Literatura

Un Adiós Es Un Regalo (Un Paisaje Que Se Admira De Lejos)

Un Adiós Es Un Regalo (Un Paisaje Que Se Admira De Lejos) - Literatura

“UN ADIÓS ES UN REGALO”

(Un paisaje que sólo se admira desde lejos)

Al paso le sucede nostalgia, el orgullo, o la resignación. Nada lograba eximirle de su culpa, lanza atravesada y yo en el ensueño de estar en igualdad de circunstancias… ¿Qué resulta de inexperiencia, ingenuidad y expectativa?

Continuamente tropezaba y me rasgaba la cara y las manos trepando por cimientos de nada, por caricias que siempre condenaba a muerte, porque quizá espero, espero en escala temporal, espero en demasía. Tenía 10 días de añoranza y 17 noches de insomnio, miedo inducido.

Recóndita una voz que impulsaba a evadir miradas, a creerme hormiga en colinas de musgo que a mí me representan toda una odisea surcar y a ojos de otros, son invisibles.

Prevalece, sí que es verdad. Es punzada entrecortada, el velo que cubre el rostro de la novia, la tela fina que embellece su entorno pero nubla la visión. Obstáculo que le vuelve manchón de óleo sobre tela de vida, forma distorsionada que reconoce, pero no palpa, se acerca a paso trémulo de su amor. Ahí, cuando resuena un “adiós”, cuando se resquebraja el alma, sale herida volando kilómetros del cuerpo para meditar.

Quedaba, el muro que se aplana con cada gota que le viene del rocío cotidiano, el peligro de esa gota insonora que martilla perpetua hasta clavar, a ser peor tortura que el tiro de gracia tajante y apiadado de su rehén.

Y en mi tinta de desbordó la misma danza ligera como cabello de ángel sobre el papel, con el trazo delicado de su nombre unido a un garabato torpe de corazón, que se esconde con sonrojo en las noches del  olvido de mi cajón, para que no le miren, para que me miren…

Antes de irse, el fantasma que se fué me dijo con el hilo de fuerza y el sollozo que le quedaba, que estaría bien, que le calaba pero era algo benéfico para ambas. Le supliqué hincada frente a sus rodillas que no me dejara. Alrededor había bosques y pastizales en sequía, humo asfixiante, ceguera. No habría más abrazo, no habría un consuelo. Pero me tomó fuerte de los hombros, me llevó hacia el mismo eje de su mirada, misma que me sorprendió ver cristalina pese a lo ocurrido, y modulando tras una profunda inspiración:

-“No nos gusta, pero es necesario, y estaremos bien”.

-¿Volverás?

-Siempre estoy.

Era todo confuso, la sensación del niño de supermercado que ve figuras ajenas atiborrando un espacio de gigantes pisando fuerte sin considerar su llanto y su errar el camino.

Puede que no exista más respuesta que el canto quedito, de la frialdad que emane para mí, y al silencio de estos muros y mis palabras a diario hago constar que le antepone mi amor, la sinceridad y el deseo por verle plena, aún si es lejos, aún si es en caricia ajena, aún si es en la tierra del olvido mi cara en su pecho enterrada, porque en ello escribo sus virtudes, y mis plegarias por su felicidad están intactas, son sordas al desprecio, son necias a la indiferencia y no entienden del “No”. No definen en tiempo ni la distancia, nacen y se emancipan como bichos, contundentes en su camino, en su misión.

Porque entiendo conforme el tiempo avanza, que amar contra pronóstico, sin convertirte en el juez más despiadado ante el rechazo no volvería el villano. Que no hay obligación si se habla de corazón, que los regalos rechazados no requieren ser desechados, pues su contenido sigue intacto, y eso te engrandece, cuando puedes amar en silencio sin que te arda el alma de resentimiento, sin que menciones un listado de ineptitudes ajenas ni te victimices, ahí quiero estar. Te hablo de amor a TODO. a TODOS. A TI.

El adiós es un regalo, un paisaje que sólo se mira desde lejos. Una nota que da arranque en su punto más álgido, y se modela en la trayectoria del tiempo.

-¿Y qué fue de aquella ánima que creí haberme abandonado?

Era de esperarse, así operan todas. Volvió, y no con las manos vacías. Me dejó algo sobre la mesa esquinera con una nota y ella en silencio, calma como ya otras ocasiones me permitió verla, sin decir más. En la nota se leía, con letra manuscrita dorada:

HÁZTE EL FAVOR DE ENTREGAR MI REGALO Y LA MISMA NOTA A QUIEN QUIERAS

“Te he traído una cajita adornada. Quizá no sea la envoltura más bella con que te topes, ni peque de ostentosa. Y a cuenta de que en todo sitio encontraba el mismo patrón, opté por confeccionar de cabo a rabo. Te la guardo por si un día quieres ver, por si decides aceptarla. Si decides desecharla, estás en tu derecho. Devuélvela intacta.  Pero no está a disposición para ultrajar, para vaciar por conveniencia, para que te entretengas o la maltrates. Sólo en ese caso, y aunque la etiqueta tuviese la exclusividad de tu nombre, regresará a mis manos para que sean ellas quienes le viertan a recuerdo, quizá a la fosa común, o quizá me gane ese lado ingenuo que me caracteriza y llanamente decida  que es sabio calladito, puede que hasta sea madura y asuma que a nadie hará daño existiendo y compartiendo mi aire mejor del tuyo, quizá sea fuerte y yo lo vea todos los días sin que me evoque la imposibilidad. Entiende, es muy tuyo, es todo tuyo, es todo para ti. Pero sale de mí, por ello y sólo en esa condición, puedo apelar a mi derecho sobre él”.

Y supe, que ese desprendimiento que tuvimos sería cíclico, me vió el pecho, y la cicatriz.

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Acerca del autor

Adriana Patricia MtzMuz

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