Historia

Un Crucero Por La Historia De Rusia

Un Crucero Por La Historia De Rusia - Historia

San Petersburgo, pese a su relativamente corta edad en comparación con otras grandes ciudades europeas (pues fue fundada en 1703), posee una gran y apasionante historia. Su mismo nombre es prueba de ello: la ciudad recibió su nombre de su fundador, el rey Pedro el Grande. El sufijo burgo representaba la voluntad de este rey de acercarse a Europa, de la cual Rusia había estado hasta entonces aislada. San Petersburgo fue concebida como una “ventana a Europa”, ya que estaba entonces a tan solo 38 kilómetros de la frontera con Finlandia. En 1914, al entrar en guerra con Alemania, el zar Nicolás II cambió su nombre a Petrogrado, ya que consideraba que Petersburgo sonaba demasiado alemán. Tras la Revolución, en rechazo de todo lo relacionado con los reyes —incluyendo la toponimia—, se cambió su nombre a Leningrado. El razonamiento era simple: Leningrado era la ciudad más importante de la URSS, y Lenin era la persona más importante. La ciudad recuperó su nombre original de acuerdo con los resultados de un plebiscito celebrado tras la caída del comunismo.

San Petersburgo sigue siendo la verdadera capital de Rusia en la mente de muchos rusos; no hay que olvidar que es Moscú, y no San Petersburgo, el escenario de la mayoría de los grandes acontecimientos de la historia de Rusia contemporánea, tales como varios asesinatos, traiciones y complots contra la familia real, la revolución bolchevique o el asedio en la Segunda Guerra Mundial.

Fortaleza de San Pedro y San Pablo

La ciudad recibe también el nombre romántico de Venecia del Norte, puesto que se alza en varias islas entre canales que desembocan en el mar Báltico. En total, 580 puentes cruzan la ciudad de San Petersburgo. Una de las islas más conocidas es la de Petrogrado, en la que Pedro el Grande estableció una cabaña donde vivir tranquilamente, alejado de la fastuosa corte. En esta isla se localiza el único puente que permite acceder a la fortaleza de San Pedro y San Pablo, amén de otras atracciones turísticas como el museo de historia política de San Petersburgo y el velero del holandés errante. Amarrado en esta isla se encuentra el famoso crucero Aurora, testigo de todos los grandes acontecimientos de la historia rusa del siglo XX.

El Aurora en la guerra ruso-japonesa

El crucero Aurora es un buque de guerra que se alza elegantemente sobre el río Neva, con sus dos mástiles y tres chimeneas aparentemente intactos desde la inauguración del barco en 1897, aunque en realidad el navío tan apreciado por los rusos ha sido restaurado en dos ocasiones. En su cubierta ondea la bandera de la marina rusa, un aspa azul sobre fondo rojo. Cada día, exactamente al mediodía, dispara un único cañonazo, recordatorio del que dio al Palacio de Invierno en 1917, dando comienzo a la Revolución (aunque este se produjo a las 21:45). Bajo un sol abrasador nada habitual de la ciudad, una larga fila de turistas, la mayoría nacionales y unos pocos extranjeros, aguarda su turno para entrar.

El diseño del Aurora es el conocido como crucero protegido, un modelo que combinaba ligereza y seguridad, haciéndolo ideal para acudir rápidamente a la ayuda de los barcos acorazados, más pesados, en caso de necesidad. Sin embargo, la aparición del modelo Dreadnought en 1906 hizo que el Aurora quedara muy pronto obsoleto.

El Aurora, junto con los dos otros buques que formaban la clase Pallada, tomó parte en la guerra ruso-japonesa de 1904 y 1905. Cuando Japón comenzó por sorpresa la ofensiva contra Rusia, el zar subestimó las capacidades del ejército japonés, pero lo cierto es que este estaba mucho más preparado que el ruso. Las armas del zar eran pobres y anticuadas, mientras que Japón contaba con una artillería potente y moderna. En su flota se incluía el acorazado Mikasa, el más avanzado en su tiempo. En el desastre de la batalla de Tsushima, el Aurora fue de los pocos barcos rusos que escaparon ilesos. El barco regresó el año siguiente al Báltico, donde fue jubilado como barco de guerra y se empleó a partir de entonces para el entrenamiento de cadetes o misiones diplomáticas como la asistencia a los supervivientes del terremoto de Mesina. Mientras tanto, la reputación del rey se deterioraba por momentos ante las derrotas aplastantes contra Japón.

El Aurora en la Revolución Bolchevique

Durante la Primera Guerra Mundial, el crucero volvió a la guerra con los cañones actualizados según las necesidades de los nuevos tiempos. Sin embargo, el armamento ruso seguía anticuado respecto a las potencias europeas, y el ejército de Nicolás II acumuló una derrota tras otra. El descontento por la situación empujó la revolución de 1917, en la que el Aurora también tuvo un papel protagonista. Mientras el barco se encontraba varado en Petrogrado para hacerle unos arreglos, la tripulación del barco se sintió atraída por la revolución que corría de boca en boca. Un comité revolucionario formado dentro del buque participó activamente en los preparativos para el asalto al Palacio de Invierno.

El 25 de octubre, el buque recibió la instrucción de regresar al mar; su negativa a cumplirla dio el comienzo a la revolución, y su disparo contra el Palacio dio a los bolcheviques tanto dentro como fuera del barco la señal de ataque.

Dado su carácter simbólico como icono revolucionario, y siendo evidente que el barco estaba demasiado obsoleto como para servir en batalla, tras la guerra civil el buque volvió a ser utilizado para entrenamiento de cadetes, y lo que se pudo aprovechar de sus viejos cañones se reutilizó como defensa terrestre durante la Segunda Guerra Mundial. El barco fue dañado repetidamente durante los bombardeos alemanes hasta hundirse por completo en 1941.

El Aurora como icono revolucionario

En 1948, el barco fue reparado por segunda y última vez y se ancló permanente en su emplazamiento actual en Leningrado, convirtiéndose en un monumento al socialismo. En 1957 se habilitó el museo que sigue abierto hoy en día. Además de las secciones de la exposición consagradas a las cinco etapas de la centenaria vida del Aurora (buque de guerra, barco diplomático, arma revolucionaria, defensa en la Gran Guerra y museo), también permite aprender sobre las funciones de la marina rusa y cómo es la vida dentro de un barco. Por la módica suma de 400 rublos, el Aurora permite realizar un crucero por la fascinante historia de  la Rusia del siglo XX.

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