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Literatura

Un Día De Lluvia

Un Día De Lluvia - Literatura

Era un día de lluvia como otro cualquiera. El clima no tenía mejores previsiones para lo largo de la semana, y tan sólo era martes.

Elena, una chica que adoraba salir a pasear, levantó su vista del libro que tanto le había absorbido, para mirar ahora hacia la ventana pues el sonido de las gotas de lluvia golpeando los cristales había llamado su total atención.

Bufó; los días de lluvia no eran sus favoritos. Pasear bajo la luz del sol y hacer kilómetros caminando era su mayor hobbie, tanto así que por un tiempo se ofreció a pasear los perros de sus vecinos por el parque que había cerca de su casa. Pero no, hoy no era el día de salir.

Apenada, bajó su vista hacia una flor que había en el borde de la acera. Le parecía algo gracioso que hubiese una única flor allí en medio. Esta flor era color amarilla. No sabía decir qué tipo de flor era pues desconocía el nombre de todas las flores excepto las rosas, las margaritas y los claveles — no era una gran fanática de las plantas. Pensó entonces en la flor, y en que al ver cómo las gotas caían encima de ella y el viento la abofeteaba, seguía ahí erguida. Podría sacar una buena filosofía de aquello, pensó. «La flor que se mantenía bajo la tempestad» sonaba bien, aunque más a un título de novela que a una filosofía. Entonces, vio de repente a una chica allí. No podía ser cierto, era una muchacha allí afuera, sin paragüas para protegerse de la lluvia. La estaba mirando. Lucía bastante triste.

Elena pensó que deberia salir a ayudarla pues estaban a dos grados de mínima de temperatura, y por si fuera poco además estaba cayendo un gran chaparrón. Pero Elena no podia moverse de su silla; se había quedado paralizada mirando directamente a los ojos color café de aquella chica. ¿Qué le estaba pasando? ¿Por qué no podía moverse? La chica a través del cristal seguía manteniendo contacto visual con ella. Aunque debería sentir pavor por la situación en la que se encontraba, Elena sentía más pena por la chica que se estaba mojando allí fuera. Quería ayudarla, tenía muchas ganas de darle su mano y decirle que no estaba sola, que no sintiera miedo.

A Elena le invadió de repente un sentimiento de tristeza, y unas lágrimas comenzaron a salir de sus ojos oscuros. Qué era lo que le estaba ocurriendo, se preguntaba. La tormenta dentro de su corazón era aún mayor que la que había a través de la ventana. ¿Por qué lloraba Elena? La chica a través del cristal imitó su acción con unas lágrimas que eran difícil de diferenciar entre las gotas de lluvia.

Elena había descubierto que la chica a través del cristal era ella misma en el reflejo, y sentía una gran pena en el pecho al pensar que quería ayudar a la chica a través de la ventana, pero nunca había pensado en ayudarse a sí misma.

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