Política

Un País En Riesgo De Desaparición

Un País En Riesgo De Desaparición - Política

La pequeña nación de Kiribati, uno de los países más vulnerables y frágiles del mundo, corre el riesgo de desaparecer a consecuencia del cambio climático.

La República de Kiribati (se pronuncia «Kiribas»), uno de los Estados más pequeños y remotos del mundo, es una nación insular situada entre Australia y Hawái, en el Pacífico Sur. Está conformada por 33 atolones de coral que conforman tres grupos de islas – Gilbert, Fénix y de la Línea – desperdigadas en medio de más de 3,5 millones de km2 en el Océano Pacífico, un área más grande que la India. La distancia entre sus islas occidentales y orientales es comparable a la distancia a través de Estados Unidos. Debido a su enorme dispersión por el Pacífico, Kiribati es el único país del mundo que se sitúa dentro de los 4 hemisferios en los que se divide la Tierra: occidental, oriental, norte y sur. Sin embargo, el país tiene poco menos de 120.000 habitantes y sólo 810 km2 de tierra, un área ligeramente más grande que la ciudad-estado de Singapur.

La cadena de islas principales, las Gilbert, se convirtieron en un protectorado británico en 1892 y en una colonia en 1916, juntamente con las islas Ellice (ahora la también pequeña nación insular de Tuvalu). El Reino Unido concedió el autogobierno a las Gilbert en 1977 y la independencia completa en 1979, con el nuevo nombre de Kiribati. El nuevo Estado mantuvo como parte de su territorio las islas Fénix y de la Línea, incorporadas a la colonia de las Gilbert en 1937 y 1972, respectivamente.

Al igual que otros pequeños países insulares del Pacífico, Kiribati está geográficamente lejos de los principales mercados, cuenta con muy pocos recursos naturales y una estrecha base económica. La producción y las exportaciones se limitan a la copra, el pescado y las algas marinas, y la economía es vulnerable a las fluctuaciones de la demanda y los precios mundiales de los productos básicos. Las licencias de pesca en su enorme territorio marino, la ayuda exterior y las remesas de los trabajadores en el extranjero son las principales fuentes de recursos del país, al igual que un fondo fiduciario soberano creado con los ingresos de las minas de fosfato en la isla de Banaba, completamente agotadas en 1979 después de más de 80 años de explotación por parte de los británicos.

Kiribati está considerado como el Estado más vulnerable del mundo, particularmente debido a su gran exposición a los riesgos derivados del cambio climático global. Con su punto más alto a sólo 2 metros sobre el nivel del mar en promedio, las preocupaciones ecológicas y la crisis climática han sido los temas dominantes en la vida política nacional, y con el tiempo se han transformado en una especie de crisis existencial, con consecuencias de vida y muerte para la población, dado que el país corre un riesgo real de ser sumergido por las aguas y desaparecer.

En un informe de 2013 del Banco Mundial, el futuro de Kiribati y de otros pequeños Estados insulares se expone con detalles apocalípticos. La invasión del océano provocaría la pérdida de terreno e infraestructuras costeras debido a la erosión, a las inundaciones y a la fuerza de las tormentas; los arrecifes coralinos degradados a causa del calentamiento del agua haría posible que olas más fuertes golpearan la costa incrementando la erosión, con repercusiones para los ecosistemas marinos, de los cuales depende la subsistencia de parte de la población. Las temperaturas más altas y los cambios en los regímenes de lluvias, con mayores sequías en algunas zonas y más precipitaciones e inundaciones en otras, incrementarían la prevalencia de enfermedades.

Vacío oceánico y sobrepoblación

En el caso específico de Kiribati, el problema se ve agravado con la distribución altamente desigual de la pequeña población del país por el territorio. La densidad demográfica de cerca de 135 hab./km2 es altamente engañosa. De hecho, sólo 21 de las 33 islas están habitadas. La gran mayoría de los kiribatianos (alrededor del 90%) vive en los 16 atolones del archipiélago de las Gilbert. Aquí más de 100.000 personas se apiñan en aproximadamente 280 km2 de tierras bajísimas. La población de la capital Tarawa Sur –en el atolón principal de Tarawa– concentra alrededor de 60.000 hab. –más de la mitad de la población total del país–, que viven hacinados en un estrecha franja de arena y coral de poco más de 10 km2, por lo que es uno de los lugares más densamente poblados del planeta, con una densidad de población similar a la de Tokio.

Esta situación conlleva grandes problemas sanitarios. Los habitantes de Tarawa Sur dependen de acuíferos subterráneos, una serie de canales naturales horizontales que se llenan con agua de lluvia. Las marejadas cada vez más frecuentes e intensas a raíz del cambio climático amenazan con llenar el sistema de agua marina no potable, causando la salinización de los depósitos. Pero si por una parte el mantenimiento del régimen de lluvias permite que el sistema se pueda recomponer con relativa regularidad, la presión demográfica produce una fuerte contaminación derivada de la saturación de los espacios habitables, la degradación ambiental y las prácticas sanitarias inadecuadas, lo cual afecta enormemente las reservas de agua dulce. La falta de espacio vital en Tarawa Sur es tal que mucha gente vive encima de las paredes de los canales subterráneos, contaminando los acuíferos.

La sobrepoblación de Tarawa Sur pone de manifiesto dos dimensiones dramáticas del subdesarrollo en Kiribati: por un lado, el alto crecimiento vegetativo, como consecuencia de las altas tasas de natalidad en una población profundamente cristiana y por tanto reacia al uso de métodos anticonceptivos; y, por otro, la ausencia de infraestructuras y servicios públicos fuera de la capital, lo que hace que para la gente que lleva un estilo de vida cercano a la mera subsistencia en las islas exteriores del país, un entorno saturado y contaminado no parezca un precio demasiado alto que pagar por vivir en Tarawa Sur, con sus tiendas, centros médicos, establecimientos educativos y acceso a alimentos importados.

Aunque Kiribati es conocida por ser una de las naciones más vulnerables al cambio climático, sus efectos aún pueden parecer distantes frente al impacto inmediato de su distribución demográfica altamente desigual. A pesar de ser una de las naciones con mayor riesgo de desaparecer dentro de algunas décadas, el explosivo crecimiento demográfico podría hacer inviable la vida en Kiribati mucho antes de que el mar se trague su pequeño territorio.

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Acerca del autor

HELBERT LOPEZ SANGUINO

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