mucho) a ese público de la llamada generación X. ¿Por qué? Supongo que porque ambas tenían como hilo central la frustración social de sus protagonistas. Tal vez muchos se vieron reflejados en ellos. ¿Y de dónde venía esa frustración y tristeza? Del consumismo. Solo hay que recordar el discurso inicial de Trainspotting, en donde su protagonista recita sin parar todas las supuestas bondades de la sociedad consumista. ¿Y qué hacía su protagonista entonces? No elegía “la vida”. Elegía la heroína (tal vez para apagar esa frustración que sentía). En el caso de El club de la lucha su protagonista había abrazado el consumismo como forma de vida, tanto que se sentía totalmente alienado e infeliz. ¿Y qué hacía su protagonista entonces? La consecuencia de todo aquello fue la irrupción de un alter ego cuyo objetivo era la destrucción de la sociedad consumista. Es decir, uno se volvió adicto a la heroína y otro se volvió anarquista (por definirlo de alguna forma). Ambas eran respuestas para combatir la infelicidad de la sociedad consumista en la que vivían (vivíamos, vivimos).

Juzgar los comportamientos de los personajes de ambas novelas y películas resultaría absurdo. Son personajes de ficción, aunque lo que manifiestan tanto unos como otros es realmente acertado. Seguro que todos nos hemos sentido alienados e infelices en una sociedad que te envía continuamente mensajes para que no dejes de consumir productos. No olvidemos otra frase icónica del alter ego del protagonista de El club de la lucha: Tenemos trabajos que odiamos para comprar mierda que no necesitamos. Resulta también irónico que las películas y las novelas que han alcanzado la categoría de culto se hayan convertido también en objetos de la sociedad consumista. Hay que reconocerlo, estamos atrapados en un círculo.

El final de ambas películas resultaba muy inquietante. En el caso de Renton, acaba traicionando a sus amigos por dinero, pero se le presenta un futuro nuevo por delante a ritmo de Born Slippy (acabará convirtiéndose en un consumista más si uno atiende a la segunda parte de Trainspotting). En el de Durden, se da cuenta de su bipolaridad, pero es demasiado tarde, pues su plan destructivo ya está en marcha a ritmo de Where is my mind? (si mal no recuerdo en la novela el plan destructivo no se lleva finalmente a cabo).

Mark Renton (Trainspotting):

“Elige la vida, elige un empleo, elige una carrera, elige una familia. Elige un televisor grande que te cagas. Elige lavadoras, coches, equipos de compact disc y abrelatas eléctricos.

Elige la salud, colesterol bajo y seguros dentales, elige pagar hipotecas a interés fijo, elige un piso piloto, elige a tus amigos.
Elige ropa deportiva y maletas a juego. Elige pagar a plazos un traje de marca en una amplia gama de putos tejidos.
Elige el bricolaje y pregúntate quien coño eres los domingos por la mañana. Elige sentarte en el puto sofá a ver teleconcursos que emboban la mente y aplastan el espíritu mientras llenas tu boca de puta comida basura.
Elige pudrirte de viejo cagándote y meándote encima en un asilo miserable, siendo una carga para esos niñatos egoístas y hechos polvo que has engendrado para remplazarte. Elige tu futuro. Elige la VIDA.

Pero porque iba a querer algo así? Yo elegí no elegir la vida. Yo elegí otra cosa, y las razones.. No hay razones. ¿Quién necesita razones cuando tienes heroína?”.

Tyler Durden (El Club de la Lucha):

“Quiero en El club de la lucha a los más fuertes y listos de la zona. Veo mucho potencial, pero está desperdiciado. Toda una generación trabajando en gasolineras, sirviendo mesas o siendo esclavos oficinistas. La publicidad nos hace desear coches y ropas. Tenemos empleos que odiamos para comprar mierda que no necesitamos. Somos los hijos malditos de la historia, desarraigados y sin objetivos. No hemos sufrido una gran guerra. Ni una depresión. Nuestra guerra es la guerra espiritual. Nuestra gran depresión es nuestra vida. Crecimos con la televisión que nos hizo creer que algún día seríamos millonarios, dioses del cine o estrellas del rock. Pero no lo seremos, y poco a poco lo entendemos. Lo que hace que estemos muy cabreados”.

¿Qué conclusiones podemos sacar de ambas novelas-películas? En mi opinión sirvieron para definir de alguna forma a toda una generación de personas que, pese a vivir en una sociedad que le ofrecía de todo, no fue capaz de superar la frustración de saber que la vida no es más que una forma de gastar tu tiempo a través del consumo continuo. Y por desgracia no es algo exclusivo de la generación X.

En fin, voy a buscar Trainspotting y El club de la lucha en el catálogo de Netflix.

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perher

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