Historia

Tungunska, El Día Que En Siberia Se Paró El Sol



Tungunska, El Día Que En Siberia Se Paró El Sol - Historia

Pocos misterios cósmicos han desatado tanta curiosidad y literatura como el suceso acontecido en una remota zona de Siberia el 30 de junio de 1908, y que ha pasado a la historia como el evento de Tunguska. Pero, ¿dónde está Tunguska? En ninguna parte. Sí, quizás esta es la mejor situación que podemos ponerle, máxime en una época en la que amplias zonas de Rusia seguían totalmente inexploradas, manchas blancas en los mapas de la época. Y es que Tunguska está tan lejos de cualquier punto, de cualquier ciudad de referencia, que es mejor decir que no está en ninguna parte, o también en medio de la nada.

 

Pero esto no quita que hubieran suficientes testigos como para que ese suceso no pasara inadvertido. Estos contemplaron como una bola de fuego azulado, del mismo tamaño más o menos que el sol, cruzaba el cielo antes de oírse una explosión seca y una luz y un viento abrasador que hizo que algunas personas saltaran por los aires. “Fue como si el sol explotara”, dijeron algunos testigos. Le siguió un temblor de tierra que se estima que fue de unos cinco grados en la escala de Richter, suficiente para romper ventanas y arrancar árboles. La explosión fue detectada por numerosas estaciones sismográficas y durante varios días, hasta en Londres se podía leer el periódico en plena noche sin luz artificial. Las explicaciones a tan insólito fenómeno fueron varias, pero ninguna cierta.

 

No era una época en la que viajar fuera tan fácil y rápido como ahora, y el fenómeno quedó envuelto en el misterio hasta 13 años después. No fue hasta 1921 que llegó hasta allí una expedición al mando del geólogo Leonid Kulik, y por casualidad, al descubrir algo raro en diversos minerales que le llegaron de esos parajes, estaba especializado en minerología. Kulik y sus expedicionarios se entrevistaron con muchos testigos del incidente, que tenían perfectamente grabado en su memoria tan insólito suceso. Los árboles todavía estaban abatidos, en direcciones radiales, en una zona de unos 2.000 kilómetros cuatrados. Otros, más al centro del posible impacto, una zona de unos 70 kilómetros, se encontraban sin ramas.

 

Las explicaciones a lo acontecido ese ya lejano día en Tunguska son ingentes, a cada cuál más atrevida: un incidente OVNI, un agujero negro errante o incluso una explosión de antimateria. Esta última, sin embargo, fue seriamente considerada por una reciente expedición brasileña, que extrajo muestras de los árboles anteriores a 1908 (cada anillo de su tronco es un año), aunque en el de 1908 no encontraron ninguna anormalidad como, por ejemplo, un material desconocido en la Tierra. Cabe decir también que la existencia de la antimateria no deja de ser todavía una teoría que algún elemento nuevo dentro de diez, cien o trescientos años podría confirmar… o descartar para siempre.

 

Más tintes de verosimilitud tiene la caída de un meteorito. Un fenómeno semejante produciría una explosión tremendamente parecida al de una bomba atómica, con hongo incluído. Se estima que la explosión de Tunguska liberó una energía equivalente a mil bombas de Hiroshima. Sin embargo, al no encontrarse ningún cráter, la explicación más plausible es que un fragmento de cometa de al menos 50 kilómetros de diámetro penetró en la atmósfera, se calentó y explotó cuando se encontraba a unos diez kilómetros del suelo. Esta teoría parecería reforzarla el hecho de que la noche anterior se produjo una inusual lluvia de estrellas probablemente causada por el cometa 2P/Enke.

 

La explosión de un meteorito o de un trozo de cometa se asemejaría enormemente, como he dicho, a una explosión nuclear. De hecho, en época reciente, se detectó lo que parecía serlo en el mar al sur del continente africano, lo que hizo pensar en un ensayo nuclear sudafricano-israelí. Días después se comprobó que no habían restos de material radioactivo en la zona. Nos convendría empezar a entender mejor las fuerzas de la naturaleza, no sea que el próximo cometa que nos roce se confunda con una agresión de una potencia extranjera y desencadene una guerra nuclear.

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