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Un Sindicato De Trabajadoras Sexuales Sería Contraproducente

Un Sindicato De Trabajadoras Sexuales Sería Contraproducente - Política

Desde lo que sucedió con Aprosex, la asociación que ofrecía esos famosos cursos para el “trabajo sexual” y la polémica que hubo no sólo por eso sino también porque el ayuntamiento de Barcelona les subvencionaba con dinero público, la llama del debate sobre la prostitución se volvió a reavivar.

 

Y, ya que estaba, no se quedó ahí sino que para colmo también se aprobó por error el sindicato OTRAS, lo que causó hasta la dimisión de la dimisión de la directora general de Trabajo de España.

 

Estos dos sucesos son conocidos por prácticamente cualquier persona que vive en España, y seguramente también para algunas de otros países.

 

Y el tema del artículo no es describir lo que ha pasado, sino dar mi opinión sobre el asunto desde el feminismo radical (que, para quien no lo sepa o para el listillo de turno, el nombre viene de “raíz” y esto se debe a que, a diferencia del liberal, este no se contenta con cualquier cosa sino que busca cortar toda opresión y que, como no puede ser de otra manera ya que si no tendría muchísimas contradicciones, debe ser anticapitalista e interseccionalista (en otro artículo explicaré mejor lo que es la interseccionalidad, pero básicamente es la relación de todas las opresiones, como por ejemplo el machismo, el racismo y el clasismo).

 

Para empezar, hay que tener en cuenta mi postura abolicionista (lo que significa, como dice el nombre, que quiero abolir la prostitución. Y no criminalizando a la prostituta sino al cliente y al proxeneta).

 

Podría dar un montón de argumentos como las razones por las que la gente se prostituye, que casi en el 100% de los casos es o escasez económica o trata, lo que cuesta salir de esas situaciones, el número de violaciones y abusos que hay en ese mundo, el riesgo y muchísimas cosas más… pero sé de sobras que a alguien que esté a favor de “regularla” algo así no le va a hacer cambiar de opinión ni un poco.

 

Y es que aún hay muchísima gente que cree que el sexo (masculino, porque el otro más bien les da igual) es una necesidad básica, que una mujer debe ser libre de vender su cuerpo (sin darse cuenta que, para una que lo hace porque quiere hay cientos que lo hacen por necesidad económica, que esta una invisibiliza a todas las otras y unas cuantas cosas más)…

 

En definitiva, quien defiende el “derecho” de una mujer a ser explotada está defendiendo el del hombre a explotarla.

 

Otro argumento recurrente es que también existe la prostitución masculina, siendo esta de un porcentaje tan pequeño que, por ejemplo, en Nueva Zelanda, país donde está más normalizada, donde hay prostíbulos al lado de colegios y se pueden anunciar “servicios” de ese tipo hasta en festivales de agricultura, ni se menciona. Y hablando de este país y de lo mal que funciona, podría argumentar también muchísimas cosas más como que los famosos “testimonios” de lo buena que es la prostitución y que se toman como argumento para defenderla ni siquiera los han escrito prostitutas sino señores (proxenetas, para ser exactos). Y con el sindicato pasa lo mismo. Ni siquiera es autogestionado.

 

De hecho, uno de los máximos aspirantes a presidente de Aprosex es… ¡un señor!

(y la otra, Conxa Borrell, @paulavip en Twitter, tampoco es que sea mucho mejor…)

Pero no es sólo eso. Como es obvio, no todas las prostitutas podrían participar en este. Dependen totalmente de quien hay encima suyo, que son casi siempre también hombres. Precisamente, los hombres que no les dejan ni salir de allí y que las obligan a hacer cosas que no quieren.

 

Y aún así, la sola existencia de algo así ayudaría a normalizar algo tan patriarcal y retrógrado como es la prostitución por la sencilla razón de que algunos hombres que no quieren explotar a mujeres se verían ya exentos de culpabilidad, y que podría incluso llegar a considerarse como otro trabajo más (como pasa en algunos países).

 

Dicho de otro modo, una mujer que se quedase sin trabajo no podría pedir un subsidio porque tendría la prostitución como alternativa, y un hombre no se vería en tal situación porque el negocio con él funcionaría de forma totalmente distinta. Todo esto a parte de que un trabajo como tal utiliza fuerza de trabajo, no un cuerpo (como es el caso de la prostitución y el porno, aún muchísimo más defendido).

 

La única manera de mejorar la situación de las trabajadoras sexuales es hacer que puedan dejar de serlo. Que tengan alternativas. Que puedan tener una vida digna.

 

Fomentar el consumo de algo así, aunque sea de una manera que supuestamente podría servir para hacerlo más “ético”, lo único que haría sería empeorar las cosas para la gran mayoría de personas que necesitan dedicarse a ello para ganarse la vida, ya que les pondría la salida aún más difícil.

 

Por último, me gustaría pedir a quien lea esto que, piense como yo o no, investigue más sobre el tema. En Internet hay cantidades ingentes de información. Y cuanto más se sepa sobre el tema, mejor.

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Acerca del autor

Ivan Durà Farré

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