Literatura

Tucunuma Y Paurario

Tucunuma Y Paurario - Literatura

Tucunuma y Paurario
 

 

En una linda  tarde, hace algún tiempo  estaba en casa, jugando en mi habitación cuando de repente el cielo se nublo y una fuerte lluvia comenzó a caer. Me acerqué a la ventana   y través de la lluvia observé un espectáculo  grandioso, allí como si quisieran besarle los labios al cielo estaban los Morros, si los viejos morros de San Juan vestidos con su túnica gris azulada, silenciosos, majestuosos.

 

Salí a la sala y allí encontré a mi abuelito, entregado a lectura como todas las tardes, me acerqué hasta él y sin pensarlo mucho pregunté:

 

¿De donde salieron esos Morros tan bonitos que veo desde mi ventana?

 

Mi abuelo me miró a través de sus lentes y me dijo con voz dulce:

 

Podría decirte muchas cosas acerca de los Morros, pero te voy a contar una historia que escuché a un anciano hace mucho tiempo. Siéntese aquí cerquita y escuche con atención.

 

 

En el principio d los tiempos, los indios palenques y tamanacos poblaban esta región, solo había tierra y sabana  cubierta por  arbustos pequeños.

 

El cacique llamado Tucunuma era un guerrero valiente, hábil y capaz, había guiado a sus hombres desde las tierras altas hasta los llanos huyendo de las terribles criaturas que habían invadido sus tierras y sembraban el terror con el ruido de sus cascos y espadas´

 

Este cacique tenía un hijo, muy joven llamado Paurario, inquieto, vivaz y un gran cazador.

 

Sucedió entonces que llegaron rumores a oídos del cacique, se acercaban los hombres blancos, venían convencidos que en esta región se encontraba un gran tesoro.

 

Tucunuma preocupado, llamo a consejo a los ancianos y les habló;

 

¡ El mal se acerca a caballo y  nos quieren despojar de todo los que nos pertenece¡ Somos muy pocos aquí para hacerles frente, no muy lejos  nos esperan nuestros iguales, debemos reunirnos con ellos.¡ Si nos quedamos,  sufriremos una gigantesca derrota y perderemos muchas vidas. Sin embargo, no podemos permitir que encuentren nuestro tesoro, debemos hallar la manera de esconderlo para siempre,

 

Después de muchas horas de cavilaciones  el Piache dijo a su Cacique:                      .  Se que hacer Los Dioses me han señalado el camino debemos ofrecer un gran sacrificio humano  a  Amulivac nuestro protector, después de esto los invasores nunca encontraran el Tesoro.

 

Tucunuma ofreció su vida enseguida, como jefe era su deber proteger a su pueblo, sin embargo faltaba un hombre para completar el ritual, fue así como Paurario con mucha altivez se colocó al lado de su padre, dispuesto a dalo todo por salvar a su tierra, muchos intentaron convencerlo de no hacerlo, debido a que era muy joven, pero fue inquebrantable su decisión.

 

 

 

Comenzó la ceremonia, para empezar los ancianos los bañaron con agua del río, también con vino de hojas de apio y achiote, luego los rodearon y todos caminaron al mismo tiempo, haciendo círculos después elevaron sus brazos al cielo, en ese instante  los dos hombres fueron inundados por una luz azulada y  poderosa que llenaba toda la atmósfera.

 

Todo se llenó de brillantes colores, fueron suspendidos hacia el cielo, sus penachos de plumas bailaban al son del viento y una gran felicidad se apoderó de ellos.

 

Amulivac los vistió con piedra caliza arrecifal y escondió el oro en los pliegues de las piedras. Entonces permanecieron quietos, vastos silenciosos, y fueron  convertidos en dos colosos que se elevaron el sabana límpida.

 

Los colonos llegaron, desesperados buscando el oro, se sorprendieron mucho al ver esas montañas encespedas en medio de la sabana, con aspecto de un castillo en ruinas, envueltos en la sombra del misterio.

 

Pocos meses pasaron y nunca encontraron el oro, agotados decidieron abandonar el sitio con las manos vacías.

 

Asombrado le pregunte a mi abuelo: Ese es un cuento tuyo o de verdad sucedió? Y él me respondió muy serio, eso es lo que dicen las voces del camino y ellas no mienten. Cada vez que  los contemples piensa que allí están Tucunuma y Paurario inquebrantables, erguidos elevando sus brazos al cielo para guiñarle un ojo a la luna, centinelas eternos de nuestro querido San Juan.

 

 

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sirius150

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