Literatura

Un corazón iluminado

Un corazón iluminado - Literatura

La imperfección es algo que nunca queremos que esté ahí, pero más tarde la vida nos hace entender que sin ella no tendríamos la perfección.

Un miércoles 19 de abril de 2018 me levanté plácidamente pensando en lo que iba a hacer con mi vida después de haber tomado una gran decisión, esperando respuestas a nuevas oportunidades puesto que ya llevaba varios días pidiendo en mis oraciones para que Dios me diera una respuesta sobre qué era bueno para mi realmente. Ya que la última vez había cometido errores, de los cuales me tocaba aprender.

Ahora estaba haciendo todo mucho mejor que antes y me sentía orgullosa. Después de haber realizado mi rutina matutina encendí mi computadora para descargar un documento, pero antes  decidí revisar mi Whatsapp para ver si había obtenido alguna respuesta. Muy contenta y esperanzada abrí la aplicación, vi los mensajes y no encontré nada. Nada excepto Estados alarmantes de mis contactos. Vídeos de personas corriendo y gritando. Lo más raro que pude ver en ese momento fue la imagen de la bandera de mi país con una mancha roja en ella, la veía una y otra vez en todos los Estados, sangre…sangre…y más sangre. Aunque la imagen solo era una simulación me dejaba mucho en que pensar.

Empiezo a preguntar  sobre eso a mis amigos y de pronto me encontraba a mí misma en un estado de shock, – sangre…sangre-, recorrí la casa en busca de mi madre para contarle, decidimos buscar las noticias en la televisión y después de unos minutos desaparecieron, el canal dejó de funcionar. La radio aún transmitía así que la escuchábamos, y yo seguía en el mismo estado. No sabía cómo reaccionar. Nuestros Gobernantes habían cruzado la línea. En seguida sentí un escalofrío recorrer todo mi cuerpo de pies a cabeza y no me sentía bien, me costaba respirar con tranquilidad. Estaba asustada. Miraba a mí alrededor y sentía como si el tiempo estaba tomando una forma distinta. Desconocida.

Olvidándome de mis situaciones futuras me pasé el resto del día tratando de analizar el problema al que nos estábamos enfrentando, pensando que quizás esto iba a tener solución muy pronto, pero más tarde todo empeoró. Resulta que la Policía había dejado de cumplir su papel. Nadie sabía qué hacer más que querer enfrentarse. Ya habían muerto 3 personas.

Los días pasaban y nicaragüenses eran heridos y maltratados. Cada cosa que pasaba era como una lanza en el corazón. Uno de los países más seguros había dado un giro de 180° grados, todo estaba cambiando por completo.

Pasados 2 o 3 días seguía reflexionando y pensaba que esto no podía estar pasando, más y más personas seguían siendo asesinadas, nos habían quitado la libertad, no respetaban nuestros derechos. El pecho me dolía tanto, estaba tratando de ser fuerte y solo me preguntaba a mí misma: – ¿Qué haría Cristo en mi lugar?- Una pregunta que había escuchado de una reflexión que hizo el Papa Francisco hace un tiempo atrás. Recordé que todo pasa por una razón y quizá no la sabía en ese momento pero seguro más tarde sí. Mi cerebro empezó a examinar lo que había hecho en situaciones duras como esta y… ¿Qué hacer?

Como si una gota de lluvia hubiese caído sobre mi cabeza, salió una voz de mi interior: –  ¡Ora!…solo eso. Me levanté de la silla con la frente en alto, dejé de reflexionar y empecé a enfrentar este problema desde abajo.

Durante las noches, empecé a rezar como nunca antes, e insistir como si fuera lo último que hiciera en toda mi vida. Sabía que no podía salir a luchar a las calles, pero estaba segura que esto era, una guerra espiritual. No era la primera vez que enfrentaba un problema de tal forma y que con un poco de fe y perseverancia esto terminaría de la mejor manera.

Una de estas primeras noches de rezo y oración, se hacen ya las once y me encuentro sola en la habitación con la imagen de la virgen María, una de Cristo, una vela encendida y mi voz repitiendo  de forma esperanzada el rezo. Mientras mi ciudad sufría, yo estaba pidiendo para que Dios les diera fuerza y fortaleza a todos ellos que estaban fuera y que este problema acabara pronto. En un instante las luces de la casa se apagaron, los aparatos electrónicos también, como si se tratara de un apagón, esperé a que se apagara la luz de la habitación en la que me encontraba pero nunca sucedió, nunca se apagó. Se volvió a encender todo nuevamente y seguido de eso sentí un escalofrío dentro de mí ser. Tan cálido y abrazador.

Sentí que mi tiempo se detuvo por un par de minutos y finalmente lo supe. – No estamos solos en esto.

 

Imagen: Pinterest. Vania Franco

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Acerca del autor

Isabelle de la Cruz

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