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Tristeza – La Gran Maestra

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TRISTEZA – LA GRAN MAESTRA
Y fui vaciando el cántaro celeste
a cada sollozo caían estrellas
la fuente que fluía de mis ojos
no me dejaba ver la lluvia de luceros
mas llega el momento en que el cántaro está vacío
Y el hueco de mi pecho algo maltrecho.
Estoy en el punto cero.
Presto a tomar la lección.
 

La tristeza, dicen los que saben es un sentimiento de dolor anímico causado por un evento desfavorable que nos lleva a sentir pesimismo, insatisfacción y una fuerte tendencia al llanto. En sus momentos más álgidos puede conducir a una depresión, como sea, retomemos el punto de ser un sentimiento o emoción que nos produce la sensación de estar al nivel del piso y sin ánimos o fuerzas para levantarse.

Lo que nadie nos cuenta, es que la tristeza suele ser adictiva, si cierras los ojos y visualizas un evento doloroso para ti y lo recreas, volverás a sentir esa sensación de tristeza, ahora inténtalo con una emoción de alegría; el efecto no es el mismo.

Aunque seas capaz de reproducir la sensación de la alegría, sabes que la emoción no es tan intensa, nos volvemos especialistas en coleccionar momentos que duelen y esa sensación de agobio y pérdida se vuelve necesaria para funcionar.

Tiene una intensidad muy alta, nos envuelve y puede arrojarnos a pozos profundos de los que a veces no es sencillo salir. Sobre todo si permitimos que anide en nosotros. Su antagonista no es la alegría, porque ésta cuando es demasiada también agobia. Busquemos la paz.

La paz, la tranquilidad es el equilibrio que deberíamos intentar mantener a salvo, suceda lo que suceda en nuestra vida, si perdemos la paz, lo perdemos todo. Podemos vivir en estados de alegría o tristeza momentáneos, pero sin paz por tiempos largos jamás.

La tranquilidad es conservar la calma a pesar de un suceso duro o festivo, no significa no disfrutar o volverse seco, significa que comprendemos que los acontecimientos son pasajeros, que a una alegría sobreviene una pena y viceversa, y que al final del día, todo pasa.

Curiosamente la tristeza produce una especie de creatividad latente que se explaya cuando esta aparece. Las mejores canciones, las mejores películas, las mejores historias y pinturas casi siempre hablan de momentos que llevan esta característica, la tristeza como una plataforma que le da vida a algo más.

Será por eso que cuando está a punto de amanecer, es cuando más oscura es la noche. La calma que antecede a la tormenta, el dolor que se presenta antes de dar salida a lo que está dentro de nosotros.

Existen muchas razones para la tristeza, pero en esencia, solo se manifiesta cuando algo en nuestro interior se siente no amado. En muchas formas o alguna en específico. Ese es su origen, pero no su destino.

Desde que nacemos siempre estamos buscando el amor, de nuestros padres, hermanos, amigos, profesores, familia, pareja, etc. Y aunque seamos correspondidos no siempre nos aman como pretendemos serlo.

El punto en esto es que si esperamos recibir un amor de tal o cual forma estamos buscando fuera lo que deberíamos buscar dentro, nadie nos enseña que amarnos es lo único que se precisa para estar bien.

Siempre intentando encontrar el equilibrio y la luz que yacen dentro, eso es ceguera emocional y un ego inmenso que no te permite ver que aquello que necesitas nada ni nadie de afuera puede proporcionártelo.

Si dejamos a un lado el punto inicial, podemos comprender su misión, la tristeza por sí misma no es un ángel malvado ni un monstruo que vive bajo la cama. Es una ilusión que las personas sensibles utilizan para echar fuera el brillo interior.

Como mencioné anteriormente, es la base de una creatividad explosiva, intensa, como lanzar un cohete y que estalle en mil colores. Nadie sabe hasta qué punto puede llegar si recibe el impulso adecuado.

Es una emoción que deberíamos aprender a agradecer su visita pero no a hospedarse en casa, nos ayuda a crecer, a descubrirnos, a comprender mecanismos que normalmente no somos concientes que existen dentro de nosotros.

Si tomamos el impulso que nos provoca y lo unimos a alguna habilidad que nos guste, podemos transformar un malestar en algo que exprese no solo nuestro sentir sino que al mismo tiempo ayude a otros a liberar su propia emoción.

Es el juego de ayudarme ayudando, exploramos dentro de nosotros esa emoción, convirtiendo el pesar en algo fructífero. ¿Te gusta escribir, pintar, cantar, modelar o bordar? Pues tienes una oportunidad de oro.

No es algo que deberíamos desperdiciar llorando en la cama, sino permitirle expresarse a través nuestro. Una vez pasada la primera entrega de llanto, hay que darle salida construyendo.

Y que quede claro que esa expresión de inicio es algo que haces para ti mismo, que vas a darle una cara y un nombre y con ello permites que tu ser se manifieste expresando con empeño aquello que sientes.

No digo que con este ejercicio la tristeza desaparezca por arte de magia, sino que si permitimos sentirnos y expresarlo, podemos ver una cara del problema que no hemos visto, y eso a la larga o corta nos ayuda a dejarla marchar.

La tristeza viene a enseñarnos nuestra capacidad de empatía, de comprensión y a limpiar las tuberías. Cada vez que lloramos estamos limpiando cosas que ni siquiera recordamos que teníamos incrustadas por ahí.

Si entendemos la tristeza entendemos esa emoción en los demás, comprendemos el sentir del otro y eso nos acerca, nos vuelve más fraternales, más cálidos y comprometidos con las formas de expresión existentes.

De paso nos enseña a expresar sin oposición una emoción como cualquier otra, a dejar salir, a decirlo y mostrarnos tal cual. La vulnerabilidad no es una debilidad, es solo una característica de la personalidad, ni buena ni mala, solo es y está bien poder decirlo.

La próxima vez que te sientas vulnerable no intentes esconderlo, utilízala para ser más fuerte, aquel que puede decir lo que siente y mantenerse erguido, ya ha conquistado mucho de sí mismo, después de todo, no hay ser humano sin emociones.

Cuando ya se ha expresado descubrimos de pronto que se ha transformado, que ya no duele, que ahora tiene un rostro que es hermoso porque lo hemos diseñado nosotros y es parte nuestra. Se ha marchado.

Dejándonos un regalo de tranquilidad y descubrimiento, y en ello radica su mayor belleza. Ahora sabes que puedes utilizar esa emoción, o cualquier otra, para crear, para construir algo bello de los deshechos que nos dejan las experiencias que vivimos.

Cada vez que por los reveses de la vida la tristeza te visite, ábrele la puerta, tómate una buena taza de café con ella, abrázala, hablen de lo sucedido mientras trenzas tu cabello, lloren juntos y después dale las gracias, mírate en sus ojos y con suavidad y mucho amor, llévala a la puerta.

Al cerrar, sonríe porque acabas de recibir un regalo que debe ser armado y que solo te pertenece a ti, la decisión de compartirlo con el mundo es tuya, porque en este punto, cada quien tiene su propia obra.

Y si decides compartirlo, aprenderás también que todos llevamos alguna herida que intentamos sanar y ver una expresión de ello, nos hace sentirnos menos solos y de esa manera conectamos con el mundo, porque lo que siento yo, alguna vez, lo has sentido tú, entonces; hablamos el mismo idioma.

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Acerca del autor

Aniela Ramos Amezquita

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