Literatura

Tres versiones de Jesús



Tres versiones de Jesús - Literatura

Jorge Luis Borges escribió Tres versiones de Judas. Escribió también sobre el rostro de Jesús. Dijo que tal vez si conociéramos sus rasgos nuestros serían los secretos de las parábolas y sabríamos si el hijo del carpintero era también el hijo de Dios. Agregó que quizá la cara se perdió para que fuera la de todos los humanos. De Jesús hay más de tres versiones. Está la muy popular de que es un mito solar. Podemos desecharla. Los romanos tenían suficientes mitos solares para crear otros, menos uno que se engarzara con la Torá y el odiado, por ellos, pueblo judío. Tomado como personaje histórico, hubo, desde los primeros siglos, varias versiones de Jesús. Una, la de los gnósticos: no era el hijo del imperfecto dios hebreo, sino de una deidad suprema, puramente espiritual, que nos vino a enseñar cómo superar los males del mundo material. Otra, la de los primeros cristianos. En un libro pequeño pero muy interesante, El dogma de Cristo, Erich Fromm, por medio de análisis marxistas y neofreudianos, recrea la situación de los primeros seguidores de Jesús. Eran personas pobres, impactadas por el mensaje “bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados”. No tenían las armas ni la confianza para seguir a mesías guerreros que prometían un reino de este mundo. Prefirieron a uno que hablara de un reino de los cielos en el que serían recompensados. En su inconsciente se movía un complejo edípico contra Yahvé. Este, que había detenido el sol para darles una victoria 1300 años atrás, ahora no aparecía contra los romanos. Por eso no veían con malos ojos que un hijo de hombre les abriera las puertas de los cielos. Los primeros cristianos eran adopcionistas. Dios había adoptado a un hombre que había hecho méritos; no podían aceptar que su dios único y guerrero hubiese consentido en ser crucificado por sus enemigos o que tuviese un hijo, del que nadie había oído hablar, que hiciese esos trabajos. Pero sí era posible que adoptara a un hombre como lo había hecho con el pueblo de Israel siglos atrás. Cuando el cristianismo alcanzó a las clases altas de Roma, el discurso y la perspectiva cambiaron. Dejó de ponerse énfasis en los ataques contra los ricos y Jesús se convirtió en el logos del papa san Dámaso (calcado del Noús de Plotino). Un ser que, sin abandonar la gloria de los cielos, anduvo por la tierra, como un rico que condesciende a hacer favores a los pobres, sin perder ninguno de sus privilegios. Para Fromm, como para Marx, la clase social determinaba la perspectiva desde que era mirado Jesús.

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Acerca del autor

Luis Alberto Solórzano Sojo

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