Literatura

Una chispita en el camino



Una chispita en el camino - Literatura

La estrella Chispita se alejó de su madre como de costumbre, para acercarse a las húmedas nubes que rociaban aquel mundito hermoso, verde y azulado. De repente, mientras hablaba con las atareadas nubes, observó como un objeto de forma extraña, poco natural, sobrevolaba las nubes.

 

-Hola, mucho gusto. Soy Chispita- saludó la estrella sin recibir respuesta alguna. – ¿Por qué vas tan rápido y agobiado? ¿Cómo te llamas?

-Avión, pero prefiero que me llamen Avioncito -le contestó aquella forma extraña.

 

Chispita se preguntaba si su nuevo amigo, Avioncito, pertenecía al cielo, o al mundito verde y azul. Pues, Chispita no había visto cosa igual, o al menos, no tan de cerca. Además, le inquietaba que Avioncito volara con tanta prisa. ¿Dónde iría? ¿Quién lo esperaba?

 

-Quédate un rato, Avioncito.

Ante la petición de Chispita, Avioncito se sintió muy triste. Sus ojos se humedecieron como las nubes grises.

-Sólo podemos volar de un lugar a otro y por poco tiempo, no puedo pasear ni quedarme contigo Chispita.

 

Chispita entristeció por primera vez desde su primer brillo como estrella, mientras veía a su fugaz amigo alejarse hacia al mundito verde y azul.  En ese momento, supo lo que era extrañar algo, aunque fuese ese amigo de forma extraña.

 

Avioncito, por su parte, sintió lo miserable que era su existencia, destinado a volar y volar, sin aventura y sin descanso. Deseó, sin ninguna duda, formar parte de esos amigos destartalados que se arrumbaban en el taller oxidado, que se encontraba en una esquina de su hogar.  Mientras descansaba, en la oscura noche, miró al cielo, tratando de descifrar quién era Chispita, su querida amiga, su fugaz amiga. De un momento a otro, vio como una de las estrellas brillaba intermitentemente. Se emocionó, e inconscientemente unos de sus farolitos emitió luz por un instante.  Luego, durmió con lágrimas de nostalgia, pensando en ese día ya extinguido.

 

Al día siguiente, Avioncito se levantó con energía para empezar su aburrida rutina y se dispuso a saltar al aire para adentrarse en los cielos. Mientras rodeaba la tierra, a mitad de camino, escuchó su nombre.

-Avioncito, Avioncito, espera.

 

Al girarse, vio a su amiga Chispita, brillando como nunca, feliz.

 

-Anoche, pensando y hablando con mis amigas las estrellas, tuve la estupenda idea de acompañarte cada día para que tus viajes no sean aburridos.

Chispita además le juró que le contaría todo sobre el fantástico mundo de las estrellas, el universo y su misteriosa infinitud.

 

Avioncito, emocionado y feliz como nunca, se arrepintió de haber pensado, la anterior noche, que su vida era miserable. Entendió que la amistad podía llenar de aventura los momentos su vida. Voló como nunca, haciendo piruetas en el aire, exaltado, dominado por el regocijo. Ese día, las nubes eran blancas y el sol brillaba con fuerza.

 

Al despedirse de Chispita, aquel día, Chispita le dijo que cuando ella volviera a parpadear su poderosa luz en la oscuridad de la noche, que por favor, le respondiera con la luz fugaz de su farolito.

 

Avioncito le respondió con una frase: “Te lo prometo”.

 

 

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Acerca del autor

Alex Rivera Brazoban

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