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Un Equipo Invencible

Un Equipo Invencible - Deporte

Aquel equipo era una maquina bien engrasada, una roca, un plantel de garantías, que los valencianistas recordaremos siempre. La historia del Valencia contemporáneo es inexplicable sin la figura de Rafa Benítez, que cambio el rumbo de todo, en un periodo mágico de tres años, donde hizo auténticos milagros.

Todo empezó en 2001, cuando toda una leyenda como el paternero Javier Subirats, por entonces, secretario técnico del Valencia, busco relevo de Héctor Cúper y decidió apostar por un técnico prácticamente desconocido, que procedía del Tenerife, al que acababa de ascender a Primera, pero en él vio juventud, ambición y mucha formación.

El Consejo de administración del club le hizo firmar al bueno de Subirats un documento en el que se le declaraba máximo responsable de su fichaje, la directiva del nuevo y carismático presidente, Jaume Ortí, tenía muchas dudas y Marcelo Safont, gran accionista ché y opositor al presidente dijo a título personal que “el único Benítez que conocía era el torero”… “Seremos el hazmerreír de España”…

Trabajo, análisis y planteamiento son las tres palabras claves de este emblemático entrenador que pasó por Mestalla para resolver los partidos, y serio, metódico y observador, las cualidades que lo definen como instructor. No descuida ni un detalle y fue muy exigente con los futbolistas, analizando los puntos fuertes y débiles de cada equipo.

Sólo pidió expresamente que el Valencia recuperara a Curro Torres (cedido al Tenerife ese año) y no se deshiciera de Mista. Pero, no fue nada fácil el empezar, sufrió un amago de motín del plantel por hacer varias prohibiciones, como el helado y la paella; o aquel matchball en la decimoséptima jornada en el Olimpico de Montjuic, o el sudoku de alinear al anárquico Aimar.

Tras aquella agónica victoria contra el Espanyol (2-3), el 15 de diciembre, el Valencia encadenó una racha de buenos resultados, especialmente en una segunda vuelta intachable que le permitieron alzarse, tres décadas después, con su quinto título de liga, por delante del Deportivo de la Coruña, a siete puntos, del Real Madrid, a nueve puntos y del Barcelona a once puntos.

Era el 5 de mayo de 2002, en la jornada 37, cuando en la Rosaleda y tras vencer por 0-2 al Málaga con goles de Ayala en el 34 y Fabio Aurelio en el 44 se proclama campeón, con la siguiente alineación: Cañizares, Curro Torres, Ayala, Pellegrino (Djukiç), Fabio Aurelio, Aimar (Carew), Vicente, Albelda, Baraja, Rufete y Angulo (Mista).

En los 38 partidos jugados, se ganaron veintiuno, doce se empataron y cinco se perdieron, con 51 goles a favor y tan solo 27 en contra, empleando a toda la plantilla, donde Curro Torres con 34 partidos fue el que más veces utilizó, tras él, Carboni, Rufete, Aimar, con 33 partidos; Cañizares y Albelda con 32 y Vicente con 31 partidos.

Pudo convencer con la razón y el conocimiento la estructuración de un gran equipo, donde Baraja actuaba de motor, Albelda de líder y una defensa muy experimentada con Carboni, Pellegrino, Ayala y Djukic. Exprimió el talento del Kily González y de una realidad, Vicente, y explotó Mista. Pero el gran secreto de este éxito fueron sus ya famosas rotaciones. Acertar sus alineaciones era labor propia de futurólogos.

En la temporada 2003-2004 el conjunto valencianista logró un doblete, con un nuevo título de Liga, con 77 puntos, por delante del Barcelona, con 72 y del Deportivo de La Coruña con 71 y la Copa de la UEFA, el 19 de mayo de 2004 en el Estadio Ullevi de Göteborg, ante el equipo francés del Olympique de Marsella, por 2-0, con goles de Vicente y Mista.

Junto a Ayestarán y Ochotorena formaron un grupo técnico inmejorable, creando muy buena armonía en el vestuario. Para nada fue un entrenador defensivo. Esa fama fue irreal, presionaba muy arriba para robar el balón, con las líneas muy juntas y con centrocampistas muy ofensivos, obteniendo un buen rendimiento de cada jugador, cada uno conocía su rol.

Hizo un Valencia moderno, buscado el equilibrio defensa-ataque, fue versátil y se adaptó a los jugadores que tenía en el equipo, mejorándolos, así como los doto de las herramientas necesarias para que no se encontraran situaciones sorpresa en los partidos.

Demostró que vive de verdad por y para el fútbol, trabajando las 24 horas de cada uno de los 365 días del año para mejorar en su trabajo. Fue uno de los primeros en utilizar el ordenador y ofrecía grabaciones a los jugadores para ver lo que hacían mal, para adaptar ideas a su estrategia o para sorprender al contrario. Fue un adelantado.

Supo como mantener a todos los jugadores metidos, transmitió su idea de juego, su mensaje llegó y dejo libertad de movimientos a los atacantes, eso sí, cuando no se tenía el balón todos los jugadores tenían que estar bien colocados, un estudioso del fútbol con una gran formación.

Cuando el director deportivo García Pitarch, en 2003 le fichó al uruguayo Fabián Cannobio, dejó una frase para el recuerdo: “Pedí un sofá y me trajeron una lámpara. Lo entendería en el caso de que me trajeran a Ronaldo o a Beckham, pero…”, cuando él había pedido la renovación del lateral Anthony Reveillere.

En febrero de 2004 se empató en el Bernabéu, después de que el árbitro murciano Tristante Oliva pitara un penalti de Marchena sobre Raúl, en el tiempo de prolongación. “Es difícil explicar el final del partido. En cien partidos nadie pita ese penalti. En el Bernabéu hay que hacer el doble para ganar la mitad”.

Un mayor control de los distintos estamentos de la entidad y, sobre todo, que se tuvieran en cuenta sus exigencias a la hora de reforzar el equipo fueron, sin duda, los motivos de la ruptura de relaciones. 

Con un semblante muy serio, leyó un comunicado en Paterna el 2 de junio de 2004, en la que valoró la intención del club de alcanzar un acuerdo y en la que apuntó al “desgaste anímico y personal tras los acontecimientos de la última temporada” y agradeció el apoyo recibido durante sus tres años de estancia en Valencia “a los jugadores, empleados del club, medios de comunicación y especialmente, a la afición”.

Hizo un equipo invencible, difícil de superar, fuerte, con capacidad de sacrificio… debió ser el manager de este club, durante muchos años, para marcar un gran época, pero fue ninguneado, por el entonces director general, Manuel Llorente, que mintió a la afición diciendo que tenía una oferta del Liverpool desde hacía tiempo y más grave aún, que se marchaba por motivos económicos.

Recuerdo a todos y en especial a los aficionados que no pudo leer el último párrafo, que decía: “Tengo dos hijas, una valenciana, y las dos son falleras, por lo que Valencia y el Valencia siempre estarán en mis pensamientos y en mi corazón, gracias a todos, mucha suerte y ‘amunt’ Valencia”.

Uno de los mejores entrenadores de la historia del Valencia se fue herido, con el valencianismo rendido a sus pies, por culpa de un personaje como Llorente, que fue desempeñando distintos cargos dentro del organigrama hasta tomar el sillón presidencial en 2009, y con él, la deuda del club alcanzó limites insospechados.

Su brillantísima trayectoria queda enmarcada en letras de oro y aunque la estadística sólo vale para el recuerdo, el Valencia ocupó en 2004, por primera vez en su historia, la primera posición en la clasificación mundial de clubes que elabora la Federación Internacional de Historia y Estadística del Fútbol (IFFHS), con 274 puntos, por delante del Boca Juniors y el Manchester United.

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Corso

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